Rosario, miercoles 16 de septiembre de 2026
Search
Rosario, miercoles 16 de septiembre de 2026

“Yacyretá es una vergüenza”

Luego de que la presidenta Kirchner y su par de Paraguay reinauguraran la represa hidroeléctrica, desde el Taller Ecologista Rosario su titular, Elba Stancich, recordó su grave impacto social y ambiental.

Por: Santiago Baraldi

La presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su par paraguayo Fernando Lugo inauguraron la semana pasada en Posadas, Misiones, la hidroeléctrica binacional Yacyretá, que tardó casi 40 años para ser construida y aún enfrenta el reclamo de resarcimiento de miles de familias afectadas por la obra. La hidroeléctrica que costó unos 11.000 millones de dólares a lo largo de sus 37 años de construcción inundó unos 1.600 kilómetros cuadrados de territorio y afectó más de 15 mil familias, que ahora reclaman subsidios por haber sido reubicadas. Desde que el 3 de diciembre de 1973, la entonces vicepresidenta Isabel Perón y el dictador paraguayo Alfredo Stroessner firmaran el tratado binacional, pasó demasiada agua bajo de la megaobra, paradójicamente bautizada por Carlos Menem como “monumento a la corrupción”. Hay una historia de negociados jamás investigados y un impacto social y ambiental que no se refleja en los medios. La responsable del Taller Ecologista de Rosario, Elba Stancich, no duda en calificar a Yacyretá como “una vergüenza, está claro que no hay nada que festejar”.

—Se llevó la costa de 76 a 83 metros sobre el nivel del mar, ¿cuánta más energía produce la represa de esa manera?

—Con la elevación de los últimos siete metros del nivel del embalse de la represa de Yacyretá, se inundaron otras 56.600 hectáreas y se desplazaron unas 55.000 personas más. En total la represa dejó bajo agua 166.000 hectáreas y desplazó alrededor de 80.000 personas. Organizaciones ambientales de Paraguay y Argentina lamentamos el alto costo ambiental y social de la represa, y creemos que hay un rumbo equivocado en la generación de energía en los países de la región. Nosotros hicimos campaña con otras organizaciones ambientalistas argentinas y paraguayas para que no se eleve la cota de 76 a 83. Cuando en el año 94 se llena el embalse a cota 76 –cota es la altura sobre el nivel del lago, donde se mide la altura del nivel del mar entre las ciudades de Posadas y Encarnación– la cota a 76 era un requerimiento del Banco Mundial y del Banco Internacional de Desarrollo que antes de seguir elevando, se debían cumplir una serie de obras complementarias que tenían que ver con investigación en el medio ambiente y con la relocalización de la población. Lo que se inaugura ahora en realidad es la “culminación” de la cota. Nunca se cumplieron esos requisitos, porque el dinero se utilizaba para otras cosas, y los bancos que irresponsablemente dieron los dineros al principio, se pusieron más exigentes y no le dejaban subir la cota porque no estaban cumpliendo con aquellos requisitos.

—Pero habrá más energía en el país.

—No hay nada que festejar, al contrario: hay que pedir perdón. Y esta represa es una vergüenza por todo lo que significó, abusos de poder, corrupción, sometimiento a la población. Cuando se estaba discutiendo esta represa estábamos en dictadura, en Paraguay estaba Alfredo Stroessner y nunca hubo participación de la sociedad civil y de la gente afectada en opinar, en los planes de relocalización y en los problemas que denunciaba. La obra se la proyectó con la lógica que se tuvo a mediados de los 50, de las grandes obras hidroeléctricas, que es un patrón que se da en todo el mundo: esas megaobras de manifestación de poder de la ingeniería sobre la naturaleza, de poder nacional, de ese orgullo de decir: “Mirá de lo que somos capaces de hacer”.

—La represa tiene su historia.

—Yacyretá es una obra que se comienza a pensar a principios del siglo XX. En 1920 aparecen los primeros estudios en el que se podría aprovechar los saltos que hay en el Paraná, entre las islas de Apipé y Yacyretá, se hacen estudios hasta que el 3 diciembre de 1973 se firma el tratado de Yacyretá entre Paraguay y Argentina, lo hacen Stroessner e Isabel Perón que va como vicepresidenta y de ahí en más fue un nido de desastres, fue una entidad muy cerrada, muy autoritaria, muy represiva con los afectados. Diez años después, en el 83 comienza la obra hasta el 84. Paraguay sale de la dictadura en el 89 y recién en el 91 empieza a haber una tímida participación de la sociedad civil y los afectados en el proceso, que fue plagado de errores y corrupción.

— ¿Hubo algún estudio de impacto ambiental?

— Nunca se pensó como un problema. Recién en el año 92 aparece un intento de hacer un plan de manejo ambiental de la represa que la hacen solo dos personas. No es serio, muy pobre. Los Bancos una vez que prestan el dinero, vienen a controlar qué se está haciendo y admiten que nunca hubo un estudio serio ni del impacto ambiental, ni del impacto social de Yacyretá. Tenemos que reconocer que fueron los Bancos los que habilitaron que la sociedad civil, afectados y ONG participen en reuniones con el EBY (Ente Binacional Yacyretá), allí la gente comenzó a contar sus penurias.

