Si se sale de control la emoción negativa que se esconde en el interior de las personas las puede transformar en miserables.
El rencor es esa emoción negativa que se esconde en nuestro interior, la cual es capaz de transformarnos en miserables si no sabemos cómo controlarla. Ante una situación dolorosa en nuestras vidas nuestro ego puede quedar herido, esa herida es fomentada por el resentimiento, la cual se produce por volver a sentir una y otra vez el dolor sufrido en una primera instancia. Si esa herida en nuestro ego no es sanada con la energía del amor se transforma en rencor.
Muchas veces, las personas actúan por medio de esta emoción, sienten que fueron heridas, rechazadas, por lo que su próxima acción será una reacción ante ese dolor experimentado, no es una acción nacida de su verdadero Ser, sino que nace en lo más profundo de su ego. Por lo tanto, esta persona está incapacitada de conectarse con lo que procede de su corazón, sólo es capaz de escuchar la voz que proviene de su mente, la cual se encuentra dominada por su ego; como consecuencia de ello, tiene tendencia a actuar en defensa de ese ego herido, siente que fue atacada, y muchas veces se siente víctima de esa situación. En ocasiones, se trata de un error de percepción: el otro simplemente expresa una opinión diferente, la cual es percibida como un ataque.
Por causa del rencor que se acumula una y otra vez en nuestro interior, se ven privadas de ser felices, actuando a la defensiva desde su ego herido; desde el recuerdo que acude a esta mente una y otra vez, estas personas se ven privadas de experimentar alegría o cualquier emoción de energía positiva, puesto que se basa en buscar una reacción acorde con ese dolor sufrido, ocasionando a su vez dolor a otras personas.
Ante todo, es fundamental no victimizarse ante esa situación dolorosa ocurrida, en primer lugar; luego, es necesario, aceptar lo sucedido, aceptar ese hecho efectuado por el otro que causó mi dolor. Es necesario sanar el rencor, puesto que si nos negamos a ello estaremos actuando siempre desde la reacción negativa realizada por el otro.
Actuamos siendo víctimas permanentes de ese dolor sufrido. Asimismo, se hace necesario expresarle al otro cuál es nuestro sentimiento acerca de su proceder, expresar cómo nos sentimos y no dar por supuesto que la otra persona sabe cómo nos sentimos.
La comunicación es prioritaria para sanar la relación con el otro, expresar nuestro sentir y no callarlo nos permitirá comenzar el proceso de sanación de ese dolor. Si fingimos que todo está bien, que no fui herido por su accionar o por su juicio y, luego, reaccionamos explotando con rabia ante una pequeñez, es porque no pudimos canalizar sanamente ese dolor en nuestro interior. Seguimos sintiéndonos víctimas ante lo ocurrido, por lo tanto, seguimos aferrados a ese recuerdo doloroso reviviéndolo constantemente.
El orgullo va en ocasiones de la mano del rencor, puesto que no permite sanar esa herida con la energía del amor, ya que nuestro verdadero Ser no puede ser escuchado si nuestra mente permanece conectada con nuestro ego y no a nuestro corazón, lugar donde reside nuestro verdadero Ser. El rencor, como consecuencia del orgullo, se arraiga en nuestro interior cada vez, impidiéndonos encontrar nuestro anhelado bienestar, tornando nuestras relaciones difíciles, ya que ante un nuevo diálogo con la persona que nos ocasionó dolor, esta situación es recordada por nuestra mente y es traída nuevamente al presente. Así, nuestras relaciones con familiares pueden tornarse tormentosas: ante el menor incidente, nuestro ego reacciona desde el pasado, trayendo a nuestra mente esa situación dolorosa ocurrida con anterioridad. No es posible entablar un diálogo sano si nuestra mente recurre al pasado una y otra vez para justificar nuestro actual comportamiento, nos impide dar vuelta la página y superar el dolor.
Si observamos nuestra vida, con los anteojos del pasado, rememorando el dolor causado por otros, nunca seremos capaces de vivir en armonía con nosotros mismos en primer lugar, ya que vivimos rememorando el dolor sufrido, colocándonos en el rol de víctimas permanentes.
