Una vez más, la represión se hizo presente en una manifestación pacífica. Más de 250 personas fueron atendidas por la Posta de Salud y Cuidados, y el CeProDH, tras la represión en el Congreso. Entre ellas, se encuentra una periodista de La Izquierda Diario.

Pese a las condiciones climáticas hostiles y al anuncio un día antes de que el Gobierno quitaría el pliego de «extranjerización de tierras» de su proyecto, una multitud llenó la Plaza de los Congresos para dejar bien en claro que «la patria no se vende«.
Sin embargo, al caer la tarde, el Congreso se transformó en un escenario de tensión creciente que terminó derivando en un operativo represivo de gran escala. Lo que inicialmente era una movilización masiva y ruidosa, con banderas, bombos y consignas, se convirtió con el correr de las horas en una zona marcada por corridas, gases y balas de goma.

El primer quiebre se produjo cuando los cordones de la Policía Federal, apostados detrás de las vallas, se compactaron y avanzaron sobre la multitud. Los manifestantes, que ocupaban la Plaza Congreso y las calles laterales, intentaron sostener la línea mientras caía una llovizna intermitente. Sin embargo, el avance policial fue acompañado por disparos de balas de goma y la primera tanda de gases lacrimógenos, que obligó a retroceder a quienes estaban en la primera fila. El humo comenzó a cubrir la plaza y a dispersar a los grupos más numerosos.

En cuestión de minutos, el operativo se extendió a distintos puntos críticos. Sobre Hipólito Yrigoyen y Entre Ríos, un carro hidrante irrumpió con fuerza, lanzando chorros de agua que empujaron a los manifestantes hacia las veredas. En Callao y Bartolomé Mitre, Gendarmería avanzó desde detrás de las vallas y disparó nuevas tandas de balas de goma y gases. Varios periodistas denunciaron haber sido apuntados directamente mientras intentaban registrar los incidentes, lo que generó preocupación entre los medios presentes.
Heridos y detenidos, el saldo de la represión
La lluvia, lejos de calmar la situación, se mezcló con el humo de los gases y el olor a pólvora. Personas corrían buscando refugio en comercios cercanos, muchos de los cuales bajaron sus persianas de manera abrupta. Las líneas de colectivos desviaron su recorrido y el tránsito quedó prácticamente paralizado en las calles que rodean el Congreso. En medio de las corridas, se multiplicaron los testimonios de heridos por balas de goma y de detenciones realizadas en forma intempestiva.

Organizaciones sociales denunciaron la presencia de infiltrados y señalaron que el operativo había sido desproporcionado desde el inicio. A pesar de la represión, varias columnas intentaron reorganizarse para sostener la protesta. Dirigentes políticos como Axel Kicillof y Myriam Bregman se acercaron a la zona para acompañar a los manifestantes y denunciar públicamente el accionar de las fuerzas federales.
Con el correr de las horas, la plaza quedó semivacía, no por una desconcentración voluntaria sino por la presión constante de los efectivos. El carro hidrante continuó avanzando en dirección a la avenida Entre Ríos, mientras los gases seguían dispersándose en ráfagas. La escena, repetida en distintos puntos, mostraba un operativo que no cedía pese a que la movilización ya había perdido densidad.

La jornada terminó con un clima de incertidumbre y preocupación. Aunque el Gobierno había retirado el capítulo más polémico del proyecto —el que habilitaba la venta de tierras a capitales extranjeros—, la protesta persistía por los otros artículos que flexibilizan la Ley de Manejo del Fuego, habilitan desalojos exprés y modifican el Código Civil. Para muchos manifestantes, la represión no hizo más que profundizar el rechazo y encender nuevas alarmas sobre el rumbo del debate legislativo.

Mientras los últimos grupos se retiraban entre charcos, restos de gases y persianas cerradas, quedaba la sensación de una tarde marcada por el avance de las fuerzas de seguridad y por una represión que dejó huellas visibles en el corazón político de la ciudad.
Más de 800 policías y 3 detenidos
Diez personas fueron detenidas esta tarde por los incidentes registrados durante las protestas contra la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada.
Fuentes policiales informaron que los efectivos de la Policía Federal concretó los arrestos de los implicados por los delitos de atentado y resistencia de autoridad.

Las fuerzas de seguridad desplegaron un amplio operativo con 820 oficiales por las manifestaciones de diversas organizaciones en contra del proyecto que se debate en el Senado.
Fuente, Tiempo Argentino