En las últimas horas se conoció la noticia del final del rodaje de Villaflor, el nuevo y esperado thriller político de Santiago Mitre, director de la multipremiada Argentina, 1985, basado en hechos reales, protagonizado por Verónica Llinás como Azucena Villaflor y Peter Lanzani como Alfredo Astiz, que narra los inicios de la resistencia civil a la última dictadura cívico-militar y la infiltración del teniente de la Armada Astiz en el grupo de familiares que reclamaba por sus desaparecidos en la Plaza de Mayo.
Villaflor retrata ese momento, cuando un oficial de alto rango se infiltra en los grupos que pacíficamente comenzaban a organizarse para reclamar por sus familiares detenidos, sin advertir que estaban dando origen a una forma inédita de resistencia civil en el corazón de la dictadura argentina.

Producida por La Unión de los Ríos (Argentina) y Maneki Films (Francia), con guion de Mariano Llinás y Santiago Mitre (como pasó con Argentina, 1985 sobre el Juicio a las Juntas Militares), el rodaje se realizó a partir de marzo en distintas locaciones de la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires. Camille Cottin, Soledad Villamil y Valeria Lois completan el reparto de la película que llegará a Netflix en 2027, y quizás tengas antes un paso por los cines.
“Esta película reconstruye un momento real, concreto, y lo hace desde adentro, siguiendo a personas comunes en una situación límite. No intenta abarcar toda una época, sino observar cómo se infiltra la violencia en la vida cotidiana. La historia revela la traición más íntima y la resistencia más poderosa. Lo más inquietante es que nada parece extraordinario hasta que ya es tarde”, expresó Mitre en paralelo al anuncio del rodaje.
“Protagonizar esta película es una responsabilidad enorme y, al mismo tiempo, un privilegio. Me acerco al personaje desde su humanidad, no desde lo que representa. Me interesa su lucidez, su determinación y la forma en que transforma el dolor en acción. Es una historia que habla de coraje colectivo, pero también de decisiones personales muy concretas. Me acerco a este proyecto con respeto y compromiso”, señaló Verónica Llinás sobre el desafío de interpretar a una madre en busca de su hijo.

Por su parte, Peter Lanzani, que vuelve a trabajar con Mitre, destacó: “Aceptar este personaje es aceptar una incomodidad desde el primer día. Es un rol que exige entender mecanismos reales de manipulación y traición, no caricaturas. La responsabilidad está en no suavizarlo ni exagerarlo, sino en hacerlo creíble. Prepararlo implica trabajar sobre la confianza y desconfianza que genera alguien como él. Y asumir que contar esta historia también tiene un peso ético”.
Agustina Llambi Campbell, productora de La Unión de los Ríos, agregó: “Para el equipo de la productora, hacer esta película es un enorme privilegio, por la importancia de su historia, nuestra historia, hecha pura pulsión cinematográfica en el maravilloso guion que escribieron Santiago Mitre y Mariano Llinás, y por cómo reverbera en la actualidad; por la posibilidad de trabajar junto a un elenco y equipo de viejos y nuevos cómplices, con un talento y entrega sin igual; por acompañar la visión y liderazgo de Santiago en un nuevo capítulo de su indispensable camino como cineasta y por la generosa e incondicional confianza de Netflix. En el momento crítico que atraviesa nuestro cine, asumimos el privilegio con responsabilidad, gratitud y la alegría irrenunciable de hacer cine”.
Quién fue Azucena Villaflor

El título de la película evoca a Azucena Villaflor de De Vincenti, activista social argentina, cofundadora de la asociación de las Madres de Plaza de Mayo, dedicada a buscar a los desaparecidos durante el terrorismo de Estado en Argentina.
El 30 de noviembre de 1976, ocho meses después del comienzo de la dictadura que se autodenominó Proceso de Reorganización Nacional, fueron secuestrados uno de los hijos de Azucena Villaflor, Néstor De Vincenti y la novia de éste, Raquel Mangin.
Tras seis meses de infructuosas búsquedas, Villaflor, junto a otras personas en su misma situación que se fueron conociendo en la búsqueda de sus familiares, decidieron iniciar una serie de manifestaciones para dar a conocer sus casos. El 30 de abril de 1977 ella y otras trece madres se manifestaron en la Plaza de Mayo, en el centro de Buenos Aires, enfrente de la Casa Rosada. Ante la orden militar de no detenerse ni “agruparse”, sino de “circular”, decidieron caminar alrededor de la plaza. La primera marcha tuvo lugar un sábado, y apenas tuvo repercusión; la segunda fue un jueves y desde entonces se convirtió en costumbre realizarla todos los jueves, en torno a las tres y media de la tarde, incluso hasta el presente y en gran parte del país.
El 8 de diciembre de 1977 se había programado una reunión en la iglesia de la Santa Cruz. Alfredo Astiz, quien se había infiltrado en la incipiente organización, haciéndose pasar por hermano de una desaparecida, había denunciado a las que consideraba “líderes” para que fueran secuestradas al finalizar la misa. En esa ocasión fueron secuestradas ocho personas: Teresa Careaga y María Ponce, ambas madres de desaparecidos; la monja francesa Alice Domon que colaboraba en la búsqueda, Ángela Auad, Remo Berardo, Raquel Bulit, Horacio Elbert, Julio Fondovilla, Gabriel Horane y Patricia Oviedo.
Azucena Villafor era otro de los objetivos, pero no pudo llegar a tiempo porque estaba en la casa de Emilio Mignone trabajando con la esposa de éste y otras madres para terminar un listado con los nombres de sus hijos desaparecidos. El día 9 de diciembre, Azucena y otras madres entregaron los originales del remitido, el dinero y las firmas que avalaban su publicación.
El remitido fue publicado el 10 de diciembre. Esa misma noche Azucena Villaflor fue secuestrada por un grupo armado clandestino de la Armada en la esquina de su casa de Sarandí, en Avellaneda (Buenos Aires). La golpearon y, pese a su resistencia, lograron introducirla en un auto. Según testimonios, fue recluida en el campo de concentración de la Escuela de Mecánica de la Armada, ESMA, donde actuaba, entre otros represores, Alfredo Astiz. La llevaron al altillo, el lugar en donde depositaban a los secuestrados que mantenían más en secreto. Esa misma noche fue torturada y regresó al calabozo sin conocimiento. A los pocos días, Azucena junto a las monjas francesas y los demás secuestrados en la iglesia de la Santa Cruz fueron “trasladados” al aeropuerto militar que se encuentra en el extremo sur del Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires, subidos sedados a un avión de la Marina y arrojados vivos al mar frente a la costa de Santa Teresita, muriendo al chocar contra el agua.