Las canciones de los éxitos de Cris Morena que marcaron a una generación cobraron un nuevo significado en una historia de resiliencia y música
Por Camila Reciuto / Especial para El Ciudadano
El pasado domingo 5 de julio, el escenario de Jaguar Haüs fue testigo de la función única de “Después del final feliz”, el musical rindió homenaje a los grandes éxitos de la factoría de Cris Morena en una puesta que combinó las melodías que marcaron a toda una generación con una trama sobre secretos familiares, ambición y sueños frustrados. La obra fue llevada adelante por un elenco de 15 artistas en escena que conmovió al público.
El espectáculo sigue los pasos de Brisa, una joven que trabaja bajo condiciones de explotación para los dueños de un bar mientras lucha por sostener a su hermana menor. Su destino da un vuelco cuando una banda musical, liderada por Nicolás, descubre su talento y la invita a sumarse a su proyecto.
El logro de Brisa despierta los celos de Valentina, la hija de sus jefes, desatando el conflicto central. En paralelo, la historia teje la subtrama de Elena, una mujer que intenta encontrar a la hija que dio en adopción veinte años atrás. Entre maltratos cotidianos y revelaciones, la protagonista deberá decidir si tiene el valor de arriesgarlo todo por su vocación.
“El dramaturgo, que es también el director de la obra, es fanático de Cris Morena desde muy chico, al igual que muchos de los que formamos parte del proyecto, decidió escribir este musical en el cual se utilizaran las canciones de los éxitos de Cris Morena para que los protagonistas atravesaran sus conflictos y transitaran lo que les pasara en la vida a través de esas canciones. De esta manera, las letras cobran un nuevo significado”, explica Rocío Rausch, productora del espectáculo.
La presentación logró una conexión inmediata con la audiencia: “Para la función esperábamos que la gente disfrutara y cantara con nosotros. Creo que lo logramos porque se veía en sus caras de emoción. Estamos muy felices porque sabemos que el público también está feliz con lo que pudimos mostrar en el escenario”, agrega Rausch, quien además sintetiza el espíritu del proyecto:
“El gran mensaje de esta obra es que nunca es tarde para soñar. Que hay que atreverse a seguir los sueños que uno tiene, ya sean chiquitos o enormes, hay que empezar por algo. A veces los sueños parecen inalcanzables y a veces no lo son tanto”.
La propuesta cobró vida gracias a las actuaciones de Violeta Campanini como “Brisa”, Marco Forissi como “Nicolás”, Martina Butto Zanotti como “Valentina” y Cecilia Becerro como “Elena”, con guion original y dirección actoral de Maximiliano Serrano, coreografías de Clariza Vargas, dirección vocal de Marcela Serrichio y producción de Rocío Rausch.
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