Lo supo cuando era niño: su abuelo había estado en la Plaza de Mayo el 16 de junio de 1955. Ya en la Fuerza Aérea, desde 1982, Alejandro Covello vio las imágenes oficiales de la «Revolución Libertadora» diciendo que las muertes que hubo fueron «apenas una decena, que la culpa más bien era de Perón y no de las bombas». Sin embargo, los datos se le presentaban como fragmentos sueltos a los que no se terminaba de volcar, hasta que unos diez años atrás, con un proyecto de investigación entre manos, dio con Connan Jorge Doyle: así como al pasar, este piloto —uno de los primeros en probar los modelos Pulqui I y II— refirió a un combate aéreo en Buenos Aires, justamente el 16 de junio de 1955.
—Me voló la cabeza. Había estado 17 años en la Fuerza Aérea y nunca había escuchado de un combate aéreo sobre Buenos Aires, en el centro neurálgico de la ciudad y que un piloto de la Fuerza Aérea salió a combatir a los aviadores navales, entró en pelea y derribó un avión. Eso me voló la cabeza.
Las piezas sueltas se terminaron de unir y empezó a tirar de un hilo que terminó en una investigación sobre el rol de los aviones como instrumento para atacar a la población. “Batallas Aéreas, Aviación, política y violencia. 1910 – 1955” (Editorial Ciccus) se publicó en 2018. La historia de Jorge “El Muñeco” Adradas, el piloto de caza que interceptó un avión naval que se dirigía a arrojar más bombas a la Plaza de Mayo, es parte de la investigación.
Hoy, en la previa al 71° aniversario del atentado que marcó la vida política de argentina, Covello comparte con El Ciudadano los aspectos más importantes de sus investigaciones acerca del bombardeo de Plaza de Mayo en manos de la Marina y la Fuerza Aérea el jueves 16 de junio de 1955.
Sobre aquella fecha, los datos más importantes: durante más de cinco horas, aviones de las fuerzas rebeldes arrojaron entre nueve y catorce toneladas de bombas en distintos puntos de la ciudad de Buenos Aires, sobre todo en la zona de la Plaza y la Casa Rosada.
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La primera investigación seria se hizo en 2010, desde el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Ahí se determinó la muerte de al menos 309 hombres y mujeres, casi todos civiles, aunque también hubo nueve granaderos asesinados que custodiaban la Casa Rosada. Es una cifra abierta porque esta investigación se dio 55 años después de ocurridos los crímenes. Hubo cientos de heridos. Nunca hubo juicio. Tres meses después, en septiembre de 1955 hubo nuevos bombardeos —sobre todo, en Mar del Plata pero también Ensenada— y el golpe final contra el gobierno de Juan Domingo Perón que empezaría un largo exilio de 18 años, la proscripción de su partido, la prohibición de cualquier palabra o simbología referida al peronismo y la persecución y encarcelamiento de sus militantes.

Curiosidad e investigación
Covello siempre se sintió atraído por los aviones: “Me fascina la tecnología y la técnica. Veía en el avión la mayor expresión de la vanguardia tecnológica y dentro de eso, el avión de combate”. Contó que entrar a la Fuerza Aérea fue una manera de poder cumplir su ambición de ser piloto, también acorde a las posibilidades económicas de su familia. Entró en 1982 y se retiró 17 años después. Además de aviador militar, después se desempeñó como piloto de línea aérea y asesor de investigación de accidentes en el transporte. Es una voz autorizada sobre seguridad operacional.
En 2021 se estrenó el documental “Piloto de caza”, basado en su libro Batallas Aéreas, donde se cuenta la historia de Adradas. También, en 2025 escribió un cuento que formó la antología “El bombardeo”, reunida por el autor Julián López.
Cuando supo de Jorge “El Muñeco” Adradas y el derribo de un avión que permitió demorar, poner en suspenso un rato, el bombardeo, no pudo dar marcha atrás: “A partir de ahí cambió mi proyecto y comencé a tirar del hilo de Ernesto Adradas. ¿Quién era? ¿Cuál era la historia? Comencé a investigar en profundidad lo que fue el bombardeo del 16 de junio. Cuando llegué a conocer el bombardeo y las historias omitidas, lo que se ocultó y cómo la política disolvió ese hecho, también me pregunté: esto tiene que tener una procedencia, ¿De dónde viene esto? Y ahí es donde construyo el libro “Batallas Aéreas” que arranca desde 1910 con la creación misma de la aviación. Mi pregunta fue: ¿cuándo el artefacto avión participó en hechos de represalias, de escarmiento en territorio argentino y sobre los argentinos? La historia comienza ya desde la Liga Patriótica”.

Se remonta así a 1919 y a los hechos conocidos como la Semana Trágica: “Había una brigada de aviadores de la Liga Patriótica, que era de la Marina. La misma Marina que bombardea el 16 junio de 1955. Ahí trazo esta línea y por supuesto me detengo en la historia omitida porque ¿cómo se puede ocultar un combate aéreo en la ciudad y cómo se puede ocultar un hombre?”.
