El 10% de la población con mayores recursos concentró el 33,5% del ingreso total, mientras que decil más pobre recibió el 1,8%. Casi 40% no percibió ingresos en el trimestre
La distribución del ingreso volvió a mostrar un deterioro durante el primer trimestre de 2026. Según el informe publicado por el Indec, el coeficiente de Gini -el indicador más utilizado para medir la desigualdad- pasó de 0,435 en igual período del año pasado a 0,442: el reparto de los ingresos retrocedió. Al mismo tiempo, el 10 por ciento de la población con mayores recursos concentró el 33,5 por ciento del ingreso total, mientras que el 10 por ciento más pobre recibió apenas el 1,8 por ciento. La diferencia es de 15 veces, entre un extremo y el otro.
El deterioro distributivo se produjo en un contexto de recuperación económica heterogénea. Si bien algunos indicadores de actividad comenzaron a mostrar mejoras durante los primeros meses del año, el mercado laboral continúa sin recuperar los niveles previos al ajuste iniciado a fines de 2023. El crecimiento del empleo registrado permanece estancado, mientras aumenta el peso de las ocupaciones informales y de menor calidad, que ofrecen salarios significativamente más bajos.
El dato confirma que, pese a la desaceleración de la inflación y a la recuperación de algunos indicadores de actividad económica, la mejora de los ingresos continúa siendo muy desigual. La brecha entre los sectores de mayores y menores recursos permanece en niveles elevados y muestra que el crecimiento no alcanza de la misma manera a toda la población.
El informe señala que el ingreso per cápita promedio fue de 728.008 pesos mensuales, mientras que la mediana se ubicó en 500.000 pesos. Esa diferencia refleja el efecto que tienen los ingresos más elevados sobre el promedio general. Mientras el ingreso medio del decil más rico alcanzó los 2.435.937 pesos, en el decil más pobre fue de apenas 130.550 pesos.
La distancia entre ambos extremos también puede observarse mediante la mediana de ingresos. El Indec calculó que el ingreso mediano del decil superior fue 15 veces mayor que el correspondiente al decil inferior. Esa relación permaneció estable respecto del primer trimestre de 2025, aunque aumentó frente al cuarto trimestre del año pasado, cuando había descendido a 13 veces por el impacto estacional del pago del aguinaldo.
Otro de los datos destacados en la medición es que apenas el 61,9 por ciento de la población percibió algún ingreso durante el trimestre analizado. Entre quienes sí registraron ingresos, el promedio alcanzó los 1.153.457 pesos mensuales. La distribución por estratos vuelve a poner en evidencia la concentración: el ingreso promedio del grupo de mayores recursos fue de 2.873.233 pesos, mientras que el del estrato de menores ingresos apenas llegó a 389.298 pesos.
Las diferencias también persisten entre varones y mujeres. El ingreso promedio masculino fue de 1.352.247 pesos, frente a 959.030 pesos para las mujeres. La brecha salarial alcanzó así el 29,1 por ciento, uno de los registros más elevados de los últimos años y superior al observado durante gran parte de 2025.
En el universo de los trabajadores ocupados, el ingreso promedio de la ocupación principal fue de 1.104.227 pesos. Sin embargo, la situación cambia según la inserción laboral. Los asalariados registraron un ingreso promedio de 1.136.558 pesos, mientras que los trabajadores independientes percibieron en promedio 1.020.435 pesos.
La formalidad continúa siendo uno de los principales factores que explican las diferencias salariales. Entre los asalariados con descuento jubilatorio, es decir, registrados, el ingreso promedio alcanzó los 1.375.143 pesos. En cambio, quienes trabajan sin aportes previsionales percibieron apenas 731.150 pesos en promedio, casi la mitad. La brecha refleja las diferencias salariales que todavía existen entre el empleo formal y el informal.
El informe también analiza cómo se componen los ingresos familiares. En promedio, el 77,7 por ciento de los recursos de los hogares provino de ingresos laborales y el 22,3 por ciento restante correspondió a jubilaciones, pensiones, subsidios y otras transferencias. Sin embargo, esa estructura cambia considerablemente entre los distintos niveles de ingreso.
En los hogares ubicados en el decil más bajo, el 61 por ciento de los ingresos provino de fuentes no laborales, lo que evidencia una fuerte dependencia de jubilaciones, asignaciones y asistencia estatal. En cambio, en el decil de mayores ingresos esas fuentes representaron apenas el 15,6 por ciento del total, ya que la mayor parte de los recursos proviene del mercado laboral.
La desigualdad también se observa en la distribución del ingreso entre los hogares. El 10 por ciento con mayores ingresos per cápita concentró el 26,4 por ciento del total, mientras que el decil más pobre reunió solo el 3,2 por ciento. A su vez, los hogares de menores recursos presentan una carga económica significativamente mayor: en ese segmento existen 272 personas no ocupadas por cada 100 ocupadas y 153 personas sin ingresos por cada 100 perceptores. En el decil más alto esas relaciones descienden a 48 y 22, respectivamente.
En conjunto, los resultados del Indec muestran que durante el primer trimestre de 2026 la recuperación nominal de los ingresos no alcanzó para mejorar la distribución. El aumento del coeficiente de Gini, la persistencia de una brecha de 15 veces entre los extremos de la pirámide y la concentración de un tercio de los ingresos en manos del decil más rico reflejan que la desigualdad continúa siendo uno de los principales rasgos de la economía argentina.
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