Rosario, viernes 30 de octubre de 2026
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Rosario, viernes 30 de octubre de 2026

¿Qué hemos perdido y qué ganado en las últimas décadas?

Más conectados, más apurados, más sintéticos, los chicos y jóvenes adquieren nuevas competencias y desatienden antiguas.

Nos desplazamos a la par de los cambios tecnológicos, recordando tiempos perdidos, y obteniendo nuevas tecnologías. Transitamos entre pérdidas de costumbres arraigadas y nuevas ganancias de nuevos hábitos. Las últimas décadas no sólo nos han traído nuevas tecnologías, también emergieron nuevas costumbres, nuevos modos de estar con los otros. Es en la década del 80, y afianzándose en los 90, que el sistema de comunicación por telefonía móvil se populariza y la digitalización de la comunicación trae aparejado un cambio en el vínculo con los otros. Con el pasar de los años, cada vez más personas poseen un celular. En la actualidad, a dicho equipo se accede a edades cada vez más tempranas, y ya los niños de 10 años o menos tienen un aparato de teléfono móvil.

Paradójicamente, los adultos suelen mirar con asombro el comportamiento de los adolescentes con sus celulares o en internet, pero luego repiten esas banales actividades.

Se trata de nuevos modos de comunicación, en los que algo se pierde, como ser gran parte del vocabulario. Por ejemplo, en la comunicación por mensaje todo lo que se quiere expresar –que oralmente son oraciones– es en muy pocas palabras. Las más populares son las abreviaturas “tkm” (te quiero mucho), “xq” (por qué), “toy” (estoy), “tb” (también), aparecen como los nuevos códigos. Otros nuevos son apenas letras que representan varias palabras y pueden desorientar hasta a los más avezados, por ejemplo la “m” (puede significar me, más, muy). La letra “K” reemplaza a la “Q”, para así ahorrar tiempo, y entonces evitar escribir la “U” que acompaña, convirtiéndose en una nueva manera de desorientación para quien no comparte ese nuevo lenguaje.

Sin embargo, aquello que se gana en tiempo trae de la mano también un ahorro, de palabras, de ideas, de pensamientos que se acotan, y que por ende se pierden.

Lo más visible de las últimas décadas es el aceleramiento, la vorágine, el hacer mucho en poco tiempo. Otra nueva costumbre se da también en las nuevas formas de encuentros. Por ejemplo, el festejo del cumpleaños en la actualidad se propone en un tiempo limitado de tres horas. Se busca distraer y recrear a los chicos, coordinarles sus juegos y su tiempo, como si los niños no pudieran organizar su propio juego, con sus reglas y normas.

En estos encuentros sociales del presente existe un coordinador que organiza el juego, que les marca a los más pequeños el tiempo y las actividades. Cuándo comenzar a jugar, cuándo cortar la torta, cuándo sentarse a comer. Los cumpleaños se realizan totalmente estereotipados, de igual duración y metodología. Pero los chicos responden a esto, ya que al comenzar desde muy temprano a transitar por estos sitios, a sus seis, siete años, ya reniegan de dicho escenario, mostrando su queja en aquel coordinador que le dice qué debe hacer. Incluso, hay chicos que reclaman festejar su cumpleaños en su hogar, como se hacía antes.

Las últimas décadas también nos muestran otra manera de ocupar el espacio. Son pocos los ambientes que permiten el juego entre niños vecinos, el juego en la vereda, en la calle. Esa práctica se fue perdiendo por cuestiones como la “inseguridad” o la complejidad de la vida moderna. Como consecuencia, muchos chicos terminan permaneciendo todo el día en espacios cerrados.

Es cierto que, en estos últimos años, disminuyeron los juegos exploratorios, al desaparecer los terrenos baldíos, casas a medio construir y abandonadas, que permitían el explorar y también imaginar.

“Corro todo el día”, “no tengo tiempo”, “estoy estresado”, “vivo a mil”: son frases populares de estos tiempos. Todas muestran el aceleramiento en el que todos están envueltos. Las últimas décadas nos han provisto de confort, entretenimientos, objetos tecnológicos novedosos, y de la orientación del deseo por medio de ofertas de esas mismas cosas. Estos ofrecimientos publicitarios que sugieren cuándo y dónde comprar, qué día ir al cine, entre otras cuestiones, terminan ordenando nuestras vidas.

En este aceleramiento, muchas veces compulsivo, se pierde parte del deseo propio y singular.

Las famosas frases “minuto a minuto”, “en tiempo real”, “on line” o “disponible” reflejan el estado de alerta, la necesidad de no quedar por fuera de este mismo sistema.

Los tan conocidos Facebook, Twitter, grupos de Whatsapp, todos son modos de estar y no estar. Jorge Luis Borges en su texto “El Tiempo Circular”, de su libro Historia de la eternidad, recurre a un fragmento de Marco Aurelio, quien dice: “Aunque los años de tu vida fueran tres mil o diez veces tres mil, recuerda que ninguno pierde otra vida que la que vive ahora ni vive otra que la que pierde. El término más largo y el más breve son, pues, iguales. El presente es de todos”.