Un libro infantil se propone como «posible puerta de escape del infierno» del abuso en la niñez

La Niña Deshilachada", la protagonista del cuento infantil de la psicóloga especializada y escritora Sonia Almada que se plantea como una "herramienta" y "una posible puerta de escape de ese infierno"

Por Alicia Alvado/ Télam

En las infancias y adolescencias víctimas de abuso sexual «el cuerpo grita pidiendo ayuda» incluso cuando están vedadas las palabras, como le pasa a «La Niña Deshilachada», la protagonista del cuento infantil de la psicóloga especializada y escritora Sonia Almada que se plantea como una «herramienta» y «una posible puerta de escape de ese infierno».

«Lo he visto en muchos niños abusados sexualmente, el cuerpo se empieza a desbaratar porque reciben el odio del pederasta y aunque ellos no logren contarlo con palabras, develarlo, el cuerpo grita pidiendo ayuda», contó en una entrevista con Télam la autora, quien además es titular de la Asociación Civil Aralma

En este libro de Bianca Ediciones con ilustraciones de Matilde Vidal, una niña asume la narración para contar cómo la está afectando el hecho de que un adulto de su entorno familiar la someta a abusos cuando la madre sale de casa, una situación de la que será rescatada con mucho amor y ayuda profesional.

«¡Ay, nooooo! Ahí entra otra vez. No me gusta jugar con él, pero no puedo contarle a mamá. Él me dijo que era un gran secreto entre nosotros y que, si lo contaba, algo muy malo iba a pasar», dice la protagonista en el nudo del cuento.

Con formato, lenguaje, extensión e ilustraciones claramente dirigidas al público infantil, el texto se inscribe en la línea de «Estela grita muy fuerte» (2008) de la escritora española Bel Olid y de «Noooooo. Una historia sobre abusos» (2016) de la estadounidense Kathryn Cole.

— ¿Por qué es importante hablar de abuso sexual en la infancia también en un libro visiblemente dirigido a niños y niñas?

— No solo es importante, es imprescindible porque una de cada cinco mujeres y uno de cada 13 varones, según Unicef fueron agredidos sexualmente durante la infancia o adolescencia.
Los niños, niñas y adolescentes padecen el abuso sexual en silencio y soledad, muchas veces porque no comprenden de qué se trata lo que les está pasando. El pederasta, además, los involucra en una trama confusa y sádica donde quedan rehenes de su ferocidad: ‘esto es un amor especial’, ‘esto es un juego entre vos y yo’.
También los obligan a callar con extorsiones, amenazas y quedan atrapados sin saber cómo salir de esa encerrona. Un libro dedicado al público infantil es una posible puerta de escape de ese infierno.

— ¿Sigue siendo un tabú el abuso sexual en la infancia?

— Yo encuentro la resistencia a conversar, saber, visibilizar acerca del abuso sexual entre los adultos, no en la infancia. Los niños y niñas hablan con franqueza de todos los temas si se sienten contenidos y a salvo.
Es en el mundo de los adultos donde no se quiere terminar de asumir el tremendo estrago que se vive en la infancia. Las estadísticas son apabullantes y las agresiones suceden en el círculo cercano a la víctima: su casa, la casa de un familiar, su escuela, el club, la iglesia. Es muy difícil todavía elaborar que en los círculos íntimos puedan ocurrir estos crímenes, entonces muchas veces se mira para otro lado o no se cree en la palabra de los niños y niñas.

—¿Por qué cuesta tanto hablar de estos temas con las infancias?

— Todavía se sostiene cierta concepción de la fragilidad de la infancia y en nombre de ello se atropellan muchos de sus derechos, como hablar o decidir por ellos. La infancia no es una etapa de fragilidad, que significa debilidad. Es la etapa más importante donde se aprende y se construyen los cimientos de aquello que no acompañará a lo largo de la vida. Por supuesto es un momento de vulnerabilidad a los malos tratos, la desidia, el desamor y la negligencia pero no de debilidad, todo lo contrario.
Creo que cuesta mucho además porque son patrones culturales muy arraigados donde los niños y niñas no han tenido un lugar en la mesa familiar para conversar o se los ha mandado a callar o se les ha ocultado información vital para su vida, por temor a lastimarlos en algunos casos y en otros para sacarlos de encima.
Yo creo que todos los temas se pueden conversar con los niños y niñas desde un marco de respeto y contención y a su debido tiempo. Los niños y niñas preguntan acerca de todo y es muy importante contestar esas preguntas con verdad y adecuando las respuestas a su momento evolutivo

—¿Por es el ‘deshilachamiento’, la metáfora elegida para explicar como afectan a las infancias los abusos?

—El abuso sexual en la infancia es una herida muy grave para el psiquismo de la que cuesta mucho recuperarse. Es un crimen continuo, porque las secuelas acompañan muchas veces por el resto de la vida.
Elegí la metáfora del deshilachamiento basándome en el caso de una niña que cada vez que llegaba al consultorio, yo notaba que se iba desarmando más y más. Lo he visto en muchos niños abusados sexualmente, el cuerpo se empieza a desbaratar porque reciben el odio del pederasta y aunque no logren contarlo con palabras y develarlo, el cuerpo grita pidiendo ayuda.

— Se pueden sanar los daños que produce un abuso sexual en la psiquis, en la emocionalidad de niños, niñas y adolescentes?

—Sí, se puede sanar con mucho tiempo y dedicación. La irrupción violenta de la sexualidad adulta sobre el cuerpo y mente infantil es la experiencia más traumatizante de todas las que se pueden vivir en la infancia porque aquel que debía cuidarte es quien sin miramientos, porque sabe el daño que te produce, te degrada; te ubica en un lugar de objeto para su satisfacción sexual y dominante.
Por eso se trata de un crimen de odio hacia los niños y niñas; todo lo contrario a lo que intentan imponer los movimientos pederastas como «Child love» o «Boy lovers». No hay nada de amor allí, todo lo contrario: es puro odio pederasta.

—Una de las búsquedas del libro es «desanimalizar» la figura del pederasta…

— Los libros sobre abuso sexual para niños hasta ahora han caracterizado al pederasta como un animal o un monstruo, quizá por ese lugar de fragilidad en que se piensa la infancia, se ha ubicado este velo de la metáfora. Caperucita Roja es un buen ejemplo de cómo se animaliza el mal.
Lo cierto es que los pederastas en su gran mayoría son varones y así lo cuentan los niños y niñas en sus casas, en la escuela, en los consultorios: mi tío me hizo esto, mi abuelo me hace aquello, mi papá me obliga, el cura me hace jugar.
Mi intención es correr este velo y hablar como hablan los niños y niñas, sin distracciones, al hueso. Los pederastas no son animales, son humanos. Especialmente lo que quiero advertir es que no estamos ante monstruos sino ante adultos que cometen monstruosidades.

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