Rosario, domingo 14 de junio de 2026
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Rosario, domingo 14 de junio de 2026

La campaña fina arranca con números ajustados: la urea exige 84% más de trigo que hace un año y vuelve a presionar los márgenes

La escalada de los fertilizantes y los combustibles volvió a complicar la ecuación económica del cultivo. El productor necesita cada vez más kilos de trigo para comprar insumos esenciales para la siembra, en un contexto de costos en alza y rentabilidad bajo presión
La campaña fina arranca con números ajustados: la urea exige 84% más de trigo que hace un año y vuelve a presionar los márgenes

A medida que se acerca la campaña fina 2026/27, los productores enfrentan un escenario cada vez más desafiante. Para comprar un kilo de urea, uno de los insumos más importantes para el cultivo, hoy se necesitan 4,5 kilos de trigo, frente a los 2,5 kilos que alcanzaban hace apenas un año. En otras palabras, la misma cantidad de fertilizante requiere un 84% más de cereal que en marzo de 2025, una señal clara del deterioro en el poder de compra del cultivo.

La situación no se limita a los fertilizantes. El combustible y la logística también muestran un fuerte encarecimiento cuando se los mide en trigo, configurando un escenario de mayores costos y márgenes más estrechos para los productores que se preparan para iniciar la nueva campaña.

Los datos surgen del Monitor de Relaciones Insumo-Producto elaborado por Coninagro, una herramienta que analiza cuántos kilos o toneladas de producción son necesarios para adquirir distintos insumos, servicios e inversiones vinculadas a la actividad agropecuaria.

Fertilizantes: el golpe más fuerte

La relación entre el trigo y la urea exhibe el mayor deterioro entre las variables relevadas para el cereal. En marzo de este año se necesitaron 4,5 kilos de trigo para adquirir un kilo de fertilizante, contra los 2,5 kilos de igual mes de 2025.

La comparación de largo plazo tampoco resulta favorable. Actualmente se requiere un 58% más de trigo que el promedio de los últimos cinco años para comprar la misma cantidad de urea, reflejando el fuerte impacto que tuvo la reciente escalada internacional de los fertilizantes.

El informe atribuye buena parte de estas subas al encarecimiento de la energía y de los insumos agrícolas en los mercados internacionales, en un contexto atravesado por las tensiones geopolíticas y el conflicto en Medio Oriente.

Más cereal para cargar combustible

El gasoil, otro componente central de los costos agrícolas, también registró un deterioro significativo en la relación de intercambio.

En marzo, comprar un litro de combustible demandó 8 kilos de trigo, mientras que un año atrás eran necesarios 6,4 kilos. La diferencia representa un incremento interanual del 27%.

Cuando la comparación se realiza contra el promedio de los últimos cinco años, el deterioro es todavía más marcado: hoy se necesita un 66% más de trigo para adquirir la misma cantidad de combustible.

El dato adquiere especial relevancia en la previa de la siembra, ya que el gasoil impacta tanto en las labores de implantación como en las tareas posteriores y en el transporte de la producción.

La logística también presiona sobre los márgenes

El costo del transporte acompaña la tendencia. Según el relevamiento, para afrontar un flete de 300 kilómetros por tonelada de mercadería se requieren actualmente 203 kilos de trigo. Un año atrás se necesitaban 186 kilos, lo que implica un incremento del 9%.

Sin embargo, la comparación histórica vuelve a mostrar la magnitud del deterioro: el costo actual se ubica 48% por encima del promedio registrado en los últimos cinco años.

La evolución del flete resulta especialmente sensible para las zonas alejadas de los puertos y centros de consumo, donde el transporte representa una porción importante de los costos totales.

Márgenes bajo presión

El informe de Coninagro advierte que las relaciones insumo-producto de los granos volvieron a deteriorarse durante los últimos meses como consecuencia del aumento en los costos energéticos y de los fertilizantes.

En el caso del trigo, los números muestran que la capacidad de compra del cereal frente a los principales insumos necesarios para la producción se redujo de manera significativa. Esto obliga a destinar una mayor cantidad de grano para cubrir los mismos gastos que un año atrás y vuelve a poner presión sobre la rentabilidad esperada de la campaña fina.

Con la siembra a punto de comenzar, el productor enfrenta así una ecuación cada vez más ajustada: mientras el valor del cereal no logra acompañar el ritmo de aumento de los costos, fertilizantes, combustible y logística absorben una porción creciente del ingreso potencial del cultivo.