El mercado laboral argentino volvió a mostrar señales de deterioro en el cierre de 2025, incluso en un contexto en el que el gobierno celebra que la actividad económica exhibe un crecimiento estadístico, traccionado por algunos sectores puntuales. Los últimos datos publicados por el Indec confirman una tendencia que empieza a consolidarse: ese crecimiento no sólo no genera empleo, sino que convive con una destrucción sostenida de puestos de trabajo y un aumento de la informalidad, exponiendo un fenómeno inédito en los últimos años y un modelo con serias dificultades para generar trabajo.
La tasa de desocupación alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre del año pasado, el nivel más alto para ese período desde la salida de la pandemia. El dato no es menor si se tiene en cuenta que históricamente los últimos trimestres suelen mostrar mejores indicadores por cuestiones estacionales. Esta vez, en cambio, el desempleo avanzó, reflejando un mercado laboral cada vez más tensionado.
Detrás de ese número hay varios fenómenos simultáneos. Por un lado, cayó la tasa de empleo, lo que indica una menor proporción de personas ocupadas sobre el total de la población activa. Por otro, creció la informalidad y apenas se registró un leve aumento del cuentapropismo, que históricamente funcionó como un “refugio” en contextos de crisis. Sin embargo, ese canal empieza a mostrar signos de agotamiento: en la comparación interanual, el empleo por cuenta propia apenas creció 0,2 puntos porcentuales.
Estos datos expuestos por el economista Federico Pastrana, resultan clave para entender la dinámica actual. A diferencia de otros momentos de dificultad económica, donde la pérdida de empleo formal encontraba cierto “amortiguador” en el trabajo independiente o informal, en esta etapa la destrucción de puestos no está siendo absorbida por esos segmentos. El resultado es un traslado más directo hacia el desempleo abierto y la precarización laboral.
En paralelo, los indicadores del sistema previsional (SIPA) vienen mostrando una caída sostenida del empleo registrado durante al menos siete meses consecutivos. La tendencia se profundizó en el segundo semestre de 2025, con pérdidas laborales en prácticamente todos los sectores de la economía, incluso en aquellos que lideran la recuperación de la actividad.
Ese es otro de los rasgos distintivos del actual ciclo económico. Mientras el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE, también elaborado por el INDEC) mostró crecimiento en el promedio del último año, el empleo no acompañó esa dinámica. Por el contrario, se redujo.
Diversos análisis, como los difundidos por el centro de estudios del Banco Provincia, destacan que se trata de un quiebre relevante respecto de lo ocurrido en años anteriores: se observa un “desacople” entre la evolución de la actividad y la generación de empleo. Es decir, la economía puede crecer (al menos en términos agregados) sin que eso se traduzca en más puestos de trabajo.
Parte de la explicación radica en la naturaleza de esa recuperación. Se trata de un crecimiento heterogéneo, impulsado por pocos sectores con baja capacidad de generación de empleo o incluso con procesos de ajuste interno que derivan en despidos. Así, el repunte de la actividad en ciertos sectores convive con empresas que recortan personal o no reemplazan vacantes.
A nivel regional, la situación también muestra signos de deterioro. En el Gran Rosario, uno de los principales aglomerados urbanos del país, el desempleo registró un incremento (del 6% al 6,5%), reflejando el impacto local de esta dinámica nacional. La combinación de menor empleo, mayor informalidad y caída del poder adquisitivo golpea con fuerza en una región fuertemente vinculada a la industria y los servicios.
En este contexto, otros indicadores laborales refuerzan el diagnóstico. La subocupación (personas que trabajan menos horas de las que desean) y la ocupación demandante (quienes tienen empleo pero buscan activamente otro) que se mantienen en niveles elevados a nivel nacional, en el Gran Rosario sufrieron importantes crecimientos. Esto evidencia que incluso quienes conservan su trabajo enfrentan dificultades para cubrir sus necesidades básicas.
El panorama, en definitiva, muestra un mercado laboral en tensión creciente. El agotamiento del cuentapropismo como válvula de escape, la persistente caída del empleo registrado y el desacople entre actividad y empleo configuran un escenario inédito en los últimos años. En ese marco, el crecimiento económico pierde capacidad de traccionar mejoras sociales y deja al descubierto una de las principales fragilidades del actual modelo: su dificultad para generar trabajo.
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