El miércoles 15 de julio, ya consagrada la victoria contra Inglaterra en la semifinal del Mundial de Fútbol, la selección argentina tuvo un gesto cuyas repercusiones aún se sienten: tomaron una bandera del público, la desplegaron, la agitaron y mostraron su mensaje ante el mundo: La Malvinas son argentinas.
Los efectos se vieron rápido en las redes y en discursos de políticos de acá y de allá. Google también sintió el efecto: se dispararon las búsquedas que incluyeron las palabras Malvinas y Falklands. Más aún, la frase entera que mostraba esa sábana blanca pintada con letra imprenta y negra: What does Las Malvinas son argentinas mean? Es decir: ¿Qué significa Las Malvinas son argentinas?
A nivel global, ambos nombres propios aumentaron su búsqueda de una semana a la otra al menos un 200 por ciento y si se compara con el mismo periodo pero un año anterior las búsquedas se dispararon en más de un 2000 por ciento. Pasó en mayor medida en Gran Bretaña pero también en Argentina.
En la previa y en el post partido, muchísimas —si no, la mayoría— agencias de noticias internacionales intentaron dar cuenta de la rivalidad entre Argentina e Inglaterra y hubo un verbo que se repitió: los informes decían que Argentina había “invadido” las islas en 1982 y que hubo una guerra que nuestro país perdió.
Hay un despiste o un descuido —o algo mucho más grave— en informar que el asunto tiene como punto de partida al año 1982. Aquí, y en la columna del programa de streaming A Puro Click (martes y jueves a las 10.30), un repaso de los hechos fundamentales que hacen justamente al vínculo o rivalidad entre Inglaterra y Argentina.
Cronología y primer avistamiento
La primera vez que se divisaron las islas que hoy llamamos Malvinas fue en 1520 durante la famosa expedición de Magallanes, la primera que dio la vuelta al mundo. Allí las vieron, las nombraron como Islas de San Antonio y pasaron a formar parte de la cartografía de la época.
Españoles, ingleses y franceses merodearon las islas durante mucho tiempo, entendiendo su relevancia estratégica ya que se trataba de un camino para ir del Atlántico al Pacífico; el canal de Panamá llegaría recién a principios del siglo XX. Las posibilidades de caza de focas y ballenas también hacían atractiva a las islas.
Hacia el siglo XVII en una de las tantas distribuciones de tierras que hacían entonces las coronas e imperios, se les cedieron las islas a España que hasta 1820 dispuso de más de 20 gobernantes dispuestos por la corona.
El antecedente a la Revolución de Mayo: las invasiones inglesas
Hacia 1806, las disputas entre reinos seguían a la orden del día y se estableció la siguiente división: Francia tendría control sobre el continente, Inglaterra sobre los mares. En pleno auge de la Revolución Industrial, Inglaterra necesitaba encontrar mercados para su producción textil.
Una embarcación bajo el mando del capitán de navío William Beresford supo de un tesoro que bajaría del Potosí hasta Buenos Aires y ahí fue con su tropa británica a interceptarlo.
En junio de 1806 desembarcaron en Quilmes y casi sin resistencia entraron a Buenos Aires y tomaron la ciudad. Durante 40 días se izó en lo que ahora es Argentina la bandera inglesa.
Empezó una resistencia fuertísima que por primera vez involucró a diversos sectores: desde la clase alta hasta comerciantes, artesanos, mujeres, incluso esclavos. Desde ya que la mayor parte de la oligarquía recibió con buenos ojos la invasión pero hubo excepciones: la más notable, Santiago de Liniers, quien lideró la reconquista.
En 1807 el imperio Británico volvió a arremeter contra la ciudad, pero para entonces ya estaban aceitadas las milicias populares integradas realmente por todo el pueblo. Pudieron defender mejor la ciudad y, nuevamente, echaron a patadas —o con grasa hirviendo— a los ingleses.
¿Por qué se ve allí el germen de la Revolución de Mayo? Porque el Cabildo eligió por primera vez, sin autorización de la Corona, a un virrey: en este caso, Liniers.

Usurpación y colonia
En mayo de 1810 empezó formalmente un camino que se coronaría con la Independencia de julio 1816. El derecho internacional de entonces delimitaba que aquellas tierras que habían conformado los virreinatos al declararse libres eran inmediatamente heredadas: el caso de las islas Malvinas, que pertenecían a España y, entonces, desde julio de 1816 eran tierras independientes junto al resto de las provincias del Río de la Plata. Por lo tanto, argentinas.
Entre 1820 y 1829 se consolida la presencia del gobierno argentino sobre las islas. Luis Vernet fue el primer gobernante político designado. Por entonces, las islas seguían siendo asediadas por embarcaciones piratas que pretendían cazar de forma ilegal. Tal confrontación se dio con barcos norteamericanos que llegaron incluso a atacar y destruir parte de lo que se había montado en Malvinas.
Muchos historiadores indican que fueron ellos los que advirtieron a Inglaterra del estado de vulnerabilidad en el que se encontraban las islas. En enero de 1833, tropas pertenecientes al imperio Británico atacaron el puerto, izaron su bandera, expulsaron a las autoridades argentinas e iniciaron un proceso que nunca se detuvo a pesar de los intentos.
Desde entonces Argentina reclama su soberanía sobre las islas Malvinas.