Traducción e interpretación: Emma Pfann
En junio, en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, tuvieron lugar unas jornadas denominadas La Inteligencia Artificial en debate, donde se expuso y se conversó sobre los desafíos, oportunidades y dilemas éticos, educativos y sociales que plantea la IA en la actualidad, y se ofreció “una visión integral y crítica sobre la inteligencia artificial y (una) reflexión sobre sus implicancias en la sociedad contemporánea”.
Allí, convocados por el comité académico y científico que organizó las jornadas, expusieron y debatieron varios especialistas en nuevas tecnologías, ciencias de la educación y, particularmente, en IA, entre los que se encontraba el norteamericano Joshua Meyrowitz, profesor emérito de Comunicación en la Universidad de New Hampshire, en Durham (EE. UU.), y autor de un clásico de los estudios de la comunicación titulado Sin sentido de lugar. El impacto de los medios electrónicos en el comportamiento social (No Sense of Place, en el original, y todavía sin traducción al castellano), quien abordó cuestiones alrededor de la “IA y la re-construcción de la realidad social”, como tituló su disertación. La obra de Meyrowitz combina con sagacidad el pensamiento de Marshall McLuhan con la concepción dramatúrgica de Erving Goffman, a partir de elaborar un modelo original para el análisis de la influencia de los medios de comunicación en los comportamientos sociales, algo que fue tornándose nodal en la mirada del autor y lo volvió un referente indiscutible para entender y estudiar los medios de comunicación y, hoy, la ubicua IA.
Meyrowitz, invitado especialmente por la directora del Centro de Estudios en Arte, Tecnología y Educación Ctrl+Z, y versátil y destacada pianista, Gina Valenti, permaneció en Rosario luego de las jornadas y fue la oportunidad para una jugosa charla sobre algunos de sus conceptos clave como, entre otros, el de “fragmentación compartida” y de cómo aplicaría en el actual genocidio en Gaza; sobre la influencia y la fiabilidad de la IA en la comunicación y en la realidad social; sobre el uso ambiguo que los medios hacen de esta tecnología; sobre el control del sistema neofeudal (que el mismo Meyrowitz señala en sus teorías) y las resistencias posibles, y hasta del mundial de fútbol 2026, donde la IA produce la mayoría de las fotografías del evento, tergiversando parte de lo acontecido y atentando contra el trabajo de los fotorreporteros.
La conversación tuvo lugar en el ameno espacio de la Biblio-peluqueril, el original reducto en el que conviven cortes de pelo, libros y eventos culturales, que comanda el escritor Pablo Bigliardi, donde el académico norteamericano expuso su radical mirada para iluminar el anverso y reverso de la múltiple y efusiva irrupción de la IA, que hoy impacta, desde eclécticas constelaciones, en todas las esferas de la vida social, haciendo hincapié, sobre todo, en la necesidad de “domesticar” esa irreverente tecnología para extraer nuevas formas de conocimiento y habilidades.
–Respecto a lo que llamás “fragmentación compartida”: las diferencias entre distintos sectores sociales continúan, aunque habría más conciencia de ellas en cada sector; eso, ¿podría contribuir a mejorar las relaciones entre esos sectores o, en cambio, a empeorarlas, pudiéndose detectar más fácilmente a los otros que habría que suprimir y buscando consenso mediático para esta tarea? Pienso en el genocidio en Gaza y la naturalización actual más allá de las expresiones de protesta en buena parte del mundo.
–( J. M.) Puedo hablar en términos generales sobre la noción de fragmentación compartida y en qué se diferencia del tipo de fragmentación que teníamos antes. Creo que lo que la gente no termina de entender es que cuando hay mucha distancia entre las personas, hay diferencias drásticas que pueden pasar completamente desapercibidas. Y que, cuando las personas y las cosas se acercan mutuamente, hay, en realidad, menos diferencias entre sí, pero uno es mucho más consciente de ellas. Creo que estamos en esa segunda situación, donde han disminuido las diferencias en términos de lo que la gente experimenta y sabe, pero somos más conscientes de las diferencias que aún permanecen y, de hecho, se puede hacer una analogía con esto: en una familia, cuando los niños pequeños viven en el hogar, en realidad suelen ser muy parecidos a sus padres, pero pelean salvajemente por las diferencias que existen entre ellos. Y cuando un niño crece y se va de casa, usualmente termina siendo bastante diferente de sus padres, haciendo muchas cosas que ellos desaprobarían, pero los padres no son conscientes de lo que hace y por eso en realidad suelen llevarse mejor entre sí. Así que estamos más bien en la situación inversa dentro de cada país y en el mundo, donde, diferencias que antes eran muy marcadas, pero que no eran tan visibles o sobre las que no existía mucha conciencia, hacían que, en términos generales, las personas se llevaran mejor porque no conocían todas las cuestiones por las que podían pelear.
