Por Irene Gamboa (*)
Un tipo pinta una bandera en la sábana de un hotel de Estados Unidos: “Las Malvinas son argentinas”. Menos de un mes después, todas las provincias de Argentina salen a las calles contra una ley impulsada por Milei, Bullrich y Sturzenegger para rifar el territorio nacional a cuánta potencia o empresario quiera venir a reventar nuestras tierras. Hay algo de poético en lo que vivimos estas semanas, pero también hay algo más profundo.
Mientras algunos sectores de la oposición llegaron a decir que la sociedad se había hecho toda de derecha y que había que adaptarse a ese nuevo clima de ideas, esa bandera mostró otra cosa: que existe un hartazgo cultural e ideológico muy fuerte con la entrega, el ajuste y la idea de que todo puede ser puesto en venta. No es solamente una discusión sobre una ley. Hay ideas que siguen teniendo fuerza, como la defensa de la soberanía, de nuestros territorios y de nuestros bienes comunes.
Tampoco vamos a aceptar que nos convenzan de que las ideas del feminismo, las luchas del movimiento de mujeres y de las diversidades fueron una exageración pasajera. Nos llegaron a decir que nos pasamos tres pueblos y mientras tanto seguimos escuchando todas las semanas que hubo un nuevo femicidio y el gobierno —o los gobiernos, porque Javkin y Pullaro no se quedan atrás— siguen desmantelando las políticas para combatir la violencia de género. Y hasta tenemos que discutir algo que jamás deberíamos naturalizar: que una mujer embarazada pueda ser cuestionada o convertida en parte de una maniobra parlamentaria por el solo hecho de estar embarazada. Las banderas que levantó durante años el movimiento de mujeres siguen siendo necesarias y siguen estando vigentes.
Y esas broncas ayer se hicieron calle. Fuimos miles en todo el país y le dimos al gobierno una primera derrota. En cada movilización hubo trabajadoras, estudiantes, jóvenes, mujeres y diversidades que salimos a decir basta. Pero no fue solamente una expresión espontánea de bronca. En las semanas previas, los comités que se vienen poniendo en pie junto a Myriam Bregman fueron parte de la pelea por organizar esas movilizaciones, discutir cómo expresar el rechazo a la ley y convertir la simpatía y la bronca en una fuerza capaz de desbordar las calles.
Estamos cansadas, estamos hartas, pero no estamos agotadas. El jueves fuimos miles y le dimos al gobierno una derrota. No va a haber Ley de Tierras ni Ley del Fuego para entregar nuestros territorios a empresarios y especuladores.
Pero ahora, ¿cómo la seguimos?
Myriam Bregman dijo en una Plaza del Congreso que no se vaciaba a pesar de los gases lacrimógenos: “basta de tibios, hay que derrotarlos”.
La pelea que tenemos por delante necesita que esa fuerza no se disperse después de cada movilización. Hay que ponerla a la ofensiva y organizarla desde los barrios, los lugares de trabajo y de estudio, construyendo instancias de coordinación contra la violencia machista y preparando desde ahora el Encuentro Plurinacional de Córdoba. Porque las luchas contra los femicidios, contra el ajuste y contra el gobierno no son peleas separadas: forman parte de una misma pelea por conquistar una vida que merezca ser vivida.
Por eso, este sábado a las 16 hs nos reunimos mujeres y diversidades en la Facultad de Humanidades y Artes para organizarnos en apoyo a Myriam Bregman y por todos nuestros derechos. Los comités que surgieron alrededor de la emergencia de Myriam son también un punto de partida para que miles de mujeres y diversidades podamos encontrarnos, organizarnos y volver a hacer de nuestra fuerza una marea.
De acá a octubre tenemos un desafío: impulsar en cada lugar de trabajo, de estudio y en cada barrio una fuerza capaz de enfrentar la violencia machista, el ajuste y todos los ataques de Milei, Pullaro y sus cómplices. Preparar nuestras propias instancias de organización y un gran pre-Encuentro en Rosario. Y llegar a Córdoba con miles, no para sacarnos una foto, sino para volver a poner en pie un movimiento de mujeres y diversidades que quiera pelear y que sepa que tiene la fuerza para derrotarlos.
Porque estamos cansadas y hartas, sí. Pero también estamos organizadas. Y sabemos que la fuerza que ayer conquistó la derrota del gobierno puede ser mucho más grande.
(*) Irene Gamboa es referente de la agrupación feminista socialista Pan y Rosas y del PTS en el Frente de Izquierda