Para el fin de semana invernal y hasta tal vez con una lluvia persistente, la propuesta de sentarse frente a una pantalla para ver series o películas aparece como una oferta irresistible. Por eso, a partir de las recomendaciones y sugerencias que se hacen en el stream A Puro Click, de este medio, hay una propuesta de una serie de tres capítulos que aborda ese subgénero conocido como “true crime”, muy atendible por su tratamiento y desarrollo, y que hasta da para ver de una sola sentada.
Se trata de El testigo, una miniserie de origen británico cuyo creador es Rob Williams, que se basa en un libro (Letting Go en el original, algo así como Déjala ir) escrito por el hijo de una joven mujer asesinada de casi 50 puñaladas en un parque londinense a principios de los años 90. Cuando era apenas un niño de tres años, ese joven presenció el hecho y se convirtió en el único testigo.
La serie toma ese libro como punto de partida y pone el foco en cómo los sobrevivientes a esa tragedia, a la sazón padre e hijo, lograron sobrevivirla. También hace hincapié en cómo actuó la policía, Scotland Yard en este caso, presionada por la prensa sobre todo para que encuentre un culpable. La modelo Rachel Nickell, de 23 años, fue atacada a plena luz del día en un parque lleno de paseantes llamado Wimbledon Common.
El niño que vio todo y salvó su vida de milagro será objeto de cuidadosos interrogatorios –por parte de un par de curiosos detectives, al mismo tiempo que por una psicóloga–, pero, como es de imaginar dada su corta edad, casi nada podrá decir sobre los hechos. De ahí en más comienza todo un asedio mediático a padre e hijo de medios sensacionalistas que no los dejarán en paz hasta que, hartos de la situación, viajarán a España, cerca de Barcelona.
El relato en un tono marcadamente realista va y vuelve en el tiempo, desde el momento en que ocurrió todo hasta un presente, situado en 2003 en tierra española, donde ambos viven distintas tensiones relacionadas con la figura de la madre, al menos del modo que cada uno entiende ese suceso tan shockeante.
La investigación continuará su marcha y hasta se encontrará un culpable al que encarcelarán, aunque luego se descubra su inocencia. Mientras, el relato se ciñe a las secuelas emocionales de padre e hijo, hasta que en algún momento, los avances de la tecnología digital permitirán contar con otros recursos para detectar ADN’s en otros cuerpos, lo que dará lugar para reabrir la investigación y comenzar a tener indicios ciertos sobre el posible asesino.
Claro que quedarán en evidencia la negligencia policial, el rol persecutorio de los medios que no dudan en volverse agresivos con tal de lograr declaraciones y, fundamentalmente, los choques de padre e hijo, a los que se les pone muy difícil encontrar un lugar en el mundo –y en sus mentes– donde esa experiencia liminal pueda volverse un modo amable de recordar a aquella esposa y madre y rehacer sus vidas.
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