Hoy en día, compartimos mucha información, pero somos más conscientes de la fragmentación y de las diferencias. Y por eso los enfrentamientos se vuelven cada vez más brutales. Y muchas veces son cuestiones importantes por las cuales enfrentarse brutalmente, incluido el genocidio en Gaza y el genocidio o la violencia similar también en Cisjordania (o Ribera Occidental) y en Líbano y, como sabrán, toda la percepción diferente de la historia de Irán, por ejemplo, donde los dos países (EE.UU. e Inglaterra, N. del E.) que intentaron derrocar al gobierno de Irán fueron responsables en gran medida de que los iraníes tengan el gobierno que tienen, en el sentido de que la CIA y el MI6, en 1953, derrocaron a un gobierno democrático y laico en Irán y reinstalaron al Sha.
Israel, a su vez, ayudó a armar al Sha y a entrenar a su policía secreta, la Savak, que fue creada inicialmente por Norman Schwarzkopf padre, para la CIA. Pero todo lo que acabo de mencionar fue secreto por muchos años, por lo que la gente no sabía que podía pelear por ello. Y creo que cada vez hay más personas que ahora saben sobre esto; no significa que ayude a detenerlo o a mejorarlo, pero sí significa que hay más cosas visibles y que el potencial para detenerlas es mayor; aunque la frustración e indignación, porque esto aún no ha cambiado, existe. Creo que nos encontramos, al estar más unidos, en una situación más compleja. En otras palabras, es como cuando los hijos vuelven a mudarse con sus padres y todas las diferencias que existían cuando ya no vivían en la casa siguen estando ahí, pero ahora somos mucho más conscientes de ellas y por ende, discutimos más. A eso me refiero con “fragmentación compartida”.
–Aunque los modelos de lenguaje de la IA estén diseñados para coincidir con nuestros valores éticos, su constitución es diferente a la de los humanos, por lo que muchas veces pueden fallar al participar en conversaciones específicamente humanas. ¿Qué tipo de influencia disruptiva puede generar esto en la comunicación y en la reconstrucción de la realidad social?
–(J.M.) Bueno, creo que la vida es complicada, los medios son complicados y las tecnologías son complicadas, y, en general, las personas que los estudian adoptan al menos una de tres perspectivas diferentes y la consideran como si fuese la única válida. Así que yo trato de considerar tres enfoques distintos sobre las tecnologías artificiales, y sobre los medios y la tecnología en general: uno de ellos es la cuestión del poder, en el que se analiza a los nuevos medios como espacios de disputa por el poder y a su vez como herramientas y armas en esas luchas. Esa es una manera muy importante de entender a la IA, que está controlada por élites no reguladas, las cuales concentran enormes cantidades de riqueza y poder y también la utilizan para agotar los recursos naturales, generando todo tipo de contaminación –tanto química como acústica y residuos electrónicos–, además de intentar arrebatar el poco control que aún les queda a las masas.
Pero hay otra manera de ver los medios y las tecnologías, y es observar cómo la gente común hace uso de esas tecnologías para satisfacer sus propias necesidades personales y sociales. Vemos, por ejemplo, lo que ocurrió con la difusión de la imprenta en la Europa del siglo XV, donde inicialmente la impresión estaba controlada por la Iglesia católica y las monarquías, y cualquiera que imprimiese algo incorrecto, comúnmente era condenado a una terrible y tortuosa muerte. Sin embargo, a largo plazo, la imprenta fue utilizada por la gente para derrocar –o más bien secularizar– la sociedad, ampliar el conocimiento y la información durante la Revolución Científica, y también para desarrollar sistemas constitucionales que reemplazaron el poder de las monarquías, donde las constituciones impresas constituyeron parte de la identidad nacional y otorgaron poder al pueblo frente a los monarcas. Así que creo que la IA también opera de esa manera: además de los intentos por controlarla, está siendo utilizada por las personas para ampliar sus conocimientos en relación con quienes están en el poder. Además, su evolución apunta a hacerla cada vez más accesible y fácil de usar, hasta el punto de que ya ni siquiera hace falta saber programar para que la IA escriba el código por uno. Así que no creo que eso elimine la lucha por el poder, y a su vez, tampoco creo que esa lucha haya terminado.