¿Hay cifras de cuánta gente fue afectada por la obra?

— No hay censos de cuánta gente se relocalizó en la zona. Como pasaron tantos años en la terminación de la represa que ya son generaciones de afectados. Se estima en 80 mil personas afectadas, pero no es una cifra exacta. Hay otra cosa que es grave, que es lo institucional, lo que es el EBY, que es una institución de ingenieros y si hay realmente vocación de hacer un plan de relocalización, de un plan social, tienen que trabajar más gente idónea en otras disciplinas que la EBY nunca lo hizo, y que en los últimos años hubo un intento de mejorar esto a partir de la asunción de Fernando Lugo: se cambiaron directores y hay un reconocimiento tardío.

— ¿Cuál es el impacto ambiental de Yacyretá?

— El impacto ambiental es tremendo. Se inundaron 160 mil hectáreas, de las cuales el 80 por ciento está del lado paraguayo, la mayor cantidad de daño, de impacto, está del lado guaraní y no consume un kilovatio de Yacyretá, viene todo para Argentina, por eso decimos que no solo no hay que festejar, sino que hay que pedir perdón por esta obra por todo el daño que se hizo en todo este tiempo. Lo que sí hay es una modificación en toda la cuenca. Lo que afecta no es solo lo que se inunda, después impacta en toda la cuenca. Hay una modificación de la fauna ictíocola. El Paraná tiene peces que migran hacia arriba y hacia abajo y Yacyretá lo que hizo es que los peces fueran hacia arriba. Nosotros recorrimos el río y hablamos con pescadores aguas arriba y pescadores aguas abajo, con dos realidades diferentes. La obra afectó a los pescadores de arriba y es un drama social de la gente que se desplazó, porque era gente que vivía del recurso del río, los trasladaron a un lugar donde la ruta les pasa por el medio, también una línea de alta tensión. Entonces un funcionario del Banco Mundial decía ‘esta gente es la primera vez que tiene título de propiedad’ como si fuera una cosa buenísima y a esa gente les arruinaron la vida para siempre, pasó con todos los que relocalizaron. La gente que utilizaba la arcilla para fabricar ladrillos, los que trabajan el junco, el tipo que pintaba las canoas, los pescadores…había una economía informal importante alrededor del río. Gente que vivía en las islas que podía mandar a sus hijos a la Universidad, eso me lo contaban ellos mismos, diciéndome que ellos vivían muy austeramente, pero muy dignamente. Tenían sus animales, sus huertas, la miel, plantas medicinales y los mandaron a unos barrios mal construidos, lejos de su hábitat, aumentó su costo de vida, tuvo que salir a buscar trabajo que nunca hizo. La gente empeoró su calidad de vida y muchos volvieron donde vivían antes ante las quejas de la EBY y otros terminaron en las villas miserias de Asunción juntando basura. Algunos pescadores siguen pescando en el lago, que es peligrosísimo por dos razones: porque se generan olas altas y la otra es que nunca se removió la maza vegetal, otras de las irregularidades de la obra, donde se inundó como estaba, esto genera gases, porque esa maza vegetal se va pudriendo y emana gas metano provocando la mortandad de peces.

— ¿Cómo afecta a los pescadores de nuestra zona?

—Los pescadores de aguas abajo, que se los consideraba como que no habían sido afectados, también comenzaron a no tener acceso a la pesca. Como la represa larga más agua en las horas pico y menos en otras horas, se producen variaciones en el embalse y comenzaron a pescar mucho menos, nos dicen que de ser recolectores, nos tenemos que convertir en productores, haciendo piscicultura al lado del río Paraná…una locura.

— ¿Qué rol cumplieron los gobiernos de las localidades afectadas?

—Los gobiernos locales de las provincias participaron con los afectados, muy concientes de los daños que trajo la represa. El intendente de Carmen del Paraná o Ituzaingo, de todas las fuerzas vivas de las pequeñas comunidades, estuvieron en una posición mucho más cercana a la gente que la EBY, pero la participación llegó tarde porque la represa ya estaba hecha. Los barrios que hicieron para la gente con deficiencias constructivas; barrios en Paraguay sin un solo árbol, lugares con pendientes, entonces los arroyos de las ciudades suben cuando sube el nivel del embalse, también problemas de sanidad.

— La versión es que ahora con la cota a 83, hay un aumento en la cantidad de kilovatios…

—A cota 76 la potencia instalada es de 1700 kilovatios y con la cota 83 se eleva a 2700. En todo nuestro sistema interconectado, hay una aporte de más de energía, nosotros decíamos en un informe del 2004 que ese aporte adicional de energía se podía alcanzar en mucho menos tiempo y con mucho menos daños haciendo simplemente un buen programa de ahorro y eficiencia que este país nunca lo llevó adelante. Eso lo detallamos con números, para nosotros fueron más daños que beneficios. La reflexión que hay que hacer de estas megaobras es que el disfrute de ese consumo de energía se da en las grandes ciudades, donde hay despilfarro de energía, donde nosotros tenemos un confort gracias a la desgracia de la gente que vive en el lugar, donde se arruinó el ecosistema para siempre.