Si queremos salir de este rol, es imprescindible perdonar lo ocurrido; cuando el perdón se hace presente es cuando podemos relacionarnos con el otro sanamente, no desde nuestro ego y nuestra mente sino desde nuestro corazón y nuestro verdadero Ser, aquel que no puede ser herido ni avasallado por el otro. Perdonar no significa estar de acuerdo con lo ocurrido, sino que implica que nos corremos del rol de víctimas para ser protagonistas principales de nuestras vidas. Para sanar el rencor, es necesario dejar de sentirnos víctimas, conectarnos con nuestro Verdadero Ser y nuestro corazón en lugar de nuestro ego y sanar lo ocurrido. El perdón ocurre en el interior de nuestro corazón cuando reconocemos que existe una emoción negativa en este caso se trata del rencor, que nos impide vivir en armonía con nosotros mismos, así como; dificulta la armonía con otras personas y poder fluir con el Universo.
Cuando el rencor y el orgullo están presentes en la vida de una persona suele afectar el correcto funcionamiento de algunas articulaciones; esta emoción negativa junto con la falta del perdón afecta la energía de sus propias rodillas, que se vuelven un espejo de la emoción que perjudica a la persona que la experimenta.
A través del Reiki, aprendemos que el dolor es inevitable: no podemos evitar que el otro actúe del modo que lo hace, sí podemos elegir no revivirlo una y otra vez. Cada día tenemos la opción de elegir qué emoción queremos experimentar; elige siempre el bienestar por encima del padecimiento que nos trae el rencor, rememorando lo ocurrido una y otra vez. Elige conectarte con tu Verdadero Ser para que la felicidad se instale en tu vida. Elige observar la vida desde tu presente: si miras por el espejo retrovisor, el dolor volverá a ti, impidiéndote ser feliz puesto que recuerdas sólo el dolor ocurrido.
Atrévete a dar vuelta la página en tu vida, permítete vivir en el presente, libre del dolor, libre de la infelicidad que ocasiona el rencor. Asegúrate de expresar tu opinión y permitir disentir con el otro sin agresiones verbales de ningún tipo. Puede que sientas enojo ante las expectativas que tenías de que el otro actuara de un modo diferente. Evita mantener una rigidez en tus pensamientos, aprende a observar la situación vivida desde diversas ópticas, recuerda que cada uno es libre de mantener su propia opinión y no siempre estaremos de acuerdo con el otro, sí podemos disentir con el otro desde el respeto mutuo. Aprende a no limitar tus pensamientos; de lo contrario, atraes más limitaciones en otros ámbitos de tu vida.
Conéctate con tu paz interior, permite que el equilibrio de tu mente y emociones sean posibles, tómate un tiempo para meditar puedes sentarte unos minutos en algún lugar manteniendo contacto con la naturaleza para poder, a través de tu respiración, encontrar ese equilibrio. Sé consciente de tu respiración; no lo hagas automáticamente: percibe cómo la entrada de aire en tu cuerpo renueva tu energía permitiendo que la calma retorne a ti. Apacigua tu mente, libérala de toda energía negativa que proceda del dolor, permite que la alegría y el buen humor hagan nido en tu interior, aprende a distinguir entre una diferencia de opinión con la tuya de una agresión verbal. Evita recrear pensamientos negativos en tu mente una y otra vez, libéralos, deja lugar a que surjan emociones positivas. Equilibra tu energía vital y evita las emociones negativas que desgastan la energía de tu cerebro y alteran tu paz interior.
Recuerda vivir en el presente:si rememoras el pasado continuamente te pierdes de percibir las bendiciones del presente; el espejo retrovisor (tu pasado) sólo debes tenerlo como referencia. De lo contrario, no podrás apreciar tus avances, tus logros cotidianos si te empeñas en recordar tu pasado. Para poder transitar tu camino de evolución personal constante debes vivir el Hoy, el Aquí y Ahora. Trata de ver el lado positivo de la vida, no magnifiques los hechos. Cierra las heridas de tu ego, conéctate con la energía del amor y da vuelta la página; aprende a conectar tu mente con tu corazón, con tu verdadero Ser y, por fin, suelta tu pasado.
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