La tercera forma de analizar los medios y las tecnologías, incluida la IA, es lo que yo llamo la “teoría del medio”, que consiste en examinar cómo cada tipo de tecnología es diferente de las demás y cómo modifica el acceso relativo a la información, condiciona la línea divisoria entre la información pública y la privada y también altera la relación entre el lugar donde están las personas y lo que saben y experimentan. Esto también se relaciona con el poder, porque tradicionalmente las personas estaban limitadas y controladas por estar aisladas en determinados lugares: ya sean niños pequeños, ajenos al mundo de los adultos; mujeres a quienes se les decía que debían permanecer en el hogar criando a esos pequeños salvajes que aún no sabían leer ni escribir; o personas comunes en distintas partes del mundo, separadas entre sí, donde su ubicación física determinaba su posición social.
Esta tecnología es distinta de otras tecnologías en términos de lo que las personas saben unas sobre otras y cómo se comparan entre sí, cuánto se mantiene público, cuánto permanece privado, cuánto queda expuesto al público y hasta qué punto la tecnología está limitada por el lugar donde uno se encuentra. Diría que la IA está aumentando lo que diversas personas saben unas sobre otras y cómo se comparan entre ellas; haciendo que cada vez más información sea pública en lugar de privada, lo que reduce las diferencias entre las personas, ya que una de las formas de diferenciarse de los demás es mantener muchos aspectos de uno mismo y de su “tipo” en privado, cosa que ahora es difícil de hacer. Además, hoy en día el lugar donde estamos posicionados, incluso con la IA, tiene mucho menos que ver con lo que sabemos y experimentamos. Así que esas son tres maneras de analizar la tecnología y de complejizar toda la cuestión del poder, la ética y el control.
–¿Y cómo ves que se sirven de la IA los medios en la actualidad para ya directamente suprimir cada vez más la presencia –o achicar los planteles de personal–, donde las diferentes miradas podrían generar instancias más ricas, porque cuentan la espontaneidad y la necesidad de participación?
–(J.M.) En realidad no estoy tan familiarizado con Argentina, pero lo que veo, e incluso en el duelo por el Indio Solari, la gente común tiene una mayor capacidad para comunicarse con un estilo que antes era exclusivo de las élites, en el sentido de que la cultura audiovisual, como lo que estamos grabando ahora mismo, puede ser dominada con facilidad por casi cualquiera en comparación con el pasado, cuando la producción de los medios estaba controlada y consumida por las élites. Ahora existe una cultura que beneficia a las personas promedio que saben expresar sus emociones, algo que la mayoría de la gente sabe hacer, en comparación con quienes tenían que recibir una formación extensa sobre cómo producir cosas que manipularan a otras personas.
Creo que, aunque siempre existen diferencias entre las personas y esas diferencias son explotadas por los poderosos, cada vez les resulta más difícil a éstos últimos monopolizar el discurso público y las imágenes que circulan, que a menudo son más destacadas las de los ciudadanos comunes, que en cierta forma, parecen más genuinos, más contundentes que las personas que intentan controlar y mover todos los hilos de la cultura, quienes se ven cada vez menos auténticos, más fabricados y cuyas comunicaciones parecen más manipuladoras, mientras que la gente común parece auténtica, real.
–¿Quiénes dirías que controlan hoy lo que llamás el «sistema neofeudal» de sumisión en el ecosistema mundial; pensás que habría alguna forma de resistencia que produzca otras instancias?
–Cuando hablo de una especie de sistema neofeudal, hablo de la disrupción de las jerarquías tradicionales, jerarquías muy lineales que dictan quién le reporta a quién y que la alfabetización impresa ayudó a establecer. En los libros de administración de empresas todavía se ve la forma en que está establecida esa jerarquía lineal: el presidente de la empresa, los vicepresidentes y así sucesivamente hasta llegar a la base. Y esas jerarquías están construidas sobre el supuesto de que la información viajaba a través de esos niveles, como si fuera un diseño, como si fuera una placa de circuitos, donde la información recorría las líneas de la jerarquía y donde las personas que tomaban las decisiones eran las que tenían más información. Hoy en día el mundo de la comunicación ya no opera así, donde la información viaja de manera no lineal y no a través de ese tipo de sistemas.
