La versión restaurada y completa de Los Demonios (The Devils), dirigida por el cineasta inglés Ken Russell (1927-2011), se proyectó este jueves en el Festival Internacional de Cine de Cannes. Esta proyección especial incluyó escenas polémicas (así llegará ahora a los cines) que fueron censuradas durante décadas y es destacada por ser la versión íntegra del film de 1971 que fue calificado por entonces como “un insulto” por el Vaticano.
Sucede que a Ken Russell siempre le gustó la provocación y llevar las cosas al límite. El cineasta, convertido en figura de culto desde comienzos de los años 60, siempre levantaba la ira de los más pacatos por sus mezclas de sexo y muerte que incluía hasta en sus musicales. Pasó con sus trabajos para la serie televisiva Omnibus, y también con la recordada película Mujeres enamoradas, de 1969, que aunque le valió una nominación al Oscar como mejor director y el premio a la mejor actriz para Glenda Jackson, se atrevió a levantar el tabú sobre un tema inusual en el cine de aquellos años, por el desnudo frontal masculino.
Russell escribió el guion basándose en Los demonios de Loudun, una investigación del autor británico Aldous Huxley sobre el caso, y en la obra teatral The Devils, de John Whiting, derivada del libro de Huxley. La trama narra las consecuencias de la vida de placeres del sacerdote Urbain Grandier (Oliver Reed), deseado, envidiado y destruido por enemigos que él mismo produce. Al rechazar las atenciones de Jeanne des Anges (Vanessa Redgrave), la madre superiora de un convento local, y al entorpecer las intrigas del cardenal Richelieu (Christopher Logue) por consolidar su poder en Francia, el lujurioso sacerdote desencadena la oportuna posesión demoniaca del convento. Según Jeanne des Anges y las monjas manipuladas por los hombres de Richelieu, fue Grandier quien las hizo entrar en contacto con el diablo.
La historia real dio pie para que Ken Russell creara una mezcla febril y enfermiza donde realmente se hablaba de una guerra de religiones y cómo Richelieu y Luis XIII aprovecharon la situación para extender el catolicismo y acabar con la utopía protestante de Loudon, y a la vez con el díscolo Grandier. Pero lo hace convirtiendo su película en una mezcla de sexo, poder y religión que juega con la provocación de utilizar el imaginario religioso para las perversiones sexuales de aquella población.
En Los Demonios, la presencia arrolladora es la del Grandier que interpreta Oliver Reed, que tiene sexo con la mitad de la población del pueblo, y desata la sexualidad adormecida y reprimida a través de flagelación de esas 17 monjas, pero principalmente de la Jeanne, que acaba acusando de posesión al cura. Esto dio lugar en la mente de Russell, acrecentado por la increíble dirección artística del también recordado Derek Jarman, a un sinfín de escenas que hicieron tirarse de los pelos a la Iglesia y a los censores. Para saber: orgías de monjas, sueños eróticos donde se lamen las llagas de cristo, y hasta masturbaciones con huesos de contundentes formas fálicas.
Tal fue el escándalo que desató a comienzos de los años 70, que Russell tuvo que cortar la película para contentar a la Warner Bros y para que la Junta Británica de Censura Cinematográfica (BBFC) no le diera la calificación X, es decir pornográfica. Por eso la película pudo estrenarse en varios países, aunque nunca con su versión original y con sus pasajes más polémicos. En el Reino Unido, su estreno fue un escándalo. Grupos conservadores intentaron boicotearla y en varios cines se prohibió su proyección.
En Estados Unidos se censuró y se recortó aún más. La versión británica de 111 minutos pasó a ser de 108 minutos, eliminando también cualquier imagen que mostrara vello púbico. Russell dijo de aquella versión que era “incomprensible”, ya que la habían mutilado de forma aleatoria cortando cualquier escena polémica y destrozando la orgía central. Por supuesto, el Vaticano también entró en la contienda y calificó la película como un “insulto al cine”. Esto hizo que finalmente se prohibiera en varios países. En algunos, como Finlandia, Los Demonios no pudo verse hasta 2011, cuando el film cumplió 40 años.
Ninguna de esas versiones incluía las dos escenas más polémicas: la destrucción de una estatua de Jesucristo durante la orgía y la masturbación con un fémur calcinado en forma de pene. Se trata de dos escenas que se pudieron recuperar gracias al crítico Mark Kermode y al director Paul Joyce, que las incluyeron en la versión completa que se pudo ver por primera vez en Reino Unido en 2002, 30 años después del estreno de aquella versión recortada.
Se trata también de dos escenas que se vieron en todo su esplendor en el Festival de Cannes, que convirtió la proyección de la versión restaurada de Los Demonios en uno de sus platos más fuertes de una edición que acaba de comenzar.
Tras la puesta de gala en Cannes, Warner se resarcirá de aquel estreno mutilado y en malas condiciones. Lo hará a través de su nuevo sello de cine independiente, Clockwork, que ya anunció también su primera producción original, la nueva película de Sean Baker tras Anora, un homenaje a la comedia italiana de título Ti amo, una apuesta firme del estudio por el cine indie y por cerrar las heridas de una censura que ha durado demasiados años.
