El médico radiólogo Juan Bautista Reñé habla de los alcances del uso de tecnologías y las técnicas para el abordaje de diferentes tipos de tumores por parte de una especialidad que resultó determinante en la medicina del siglo XX.
La radiocirugía se desarrolló promediando el siglo XX en el Instituto Karolinska de Estocolmo, en Suecia, por Lars Leksell, neurocirujano junto a Björn Larsson, radiólogo.
En 1968 lograron desarrollar el bisturí de rayos gamma (Gamma-knife), un nuevo dispositivo en exclusiva para la radiocirugía, que consiste en fuentes radiactivas de cobalto-60 colocado en una especie de casco con los canales centrales para la irradiación, usando rayos gamma.
La radiocirugía requiere de profesionales altamente capacitados, personal de apoyo entrenado y un sinnúmero de especialistas que conforman el equipo interdisciplinario.
Se debe contar con instalaciones adecuadas y aparatos de última tecnología, los que reciben constantes controles por parte de las autoridades nacionales competentes en la materia.
La radiocirugía es uno de los procedimientos de la radioterapia, dentro de la que se destacan distintas técnicas: “La radioterapia ha ido progresando en los últimos años”, afirma Juan Bautista Reñé, al tiempo que detalla que la misma “ha evolucionado sobre todo en la planificación de los tratamientos para reducir los volúmenes de tejidos que estamos irradiando. Y lo que estamos haciendo ahora, que llamamos Radioterapia Guiada por Imágenes mediante tomografía computada vemos durante el tratamiento qué está pasando, lo que nos ayuda a dar precisión milimétrica, así reducimos las zonas que estamos tratando, y, eventualmente, podemos aumentar las dosis y obtener mejores resultados, además de proteger las partes sanas. Estas terapéuticas que hacemos para el cerebro se hacen también para el resto del organismo”.
El doctor Juan Bautista Reñé es médico radiólogo, egresado de la universidad pública. Antes de instalarse en Rosario, hace treinta años, viajó a los Estados Unidos donde, durante trece años, se capacitó en la especialidad. Allí fue testigo directo de la aparición de los avances científicos tecnológicos que revolucionarían la especialidad: “Cuando yo empecé la especialidad en los Estados Unidos”, recuerda Reñé, “teníamos dos ilusiones: una de ellas es lo que ahora estamos haciendo con la tomografía. Recuerdo que cuando apenas salió la tomografía, por los años 70; publicamos con otros profesionales un trabajo sobre la utilidad de la tomografía para planificar la radioterapia. Trabajábamos con los dos premios nóbeles que fueron los pioneros de la tomografía y con uno de los integrantes de ese equipo que era un ingeniero de nuestra universidad, lo que nos permitió contar con uno de los primeros equipos de tomografía del mundo. Desde aquella época la idea fue cómo acoplar la tomografía al aparato de rayos. Tuvieron que pasar 40 años y hoy lo estamos haciendo. Lo otro que imaginábamos era lo que hoy se llama radioterapia de intensidad modulada, que es planificar el tratamiento. O sea, qué tratar y con qué dosis hacerlo y que las computadoras nos informen cómo hacerlo. Por ese entonces las computadoras no eran lo suficientemente poderosas como para permitirnos esta ilusión. Recién hace diez años lo hemos logrado hacer. Fueron nuestras ilusiones de jóvenes.
—¿Se puede juzgar a estos tratamientos de novedosos?
—En realidad no se trata de nuevos tratamientos, sino que son nuevas técnicas. Tenemos que tener en cuenta que el Gamma Knife sigue siendo un equipo de alta precisión. Argentina tuvo el segundo equipo de Gamma Knife en el mundo. El primero estuvo en Suecia, país del invento, y el segundo en Buenos Aires. Lo que se ha variado con esta técnica es superar el anterior recurso del marco estereotáctico, un anillo con tornillos que se fijaba al cráneo; usando de referencia los puntos de ese anillo sabíamos dónde estaba dentro del cráneo lo que teníamos que tratar. Con el desarrollo de las técnicas, se vio que se podían hacer estas intervenciones sin necesidad de recurrir al marco estereostáctico, localizando la zona a tratar por medio de tomografías.