Por eso, incluso las empresas tradicionales ahora suelen tener sistemas de organización no lineales, y aquellas que intentan mantener esos sistemas –lo que ocurre a menudo en los gobiernos– son constantemente socavadas porque la información llega antes y más rápido a personas promedio o a personas mucho más abajo en la jerarquía de quienes están en la cima. Y, como sabrás, un ejemplo clásico en Estados Unidos fue cuando el presidente no sabía que el Muro de Berlín estaba cayendo porque la información aún no le había llegado.
Entonces, lo que tenemos en cambio es lo que Manuel Castells llama “la sociedad red”, donde los flujos de información moldean la manera en que las personas se organizan, en lugar de puestos tradicionales. Ese es el “espacio de flujos” del que él habla, en lugar de espacios de lugares. Es similar a lo que argumenté en Sin sentido de lugar (No Sense of Place) donde la información viaja por fuera del sistema tradicional de control, y muchas de las formas de información y de medios que permitían esa antigua jerarquía tradicional paso a paso se basaban en que las personas tuvieran distintas capacidades de lectura, leyeran diferentes tipos de literatura y en que las cosas estuvieran realmente codificadas. Y a medida que la alfabetización creció y se expandió, la especialización hizo que uno tuviera que reducir el campo de lo que podía saber. En el apogeo de la cultura impresa se podría decir que las personas se convertían en expertas en saber casi todo sobre casi nada. Eso respaldaba su territorio, su jerarquía, y ocurría lo mismo en la cultura en general.
En la era electrónica, en cambio, se ve a personas comunes superar a ese tipo de expertos si tienen la capacidad expresiva para comunicar sus emociones y lucirse en un medio visual. Cada vez más se utilizan lo que yo llamo “criterios de citas” en lugar de “criterios de currículum” en los sistemas basados en estatus y jerarquía. En el pasado, la gente nunca elegía a una pareja basándose en una muestra de escritura y un currículum. Y antes, la gente tampoco solía votar a alguien para un cargo político por el brillo de sus ojos o porque supiera responder rápidamente con una ocurrencia ingeniosa. Todos nuestros criterios están cambiando hacia esta clase de devoción y atractivo personales. Incluso cuando se trata de una figura masiva o una celebridad, se desarrolla esa sensación de intimidad hacia ella, y surgen formas de lealtad que se parecen más a los juramentos medievales de fidelidad hacia personas que uno conocía personalmente. Eso se parece bastante más a lo que tenemos ahora que a aquellos sistemas de escritura distante, libros y literaturas especializadas sobre los que las personas construían su reputación. Es lo que quiero decir con una especie de sentido neofeudal de la intimidad. Y esa intimidad salta por encima de las divisiones tradicionales, sin duda por encima de los barrios tradicionales, cuando antes las conexiones eran los barrios en sí. Atraviesa países y diversas barreras, pero es inestable y cambiante, del mismo modo que cambiaban los sistemas feudales, donde la gente juraba lealtad y luego iba a la guerra entre sí. Tenemos ese tipo de caos hoy, pero en realidad no es caos si se observan las causas subyacentes del cambio en las formas en que las personas se conocen entre sí y se comunican unas con otras.
–Si bien la alineación ética es esencial para mitigar los sistemas de IA que podrían producir resultados engañosos o peligrosos, el énfasis en las restricciones morales eclipsó en gran medida una cuestión diferente pero fundamental de la alineación de la IA: ¿Pensás que estos sistemas alineados con las normas y prácticas de la conversación humana pueden funcionar como interlocutores fiables?
