
“El runrún está”. La declaración dice mucho, pero de nada. Es que ayer hubo rumores a la orden del día –amplificados a través de las redes sociales donde usuarios llegaron a hablar de robos inexistentes, ataques no consumados, cierres comerciales que no eran tales– e incluso de misteriosas acciones de uniformados (ver aparte) que, en rigor, parecían sembrar más zozobra que prevención. Así las cosas, los murmullos recorrieron las calles de Rosario, golpearon puertas, bajaron persianas, una advertencia de un peligro que nadie supo definir bien pero que se traducía en un temor creciente a potenciales saqueos “a la cordobesa” –como los que se produjeron esta semana en la capital mediterránea coincidiendo con la inexistencia de patrullaje policial– , sobre todo en el radio céntrico y en macrocentro. Pero al romper el cerco la realidad era bien distinta: en los barrios, en particular en los centros comerciales de zona sur, como Ayacucho y San Martín o en Empalme Graneros, al noroeste o en Nuevo Alberdi lo único que diferenciaba la jornada de cualquier otro sábado era la fiebre de compras para la próxima Navidad. Si había lío, afuera de internet nadie se daba por enterado.
El Ciudadano consultó a comerciantes y almaceneros, a organizaciones sociales y políticas con presencia barrial en todos los puntos cardinales de la ciudad, taxistas y colectiveros, y el resultado fue siempre el mismo: sobraron rumores, hechos, nada que lamentar. Dos importantes referentes barriales de la ciudad, uno opositor al kirchnerismo y otro de buena llegada al gobierno nacional, coincidieron en algo: los mensajes de texto y los llamados los volvieron locos. Pasaron la jornada de ayer de una zona a la otra porque les advertían de saqueos allá, tumultos acá, disturbios en otro lado.
“Pero no hay movimientos extraños. Hay negocios abiertos y móviles de Prefectura y Gendarmería en la calle. Corren rumores pero detrás de esto no está la gente”, relató uno de estos referentes. Más al sur, donde eran más los negocios cerrados que los abiertos, se denunciaron algunos disparos de bala de goma en barrio Grandoli, y una excesiva cantidad de móviles de Policía en Ayacucho y Battle y Ordóñez. Pero no pudieron comprobarse robos.
“Diciembre es una fecha incómoda en cuanto a seguridad. Hubo rumores, preocupación y tensa calma. Pero considero que si no pasó nada fue porque la sociedad en general no estaba dispuesta a tolerar actos delictivos”, observaron incluso desde una de las organizaciones empresarias con más afiliados en la ciudad, en la que cada socio es una persiana que se abre o cierra.
También almaceneros y taxistas arrimaron la misma imagen: con resguardo, todos abrieron las puertas o salieron a trabajar, aunque algunos autoservicios “chinos”,prefirieron cerrar sus puertas. Pero incluso en el sector que días antes de la Navidad de 2012 fue blanco repetido de robos masivos, el comportamiento fue dispar: otros tantos abrieron normalmente.
En ese marco, incluso en las organizaciones barriales y sindicales que libran conflictos sectoriales o levantan reclamos puntuales, por prudencia se decidió un impasse: en su lugar distintas entidades acordaron una declaración en común (ver aparte).
“No hay malestar generalizado. El gobierno provincial estuvo bien en recalcar que estos rumores e intenciones de saqueo no tienen trasfondo social sino delictivo”, remarcó un referente barrial y político de una importante organización peronista de Rosario.
Los consultados por este diario también pidieron más oído y diálogo con la gente, más cercanía del Estado a los barrios y más resolución de problemas para que éstos no se vuelvan excusa y motivo de saqueos.