—¿Cuál es la ventaja?
—La ventaja de este nuevo equipo es que, al no necesitar el marco estereostáctico, nos permite fraccionar el tratamiento en varias sesiones, con lo que se logra mayor eficacia y menos efectos indeseados. Ya que, si bien, hay cosas que deben ser tratados en una aplicación, como ser el caso de las malformaciones arteriovenosas, como son los aneurismas, por ejemplo, para los que una aplicación es más efectiva que el tratamiento fraccionado. En cambio, existen tumores que es más efectivo tratarlos en varias sesiones, que, por otra parte, es el sentido de la radioterapia, con lo que logramos preservar los tejidos que rodean al tumor. El tumor no se recupera tan rápido como los tejidos normales. Ésta es una ventaja posible en este tipo de tratamientos, pero también nos permite tratar tumores más grandes porque podemos hacerlo en varias sesiones evitando el marco estereotáctico y conservando la precisión milimétrica.
—¿Qué tipo de tumores son los que se pueden tratar con esta metodología?
—Los gliomas, que son los tumores habituales del cerebro. En muchas ocasiones se pueden tratar de esta forma y en otras se recurre a la cirugía convencional. En muchas ocasiones, luego de la cirugía convencional, es conveniente someter al paciente a la radiación, para tratar lo residual que no pudo ser abordado en el acto quirúrgico. Además, se pueden tratar metástasis, ya que estaríamos frente a una forma rápida y simple de terminar con un problema. También se pueden tratar patologías benignas.
—¿Qué enseñanzas le han dejado estos más de 40 años con la especialidad?
—Mire, en radioterapia es mucho más importante la dedicación y el esfuerzo que los aparatos. Éstos nos brindan una gran ayuda y nos permiten hacer cosas que antes no se podían hacer. Pero en líneas generales la especialidad es una especialidad médica en donde el criterio es lo que prevalece.
—Toda una vida de trabajo…
—“…y algo más, ya que nosotros estamos comprometidos con los rayos desde hace tres generaciones. Mi padre, que era catalán, había nacido en Lérida, estudió en Barcelona, hizo el doctorado en Madrid y se vino a Argentina cuando contaba con veintitrés años. Mientras hacía la reválida de su título no podía ejercer en grandes ciudades, así que se instaló en Montes de Oca, mientras revalidaba su título, en Rosario; luego se trasladó a Las Rosas. Esto ocurrió entre los años 1935 y 1939.
Criterios para decidir sobre tumores
Según el neurocirujano rosarino José María Vincenti, que trabaja codo a codo con Reñé (Messi e Iniesta juntos, comparó un conocedor del tema), “los tumores de cerebro, cuando tienen determinado tamaño y un margen que permite su extirpación, es decir tumores que empujan a las estructuras del cerebro pero no las infiltran, son tributarios de un tratamiento quirúrgico convencional. Y cuando hay tumores que infiltran las estructuras cerebrales y ganan zonas elocuentes impidiendo la extracción física, se los puede tratar biológicamente con la quimioterapia y con la radiación. Y en esto el doctor Reñé es un experto”.
“Debemos tener en cuenta que nosotros no operamos una resonancia, sino a un paciente, y disponer de las ventajas que brinda esta tecnología nos posibilita controlar el tumor sin injuriar al paciente, nos permite hasta decidir si es necesario someterlo a la extirpación de un tumor benigno, por ejemplo, cuyo crecimiento no pone en peligro su vida. Entonces, no tiene sentido someter el paciente a situaciones heroicas”, explica Vincenti.
“Esto es lo que nos posibilita esta tecnología: podemos ir controlando el tumor para tomar la decisión que más beneficie la vida y su calidad. Sacamos hasta donde tenemos seguridad e irradiamos para detener el proceso. Es, en definitiva, una cuestión de criterio. Ahora podemos controlar situaciones muy fácilmente que antes nos resultaban muy difíciles de resolver”.
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