Rosario, miercoles 05 de agosto de 2026
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Rosario, miercoles 05 de agosto de 2026

La insólita respuesta del canciller Quirno a Brasil: «Lamentamos su decisión de continuar aislándose de la región por cuestiones ideológicas»

Tras la decisión del gobierno de Lula de rebajar las relaciones diplomáticas al mínimo por los reiterados insultos de Javier Milei, el Palacio San Martín emitió un comunicado donde acusa al principal socio comercial del país de ser el responsable del conflicto
La insólita respuesta del canciller Quirno a Brasil: «Lamentamos su decisión de continuar aislándose de la región por cuestiones ideológicas»

La crisis diplomática entre Argentina y Brasil, las dos principales economías del Mercosur, alcanzó su punto más crítico en décadas. Luego de que la administración de Luiz Inácio Lula da Silva notificara formalmente la decisión de retirar a su embajador en Buenos Aires y rebajar la representación bilateral al nivel de encargados de negocios, la respuesta del gobierno argentino sumó una nueva página al manual libertario del absurdo internacional.

A través de un comunicado oficial emitido por la Cancillería, actualmente bajo la conducción del ministro Pablo Quirno, el Ejecutivo nacional afirmó «tomar nota» de la medida, pero redobló la apuesta con un argumento insólito: acusó a Brasil de «continuar aislándose del resto de la región por cuestiones puramente ideológicas». El Palacio San Martín recurrió a una llamativa inversión de la realidad, señalando como «ideologizado» y «aislado» al gobierno brasileño, cuando ha sido la propia agresividad discursiva del presidente Milei la que dinamitó los puentes bilaterales.

 

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La drástica determinación de Itamaraty no surgió de la nada, sino que fue el resultado de una acumulación de agravios institucionales inéditos. La gota que derramó el vaso fue la reciente participación de Javier Milei en San Pablo durante un acto político de la extrema derecha liderada por los Bolsonaro. En esa plataforma, y posteriormente en diversas entrevistas televisivas, el mandatario argentino volvió a tildar de «ladrón», «corrupto» y «presidiario» a Lula da Silva.

Desde el Palacio del Planalto explicaron que la paciencia llegó a su límite. Fuentes diplomáticas brasileñas señalaron que «la reiteración de ofensas hacia el Presidente hacen inevitable esta decisión». Como contrapartida, la respuesta argentina intentó relativizar los insultos presidenciales en territorio extranjero, catalogándolos como meros «episodios de expresiones y respaldos políticos cruzados» y asegurando de forma insólita que la Argentina «nunca respondió a esas diferencias con una medida institucional».

 

Para pelearse hacen falta dos

En un intento por bajarle el tono a la gravedad institucional de la crisis -pero sin pedir disculpas-, el canciller Quirno ensayó una defensa pública en declaraciones radiales. «Para pelearse hacen falta dos. No cuenten con Argentina para eso», lanzó el funcionario, desmarcando los ataques directos de Milei de lo que considera la «relación institucional» entre los Estados.

Para justificar la posición argentina, Quirno recurrió al archivo y chicaneó a la gestión de Lula recordando la visita que el mandatario brasileño realizó a Cristina Fernández de Kirchner antes de las elecciones. Según el canciller argentino, en aquel momento Buenos Aires no presentó quejas por injerencia, concluyendo que los insultos actuales son, simplemente, «reglas del juego».

Más allá de la retórica oficialista que intenta maquillar el conflicto como una simple «disputa de dirigentes», el panorama real preocupa de gravedad a los sectores productivos e industriales de ambos países. Dejar las embajadas en manos de encargados de negocios -lo que vacía de poder político la mesa de negociación cotidiana- paraliza agendas clave en materia de comercio bilateral, integración energética y políticas fronterizas, entre otras no menos importantes.

Fuente: Tiempo Argentino