Rosario, domingo 27 de septiembre de 2026
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Rosario, domingo 27 de septiembre de 2026

Piden precios en vidrieras y cartas en sistema Braille

La ordenanza fue puesta en marcha hace dos años pero al no haber control municipal, no se cumple.

El jefe de la Oficina Municipal de Defensa al Consumidor, Néstor Trigueros, adjudicó el incumplimiento de las normas que obligan a exhibir precios en bares y restaurantes (en rigor, en todos los comercios) a dos razones: la inexistencia de controles y sanciones por parte de todos los niveles del Estado (ya que las normas son de distinto alcance), y la pasividad de los clientes, que no denuncian y en muchos casos terminan pagando de más.

Es más, Trigueros también recordó que una ordenanza –de su propia autoría mientras era concejal– que exige a locales gastronómicos contar con una carta en sistema Braille es otra de las que jamás se cumplió, pese a representar un servicio sin costo para los propietarios.

“La lista de precios en los restaurants, por resolución de la Secretaría de Comercio de la Nación, debe estar obligatoriamente en el ingreso del local, a la vista de los potenciales clientes. Mi proyecto sólo agregó que exista una carta impresa en sistema Braille para que aquellos con discapacidad visual no dependan de otra persona para elegir qué consumir en el local”, explicó el director.

El mismo se aplicaría a los locales de bares, restaurantes, rotiserías y confiterías en el marco de un trabajo de integración social importante.

El director argumentó que con este proyecto se busca preservar los derechos y aquellas acciones que posibiliten la integración plena de cada miembro que compone su sociedad y que “hay que facilitarles a las personas no videntes o con alguna disminución al respecto, a que sean autosuficientes al momento de ordenar en un bar, restaurante, y todo aquel comercio con oferta gastronómica, pudiendo interpretar por sí solos el menú por el sistema Braille. Esto les brindará mayor autonomía e independencia, y al mismo tiempo, oportunidad de acceder a un mejor servicio”. De igual forma, esta ordenanza corresponde poner a disposición también para aquellos que tienen graves limitaciones en su visión, cartas y menúes con su escritura en macrotipo, aptas de ser legibles para estas personas.

Además, al tener en cuenta que Rosario es una ciudad turística, se debería promover la falta de impedimentos para cualquier persona que venga, no sólo en el rubro gastronómico, sino también a nivel acceso de edificios públicos o demás espacios que presentan obstáculos para el libre circular de, en este caso, personas con discapacidad visual.

“En muchos lugares, inclusive en la ciudad de Mar del Plata se lo promueve, algunos locales tienen inclusive menciones de contar con este servicio, pero en Rosario no hay lugares que lo pongan en práctica, es más, el municipio no hace nada porque se cumpla esta ordenanza, mucho menos sanciona a quienes la omiten”, sostuvo.

Asimismo, aclaró: “Tener un par de cartas impresas en Braille no tiene un costo elevado que perturbe la economía del local, todo lo contrario, abriría, a su vez, la posibilidad a muchos no videntes de sentirse cómodos e integrados”.

Nobleza obliga, se consultó al responsable de la Cámara de Gastronomía de Rosario, Rodrigo Pastor, sobre el uso de este tipo de presentación del menú del local. “Nosotros los tenemos y hay muchos otros restaurants que tienen su carta en Braille, desde hace dos años, pero la Municipalidad nunca nos vino a exigir nada. Es más, tenemos un acuerdo con la institución Mucar, que aúna a discapacitados visuales que tiene la única imprenta Braille en la zona. Antes había que realizarlas en Buenos Aires”, comentó Pastor.

“La verdad que los que tenemos no tienen los precios actualizados, pero porque no hemos tenido demanda ni de clientes ni del municipio. Sí nos parece muy buena idea en cuanto al servicio que ofrecemos y no requiere de un pago elevado. La imprenta de Mucar nos cobra 30 pesos las dos cartas en Braille”, comentó.

A su vez, explicó que a diferencia de la carta oficial del bar irlandés que dirige en Paraguay y Catamarca, y al equivaler cuatro veces más el volumen de una carta común a una impresa en sistema Braille, “queda como un libro gordo que tiene una distribución distinta de la información. Por ejemplo, los productos y precios están en la primera página del libro, dado que al actualizarlos, sólo debemos rehacer una página y no todas las de la carta”, apuntó.

Sobre la exposición de los precios de la carta en el ingreso del local, Rodrigo Pastor señaló que hace tiempo, al surgir la ordenanza, se expuso un atril metálico con la propuesta gastronómica del lugar, “pero al mes se lo robaron”, lamentó.

“La situación vandálica es algo real que tenemos que tener en cuenta, inclusive un local cercano realizó una especie de ventana en una de sus paredes donde dejó expuesta la carta, cerrada por un acrílico, pero durante el fin de semana han roto ese acrílico, le han destrozado la iluminación que tenía, y hoy es un hueco en la pared del local”, dijo el titular de los gastronómicos.

Vidrieras “mudas”

Trigueros, en medio del debate, abrió el espectro de los rubros afectados con esta ordenanza y dejó en claro que no sólo afecta al gastronómico.

“Hicimos un relevamiento de las vidrieras de la ciudad y los comerciantes también tienen la obligación de poner los precios en vidriera. Acá los únicos que ponen el precio de lo que muestran y ofrecen son las estaciones de servicio y comercios como carnicerías, verdulerías o algún que otro mercadito que tiene los precios en el ingreso, para después no atrapar al potencial cliente dentro del local”, explicó.

“El no mostrar los precios ni en el ingreso del local ni en las vidrieras hace que el cliente no esté protegido sobre los aumentos desmedidos. Hemos realizado infinidad de denuncias, pero los que tienen que multar a estos comerciantes por no cumplir una ordenanza, hablo de ordenanza, no de un capricho del señor Trigueros, son los de la Dirección de Comercio provincial”, señaló.

En tanto, explicó que “si los consumidores tuvieran conciencia de buscar precios y hacer valer sus derechos como compradores, además de defender sus magros sueldos, la actitud de los vendedores sería otra”.

“Aquí no hay campañas de educación para el consumo y el artículo 42 de la Constitución Nacional brega por la educación al consumidor, a pesar de ello, no se hace nada y todos quedamos indefensos”, lamentó.