Rata Blanca sigue sonando fuerte y claro. Sobre todo fuerte. El público salió aturdido y mareado pero lleno de sonrisas y con los cuernitos apuntando al cielo. Los puestos callejeros de remeras trataron de atrapar alguna venta, las últimas chances antes de levantar las mantas
Rata Blanca en el Bioceres Arena
Por Guillermo Bigiolli/ Especial para El Ciudadano
Y el pueblo obtuvo magos, espadas y rosas en una potente noche de rock n´ roll, baladas y duro metal. Rata Blanca volvió a Rosario y demostró, una vez más, que es opción inclaudicable dentro de nuestro heavy popular. En la noche del sábado el público dijo presente y celebró su lealtad con la banda. En su mayoría eran rostros jóvenes. Siempre entendiendo que hoy día se le dice joven a individuos de 30 y pico. Esto es la demostración que el guitarrista Walter Giardino, líder material y espiritual de la banda, no solo renovó sus músicos en la base rítmica, también lo hizo con una gran parte de sus seguidores y seguidoras.
El show comenzó puntual con dos canciones que enlazan sus actuales composiciones con las del comienzo de su carrera; la poderosa “Hijos de la tempestad” y “Solo para amarte”, esta última un clásico de su primera placa: el disco homónimo con el castillo en la tapa. Editado en 1988, es merecedor de una estatua en el Bajo Flores porteño que lo conmemore y eternice. Sí, así como lo leen, una estatua para ese disco fundamental.
Walter Giardino y su Strato roja junto al inmenso Adrián Barilari ya son un combo inalterable para que la mística de Rata Blanca siga con vida. Es un show en sí mismo verlo a Giardino dando órdenes constantemente a sus asistentes que laburan como un reloj suizo y son retribuidos con gestos de consentimiento y sonrisas. El audio de esa guitarra es lo que confirma a Rata Blanca como una banda que está a la altura de las primeras líneas del heavy metal mundial. Capítulo aparte para Adrián Barilari, poseedor de una voz arábiga, (solo comparable con la del majestuoso Mario Pereyra), arengando a los saltos y dándole voz al público enloquecido. Recordemos que Walter Giardino y Adrián Barilari llevan con mucha dignidad sus 66 años de edad, no han perdido ni un ápice de la chispa vital. Ante todo: respeto.
Lo que siguió fue un repertorio prolijo y contundente. Lleno de canciones clásicas: “Volviendo a casa”, “El sueño de la gitana”, “El beso de la bruja”, “Talismán” además de nuevos hits como “Rock es Rock!” y Rock and roll Hotel”. Todas acompañadas con alegóricas visuales que daban una impronta moderna y juvenil a la puesta en escena. Y para el tramo final quedaron las canciones más amadas: “El guerrero del arco iris”, “Mujer amante”, una inesperada joya: “la misma mujer” y cerrando con las hímnicas “Aun estás en mis sueños” y “La leyenda del mago y el hada”.
Al finalizar la banda se paró frente a su público para despedirse, compartir en comunión la alegría y repartir púas. Mientras desde el sistema de sonido del Bioceres Arena, Frank Sinatra nos recordaba que That´s life, a veces se está arriba y otras veces abajo pero hay que ser porfiado y seguir peleándola.
Rata Blanca sigue sonando fuerte y claro. Sobre todo fuerte. El público salió aturdido y mareado pero lleno de sonrisas y con los cuernitos apuntando al cielo. Los puestos callejeros de remeras trataron de atrapar alguna venta, las últimas chances antes de levantar las mantas. Son tiempos jodidos y no sobra más que ganas de preguntar y en un acto de arrojo pelear precios en la arena del regateo. Así es, that´s life.
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