Sociedad

Therians: Búsqueda de identidad y uso instrumental por parte de la ultraderecha

Centrarse únicamente en la therianthropy como un debate sobre “nuevas tribus juveniles” o el papel de su viralización en redes —tal como lo hacen buena parte de los medios— contribuye a despolitizar la discusión e invisibiliza el uso estratégico que la ultraderecha está haciendo de este fenómeno

Andrés Kogan Valderrama (#)

A propósito de la irrupción en redes sociales de los llamados therians, me parece interesante reflexionar no solo sobre este fenómeno identitario —que surge en distintos países como respuesta a la pérdida de sentido ante la crisis climática y civilizatoria—, sino también sobre el uso instrumental que la ultraderecha está dando a este tema para ridiculizar y deslegitimar derechos

La therianthropy —la identificación profunda, subjetiva o espiritual de ciertas personas con animales no humanos (lobos, zorros, perros, gatos, entre otros)— no es un simple capricho excéntrico, una moda pasajera ni el resultado de una patología individual. Más bien constituye un síntoma de una crisis global de incertidumbre, amplificada por la hiperdigitalización, en un contexto donde las identidades tradicionales han perdido fuerza frente a un mundo cada vez más individualista, acelerado y saturado de estímulos.

Sin embargo, al mismo tiempo, la visibilidad de las personas therians se ha convertido en un blanco perfecto para la ultraderecha contemporánea. Este sector político lo instrumentaliza para ridiculizar las identidades de género no binarias, las personas trans y las luchas por los derechos de los animales no humanos y de la naturaleza, perpetuando una agenda reaccionaria sustentada en un biologicismo patriarcal, antropocéntrico y especista que solo busca naturalizar desigualdades y exclusiones.

Centrarse únicamente en la therianthropy como un debate sobre “nuevas tribus juveniles” o el papel de su viralización en redes —tal como lo hacen buena parte de los medios— contribuye a despolitizar la discusión e invisibiliza el uso estratégico que la ultraderecha está haciendo de este fenómeno. Para ellos, forma parte de su retórica fanática contra el llamado “globalismo”, el “marxismo cultural”, el “progresismo” y la “ideología de género”.

No es casualidad, por tanto, que figuras como Agustín Laje, Axel Kaiser o Emmanuel Danann ridiculicen a los therians comparándolos con las identidades de género no binarias o trans. Frases del tipo “si puedes autopercibirte como gato, ¿por qué no como lavadora?” se emplean sistemáticamente para deslegitimar las luchas LGTBIQ+, presentando toda exploración identitaria como absurda o “woke”. Esta falacia pretende erosionar los avances en derechos de género y diversidad sexual, caricaturizando la diversidad como una amenaza al supuesto “orden natural”.

En la misma línea, utilizan este discurso dentro de su “batalla cultural” para atacar leyes de identidad de género, advirtiendo que “pronto permitiremos casarnos con animales” si no se frena esta supuesta “locura”. De igual modo, vinculan a los therians con el activismo animalista y ecologista para desacreditarlo, presentando a quienes defienden derechos no humanos como “extremistas” o “antropófobos” que priorizan a los animales y los bosques sobre las personas.

De esta forma, al burlarse de quienes se identifican con animales, justifican políticas extractivistas (deforestación, ganadería intensiva, etc.) y descalifican de paso a movimientos feministas, ecologistas y animalistas, tildándolos de ridículos y extremos, cuando lo que buscan estos es precisamente un mundo más sostenible, empático e igualitario.

En un mundo donde la crisis climática y civilizatoria exige repensar urgentemente nuestra relación con lo no humano, esta ridiculización distrae del verdadero problema: el capitalismo depredador que explota tanto a humanos como a animales y ecosistemas. Así, los therians terminan siendo utilizados por la ultraderecha como herramienta para reforzar su discurso de odio y su agenda antiderechos.

En síntesis: la therianthropy no es un mero capricho juvenil, sino una respuesta identitaria a un mundo en profunda crisis. Es cierto que las redes la amplifican y la sobredimensionan, pero la ultraderecha la instrumentaliza para atacar identidades disidentes y derechos ya conquistados, así como para tapar reformas que solo nos hacen retroceder, como la aprobada en el senado en Argentina con Milei en el ámbito laboral, que precarizan aún más a las y los trabajadores.

(#) Sociólogo / Magíster en Comunicación y Cultura Contemporánea / Diplomado en Masculinidades y Cambio Social

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