Desde siempre se ha hablado del fin de los tiempos, del Armagedón, y de lo que hará en esos días el que ha sido dado en llamar el Anticristo, Diablo o simplemente Bestia, como lo califica Juan en el libro del Apocalipsis. En ese último libro de la Biblia, el autor, luego de su visión, escribe sobre el signo de la bestia, esto es el número 666.
Muchas historias se han tejido en torno de este tema apasionante. La religión, especialmente el cristianismo, no siempre dio un panorama cierto en torno de este asunto. Y no lo dio porque durante mucho tiempo tuvo en cuenta el significado literal del Apocalipsis y ello sin contar el aspecto oscurantista religioso, ese método de atemorizar a la gente para mantenerla dentro de ciertos cánones.
Sin embargo, los estudiosos, los filólogos y exégetas han concluido en que todos los libros de la Biblia tienen un sentido figurado. En ese aspecto, podría decirse, por ejemplo, que la bestia es un sistema perverso, un poder oculto y maligno, un establishment invisible que sojuzga al hombre común e inocente. El fin de los tiempos, por otra parte, bien podría significar el término de un orden signado por la injusticia y el advenimiento de un mundo en el que impere la justicia y el principio del amor anunciado ya en el Antiguo Testamento (leer Isaías, por ejemplo).
No han sido pocos en los últimos años los que, por ejemplo, han vinculado a la Bestia con los negocios y las nuevas formas de esclavitud, sutiles pero proverbiales de estos días. Y lo han visto a partir de un pasaje del Apocalipsis que dice exactamente: “Y hacía que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les pusiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que ninguno pudiese comprar ni vender, sino el que tuviese la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Y su número es seiscientos sesenta y seis” (Apocalipsis 13:16-18).
En este marco, se ha hablado de la tecnología del microchip y de cómo se estudia la implantación subcutánea. Tal microchip contendría toda la información del individuo y hasta haría las veces de una tarjeta de crédito. Ya hay quienes afirman que el conocido código de barras contiene una ecuación sorprendente: 666. Puede parecer un delirio, un exceso de imaginación, pero lo cierto es que ayer el mundo conoció esta noticia a través de varios diarios: “Algunos supermercados de Alemania están experimentando con un sistema de pago que podría revolucionar el mundo y que permitiría que no utilice más ni efectivo ni tarjeta de crédito: el abono mediante la huella dactilar electrónica. El sistema es bastante simple. El cliente lo único que tiene que hacer es registrar en el comercio donde suele hacer las compras la huella digital de un dedo, su dirección y su número de cuenta bancaria. De esta forma, cada vez que quiera realizar una nueva adquisición sólo deberá tomar el producto, ir hasta la caja, apoyar su dedo y el importe total se le descontará de su cuenta. La tecnología necesaria para poder hacer los pagos mediante el sistema biométrico fue dada por la empresa Dermalog de Hamburgo, que la facilitó a la cadena de supermercados Rewe y a algunos de la cadena Edeka”. Para meditar ¿no?
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