Por Julia Elizalde y Martina Astún / Fotos: Luisina Ruiz Diaz
Un 3 de junio de 2015 sucedió en Argentina la primera movilización masiva para visibilizar las violencias por motivo de género bajo el lema Ni Una Menos.
Diferentes movimientos se habían organizado para llenar las calles en todo el país, y decir basta a los femicidios.
11 años después de aquel grito colectivo de Ni Una Menos, las calles volvieron a llenarse de mujeres de todas las edades, unidas para defender sus derechos y exigir una justicia con perspectiva de género.
La movilización en rosario convocó a marchar por el reciente femicidio de Agostina Vega en la provincia de Córdoba, cuyos restos fueron encontrados a una semana de su desaparición.
Los casos como el de Chiara Páez y Agostina Vega fueron los puntos de partida que impulsaron el movimiento feminista Ni Una Menos. Ambas eran dos adolescentes de 14 años, asesinadas en manos de un hombre mayor, violento, con antecedentes penales y allegado a su círculo íntimo.
Chiara fue hallada sin vida en la casa de su ex novio en Rufino, provincia de Santa Fe, y su caso fue la gota que rebalsó el vaso para organizar la primera marcha contra la violencia de género aquel 3 de junio de 2015. Hoy, el caso de Agostina Páez, hallada sin vida en un descampado al sur de la ciudad de Córdoba, vuelve a conmocionar al país.

En Rosario, la concentración inició a las 15.30 en la Plaza 25 de Mayo. Allí se encontraron diferentes colectivos feministas, sociales, sindicales y de derechos humanos para iniciar la marcha hasta la plaza San Martín, ubicada frente a la Sede de Gobierno.
A su vez hubo una gran presencia de niños y niñas, madres con su cochecitos, estudiantes de todas las edades, abuelas y miles de mujeres más. Una multitud se encontró en las calles, como una gran reunión, había bailes, puestas en escena, grupos de amigas debatiendo, batucadas y cánticos alusivos.
Los carteles de esta marcha llevan el nombre de Agostina pero también el de cientos de víctimas más, como el de Dulce, Sophia, Morena, Lara y Brenda.
También mencionan el cansancio y el miedo: “¿A qué mujer de tu vida tienen que matar para que te importe?”, “¡Paren de matarnos!”, “Nuestra lucha no es contra alguien es por alguien”, “Si la justicia es machista que sea feminista la memoria”. Son algunas de las frases que recorrieron las calles rosarinas, exigiendo que la violencia contra las mujeres deje de existir en nuestra sociedad.
En este momento histórico, un cartel se destacaba frente al resto: “Faltan 10 femicidios para que arranque el mundial”.
“Siempre me moviliza el hecho de que tengo dos hijas y que le puede pasar a cualquiera, y no puedo decir me quedo en casa y lo miro por la tele. Hay que salir a las calles, no podemos dejar de hacerlo” expresaba una señora mientras esperaba que comenzara la caminata por calle Buenos Aires, también sostenía con fuerza un cartel que decía: “Cuestionan más nuestra vida que nuestra muerte”.
En la Argentina, cada 31 horas hay un femicidio: una mujer es asesinada en manos de un hombre. Según datos del observatorio de femicidios de la organización “Ahora sí que nos ven”, hubo desde la primera marcha por NI UNA MENOS, 3205 víctimas letales. Además, el 85% de los femicidas pertenece al círculo íntimo o era conocido de la víctima. En el 44% de los casos, el agresor tenía antecedentes de violencia de género.

Estos datos muestran que esta problemática sigue vigente más que nunca y las violencias de género siguen siendo una urgencia social y política. El reclamo sigue siendo el mismo desde hace años, justicia para las víctimas, respuestas certeras, y políticas públicas para esta emergencia.
Día a día todas las mujeres ven vulnerados sus derechos por una realidad que exige prevención y protección del Estado Nacional. No se puede seguir permitiendo que haya infancias asustadas, mujeres en riesgo, madres aterradas y abuelas desesperadas, ni que los discursos oficiales nieguen o minimicen las violencias que siguen arrebatando vidas.
Este 3 de junio de 2026 volvieron a escucharse en las calles de todo el país la frase “Libres, vivas y sin miedo nos queremos”, a lo que se agregó este año: “Desendeudada!”. Gritos conducidos por la bronca, el hartazgo y el profundo dolor de tener que volver a reclamar por políticas de prevención frente a la violencia de género.