–(J.M.) Estamos enfrentando una pequeña ironía con respecto a eso en este momento, porque la única forma en que puedo hacerme una idea de lo que me estás preguntando es usando tecnología de IA para traducir lo que estás diciendo del español al inglés. Y esa es la naturaleza de doble filo de la IA. Tiene muchos potenciales terribles, en términos de no poner el interés humano como prioridad; parece que la diseñamos para su propia autopreservación por encima de la nuestra, así que tenemos mucho trabajo por hacer para regularla. Pero, en lugar de sentirnos impotentes, necesitamos usar la IA contra sí misma y aprovechar todas las características de la IA que nos humanizan y nos dan más elementos para controlarla. En lugar de sentirnos indefensos ante ella, ayudar a que la IA sea mejor y más favorable para la vida humana, la ética y el apoyo a las personas. Y esto lo vemos de inmediato. Si usás IA para investigar: “¿cuáles son las amenazas y los peligros de la IA?”, la IA menciona bastantes, incluso más de los que hemos estado comentando hasta ahora. Y en lugar de sentirnos impotentes frente a ello, necesitamos usarla para guiarnos de la misma manera en que hoy la IA se utiliza para ayudar a las personas a ir de un lugar a otro y reduciendo las diferencias entre quienes conocen un lugar y quiénes no. Si estás perdido en un barrio, no tenés que encontrar a alguien del lugar para que te dé indicaciones y esperar a que sepa cómo llegar. La IA es una herramienta poderosa para darnos indicaciones bastante buenas; a menudo sabe más sobre la ruta más rápido que las personas que han vivido en la zona durante mucho tiempo. Ese es el poder de la IA. Así que la IA es una herramienta muy poderosa, –peligrosa en muchos aspectos– pero que también nos proporciona muchas herramientas para intentar comprender sus peligros, controlarlos, mitigarlos y regularlos en beneficio de todos. Y creo que esa es nuestra misión para los próximos años.
–¿Cómo ves el mundial 2026 en Estados Unidos en relación al uso de la inteligencia artificial, que produce la mayoría de las fotografías del evento?, ¿Qué opinás sobre la pérdida potencial de trabajos?, teniendo en cuenta que la IA reemplazaría muchas profesiones como por ejemplo, al fotorreportero.
–(J.M.) Esto implica algunas cosas. En primer lugar, el peligro de que la IA quite el trabajo a las personas y también el peligro de que reemplace la realidad por una realidad fabricada. Usar imágenes manipuladas para cambiar la narrativa o sustituirla no es algo nuevo, pero eso no significa que sea algo bueno. Creo que debe haber consecuencias para quienes falsifican imágenes, ya que eso constituye una forma de fraude, de distorsión de lo que está ocurriendo, y que, en algunos casos y de ciertas maneras, debería ser una forma de actividad delictiva sancionable. Obviamente, la IA va a reemplazar muchísimos empleos, como las personas que han aprendido habilidades básicas de programación y esperan que les paguen por ellas y la IA puede programar por sí sola. Pero eso significa que, en cierto modo, se necesitan mejores programadores para poder identificar cuándo el programador de IA no está haciendo bien su trabajo. Y las personas que son asistentes jurídicos, personas que no son abogados, pero que brindan asesoramiento legal genérico, van a tener muchos problemas porque la IA puede hacer lo mismo razonablemente bien, además de hacerlo con mucho menos o ningún costo; lo mismo ocurre con los asistentes médicos. Pero eso significa que se necesitan más médicos altamente capacitados o personas con una formación superior a la de los asistentes jurídicos y el personal paramédico, que puedan evaluar, interpretar y programar sistemas de IA. No es nuevo que las nuevas tecnologías hagan que muchas personas pierdan sus empleos y alteren los sistemas educativos y profesionales. En la Edad Media, todo lo que se escribía era escrito por escribas.
Era una habilidad especializada, copiar textos sin cometer errores y escribirlos de una manera que las personas pudieran leerlos durante décadas o incluso más tiempo. Cuando apareció la imprenta en el siglo XV la gente pensó: «Bueno, estos son solo libros artificiales; son escritura artificial», incluso el inventor de la imprenta la llamó escritura artificial. Y las personas que estaban en el poder decían: «Esos no son libros de verdad, y contratamos escribas para copiarlos en libros de verdad». Pero eso no funcionó muy bien. La imprenta desplazó la cultura de los escribas. La mayoría de los escribas perdieron sus empleos y el sistema educativo que se basaba en la memorización y la presentación oral desapareció. Todas esas personas que tenían la habilidad de memorizar textos en latín y recitarlos en público pasaron a ser consideradas personas sin habilidades útiles. Por lo tanto, las mismas presiones que estamos sintiendo ahora con la IA ya las experimentamos como civilización con otras tecnologías. Sigo pensando que las personas tienen capacidades que la IA nunca igualará. La IA sigue siendo una creación de los seres humanos, así que aún tenemos mucho trabajo por hacer, muchos desafíos. Tenemos que pensar en lo que podemos hacer para crear nuevas formas de conocimiento, nuevas formas de habilidades y también dominar esta nueva tecnología.