El titular de la Sociedad Rural, Nicolás Pino, se mostró a favor de las modificaciones a la Ley de Tierras Rurales con argumentos débiles que expusieron su desconocimiento sobre la ley vigente, pero con un interés particular a favor de los terratenientes: “No le podés prohibir a nadie que pueda vender su tierra”.
Pino habló desde la Exposición de La Rural, en una entrevista con Esteban Trebuq, y señaló como primer argumento que “veámos de dónde venimos, la gran mayoría de los pobladores eran imigrantes”, replicando la mirada negacionista de la historia que señala que “los argentinos venimos de los barcos”, en días en los que el racismo en Argentina está en debate.
Si la referencia de Pino intentó comparar la amenaza de la compra de tierras por parte de capitales extranjeros con las oleadas migratorias que llegaron a radicarse a la Argentina a fines del siglo 19, la norma actual no prohíbe la compra de tierras para extranjeros radicados en el país o que tengan hijos argentinos y demuestren una residencia permanente o para los que estén casados con un ciudadano o ciudadana argentina.
“No es que se va a venir, comprar y se van a llevar un pedazo de tierra”, insistió Pino con una obviedad respecto de un bien inmueble, pero sin reparar en los recursos naturales que sí pueden ser explotados o extraídos de esas tierras sin que esas riquezas queden en el país.
A pesar de sus argumentos para respaldar la denominada “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada” –que el oficialismo intentará tratar por quinta vez en el recinto el próximo 6 de agosto–, Pino también marcó algunas dudas por la extensión del país y la diversidad de regiones y puso como ejemplo la Patagonia.
Sin embargo, su argumento volvió a ser confuso y alejado del objetivo de la modificación propuesta por el oficialismo para habilitar a toda persona física o jurídica extranjera a quedarse con tierras nacionales.
El titular de la Sociedad Rural habló de “fondos que vienen a invertir y compran un montón de hectáreas y después la donan y se hace un parque nacional o un lugar de avistaje”, un fin conservacionista que no está en el proyecto de ley.
La preocupación de Pino para aquel hipotético caso fue “pensar en el vecino” y explicó que si las tierras que se compran no son para la producción, pueden vivir animales y “especies que se comen a las ovejas”. “Al vaciar los campos, ojo con los vecinos”, insistió sin explicar que se refería a la problemática de los grandes terratenientes de ganado ovino con el puma. Nada de eso se debate en la modificación para habilitar la compra irrestricta de tierras rurales por parte de capitales extranjeros.
Por último y, casi sin querer, Pino balbuceó sobre tener “cuidado en las zonas de frontera”. Ese punto si es uno de los denunciados por la oposición y las voces campesinas, académicas, sindicales y sociales que se oponen a la modificación de la Ley de Tierras.
El proyecto escrito por el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, y negociado por la senadora Patricia Bullrich elimina el capítulo que dispone la prohibición de venta de “inmuebles ubicados en zonas de seguridad de frontera” y modifica el decreto 15.385/44, que ordenaba la compra de tierras de frontera solo ciudadanos nativos argentinos.