Siguió: “Adradas fue un militar leal que respondió a la Constitución, respondió al sistema democrático y al gobierno y salió a defender a sus conciudadanos. Los otros eran terroristas que se robaron los aviones y desplegaron nueve toneladas de bombas”.
En su libro, Covello describe: “’El ‘Muñeco’ se lanzó en picada, el avión enemigo North American AT6 Texan quiso escapar y esconderse en las nubes, era tarde. Al ‘Muñeco’ se le agrandaba cada vez más el avión insurrecto en su mira, entró en el ángulo muerto, lo tuvo y disparó. Lo proyectiles ingresaron por el plano izquierdo y cortaron prácticamente el ala. El piloto naval Guardiamarina Armando Román, se arrojó en paracaídas y salvó su vida cayendo sobre el río».
Adradas fue perseguido después de esta acción, ese mismo día tuvo que esconderse. En 1956 intentaron matarlo, de nuevo. Pidió el retiró y pasó a ser piloto de Aerolíneas Argentinas. Se convirtió en uno de los miles de integrantes de la Resistencia Peronista: cumplió tareas de correo clandestino entre los dirigentes partidarios y Perón en su exilio. En junio de 1973, integró la tripulación del avión de Aerolíneas que trajo de vuelta a Perón a Argentina.
Sobre el bombardeo, Covello detalló: “La primera oleada de bombas fue desde aviones de la Marina. Y ahí es donde Adradas sale a dar pelea. Pero después la base de Fuerza Aérea de Morón se da vuelta y ahí quieren matar a Adradas, meten preso a varios pilotos para que no salgan a volar y una facción de la Fuerza Aérea se transforma en golpista. Ahí salen con los Gloster Meteor”.
“Gloster Meteor era uno de los aviones más avanzados de la época. Imaginate la desproporción de la fuerza que había. Tenía cuatro cañones de 20 milímetros, ¿contra quién? Contra el que estaba vendiendo el diario, el canillita, el botón de la esquina como dice el tango. La desproporción fue gigante. La fuerza aérea se pliega entonces en el intento de golpe”, explicó.
Hacia junio de 1955 la única fuerza que se mantuvo leal al gobierno fue el Ejército. Los aviones de la Marina que descargaron más de nueve toneladas toneladas de bombas en cinco horas, tenían en sus alas las inscripciones “Cristo Vence”. Esa noche, Perón —aún presidente— dio este mensaje por Radio del Estado: «Para no ser criminales como ellos, les pido que estén tranquilos; que cada uno vaya a su casa». La única reacción fue la quema de iglesias por parte de militantes peronistas, esa misma noche. Los libros de historia se han detenido mucho más en estas acciones, que no reportaron ningún herido ni muerto, y no en las, al menos, 309 personas asesinadas por los bombardeos impulsados por las fuerzas armadas.

¿Por qué cayó sobre esta masacre un olvido tan grande?: “Para mí es el modus operandi y es parte del plan de esta ideología, que posterior a las masacres las lavan o las niegan… La palabra desaparecido no es arbitraria, se le puso el nombre en el 76, pero ya lo habían hecho. Hicieron desaparecer nueve toneladas de bombas, no había memoria de esto, había 309 personas que no tenían nombre y apellido hasta que llegó el gobierno de Néstor Kirchner. No sabíamos cuántos eran. A mí me voló a la cabeza que esto no pasó en el interior, como en Napalpí. No, pasó en el centro neurálgico de la ciudad de Buenos Aires. Entonces, parte del plan es ese. Y además, ganaron porque el golpe se dio finalmente en septiembre”.
“También era parte del plan, y siempre es parte del plan, escapar. Fíjate que paran en Uruguay. En el ‘55, cuando atacan en septiembre con los barcos, también se van a Uruguay. Planifican mejor la huida que el ataque y eso también es una característica de este tipo de acciones. Y después también está la amnistía que los propios militares se hacen a sí mismos por sus acciones terroristas, cuando tienen que entregar el poder en 1983. Es decir, saben lo que hicieron. Sabían que iban a ir en cana. Saben que cometieron delitos de lesa humanidad. Lo saben, no son inocentes”, ahondó el investigador.
Para Covello el corazón del ataque es “un escarmiento, sembrar el terror”: “Después de tirar más de nueve toneladas de bombas y que viniera el golpe, las víctimas no tuvieron la posibilidad de pedir justicia. Muchas de ellas no le contaron la historia a sus hijos, porque era una forma de cuidarlos. Pasó con el 76 también y lo mismo pasó en Napalpí. Había muchos hijos que no conocían la historia. ‘No hablés de Napalpí porque te van a hacer la cruz. No hablés del bombardeo porque no vas a entrar a la escuela de aviación’”.
“Cuando no hay memoria, cuando no hay justicia, la puerta queda abierta. Identifico como el primer evento en que el artefacto avión descarga munición de guerra sobre Argentina y ciudadanos argentinos en la masacre de Napalpí, en 1924. Esto recién tuvo un juicio por la verdad hace cuatro años. Estuvo más de cien años oculto, omitido y sin justicia. Napalpí le abrió la puerta al 16 de junio. El 16 de junio fue omitido y no hubo verdad, no hubo justicia, no hubo memoria. Y eso le abrió la puerta a los vuelos de la muerte”, planteó.
Los vuelos de la muerte fueron una práctica de exterminio y eliminación de pruebas que practicó la última dictadura militar, sobre todo los primeros años del terrorismo de Estado que gobernó Argentina entre 1976 y 1983. Las víctimas, provenientes de distintos campos de concentración, eran subidas sedadas o ya muertas a los aviones desde donde los arrojaban al mar argentino o el Río de la Plata. Muchos de esos cuerpos aparecieron en las orillas de Buenos Aires o de Uruguay. Otros jamás serán encontrados. La mayoría de esos vuelos salían desde Campo de Mayo.
Antecedentes
Napalpí, Bombardeo a Plaza de Mayo y vuelos de la muerte: Covello estableció este hilo conductor. Contó a este medio cómo llegó al núcleo de su investigación: “Escribiendo el libro empiezo a identificar la participación del avión en estos hechos de violencia y de terrorismo. Me pregunté: dónde están las masacres argentinas, dónde están estos hechos de escalamiento y me puse a ver si encontraba un el avión ahí, como lo encontré en la Liga Patriótica”.
La Masacre de Napalpí ocurrió en julio de 1924, en Chaco, a manos de la policía y grupos paramilitares de estancieros regionales: durante 45 minutos tiraron más de 5 mil balas de fusil sobre la población de Napalpí. “Se estima que hubo más de 400 muertos entre integrantes de comunidades originarias y cosecheros de Santiago del Estero, Corrientes y Formosa, aunque el 90 por ciento de todos los asesinados pertenecían a las etnias Qom y Mocoit”, tal como publicó este medio.
Covello contó que en el marco de un aniversario de la Masacre de Napalpí vio un mural pintado por artistas de la comunidad qom: había “un avión arrojando algo”.

“Se trató también de un hecho de escarmiento porque a la comunidad qom y otras más le habían bajado el sueldo y las horas, entonces se iban a ir a Tucumán a la zafra. Claro, si se iban a Tucumán, los terratenientes se quedaban sin mano de obra esclava. El gobernador Centeno les cierra el paso y les prohíbe circular. Pero se empieza a juntar la comunidad. Entonces, se diseñó un escarmiento con la excusa de siempre, que es la excusa del malón y tantas otras más. El gobernador pide la participación del avión del Aeroclub, que estaba destinado a hacer escuela y promover la aviación. A ese avión lo vuela un militar aunque su misión era ser instructor de aviadores civiles y promover la aviación en la República Argentina. Atrás de él va un civil. Las historias dicen que el civil iba con un fusil y con caramelos. Se trata de la primera vez que se tira armamento de guerra. Había un bosque chaqueño mucho más frondoso de lo que es ahora, la gendarmería y la policía rodeó a la comunidad y lo tenían que hacer salir de las tolderías. Entonces, tiraron caramelos: iba un niño a buscar el caramelo y detrás iba obviamente la mamá. Igual que se hace con un animal cuando le tiran cebo, exactamente igual. El avión marcaba los lugares y ahí entraba la gendarmería y el civil que iba atrás iba con un fusil, como quien va de caza. Cuando rascás un poco es la historia del presente. ¿Cuál era el tema? El algodón era el oro blanco. En Estados Unidos había pasado una plaga y había arruinado toda la cosecha del algodón. Entonces Argentina se convertía en un lugar valioso para el cultivo de algodón. El que iba atrás en el avión era de nacionalidad estadounidense. Ya está, ¿no? Respondía a las multinacionales del algodón. Hoy lo tenemos a Peter Thiel”.
Por este libro, Covello fue citado a declarar en el juicio por la verdad que se hizo en 2022 por la Masacre de Napalpí. Allí la Justicia federal de Chaco probó la responsabilidad del Estado nacional en la planificación, ejecución y encubrimiento de los asesinatos.
En esta línea de investigación, Covello también planteó la participación de aviones del ejército —aún no existía la Fuerza Aérea, creada en 1945— en el primer golpe de Estado en Argentina: contra Hipólito Yrigoyen en 1930.
«Arrojaron los primeros volantes para anunciar que la destitución del gobierno había comenzado. Pero ahí también hubo aviadores que se negaron a participar del golpe y hubo aviadores civiles que se negaron también porque los habían convocado para decir ‘la aviación civil también apoya el golpe’. Estaba Eduardo Olivero, un aviador italiano que vino a la Argentina, precursor de la aviación argentina. Él tenía una escuadrilla de aviación civil y se negó a participar. Después lo persiguieron, como lo persiguieron a Adradas, con la historia de siempre”.