Rosario, sábado 22 de agosto de 2026
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Rosario, sábado 22 de agosto de 2026

Desde que inició el gobierno de Javier Milei se incrementó la brecha salarial entre varones y mujeres

La diferencia entre lo que perciben mujeres y varones se acentuó por los despidos y el congelamiento de salarios en trabajos feminizados. También impacta la destrucción de las políticas nacionales de cuidado.
Desde que inició el gobierno de Javier Milei se incrementó la brecha salarial entre varones y mujeres

El congelamiento de los salarios en sectores como Salud y Educación, los despidos y la eliminación de políticas sociales de cuidado explican un incremento de la brecha entre lo que perciben salarialmente varones y mujeres desde el inicio del gobierno de Javier Milei. En 2019, a nivel nacional, esa brecha era del 26%. En 2023 bajó hasta el 21%; en 2024 subió al 27% y, en 2025, al 29%. Respecto a Rosario en 2022 la diferencia era del 33%. En 2024 bajó al 27 y en 2025 subió al 37%. Los datos se desprenden de un relevamiento de la Oficina de Datos de la Universidad Nacional de Rosario. Agustina Barman, economista e integrante de la Oficina, señala: «Eso tiene una explicación en el hecho de que las mujeres son las que generalmente se ven más golpeadas por el desempleo que los varones».

Y agrega: «Las mujeres tienen una inserción mucho más precaria en el mercado de trabajo, por lo que en momentos de caída de la actividad económica son las que en primer lugar se ven afectadas».

Las mujeres poseen trabajos informales y de menor estabilidad. En el Gran Rosario, el 34,4% de las asalariadas no cuenta con aportes jubilatorios, lo que impacta en sus trayectorias laborales y en su acceso a derechos sociales. En la provincia de Santa Fe, más del 80% de las jubiladas accedieron mediante moratorias, frente a una proporción considerablemente menor en los varones, lo que evidencia las dificultades estructurales para cumplir con los requisitos de aportes. A su vez, los haberes previsionales de las mujeres son inferiores, lo que refleja que la brecha económica posee persistencias aún en las edades avanzadas.

Cómo se mide la brecha salarial

Barman señala dos maneras de medir la brecha salarial de género. Una de ellas es tomar en cuenta todos los ingresos declarados por varones y por mujeres. «En Argentina se usaría la Encuesta Permanente de Hogares como base de datos principal; a partir de allí se establecería un promedio y una comparación», explica.

La especialista menciona otra forma de medición, que es la “brecha salarial compensada”. Se obtiene a partir de un modelo econométrico que aísla factores que no tienen que ver con el género y que pueden incidir en la brecha salarial. Por ejemplo: la antigüedad, la edad de la persona, el nivel educativo alcanzado. “Lo que se trata de explicar con eso es cuál es la brecha concreta que tiene que ver con la cuestión de género”, señala.

Aplicando un modelo econométrico que elimine el efecto de variables ajenas al género, tales como antigüedad, edad y nivel educativo, se observó que por cada 100 pesos que cobra un varón, una mujer cobra 90 pesos en los 31 principales aglomerados de Argentina. En el Gran Rosario, la diferencia es de 80 pesos contra 100.

«Para el Gran Rosario, la brecha simple nos daba 37% y, a nivel nacional, 29. Con la brecha ajustada, nos dio un 19,8 en Gran Rosario y un 10 a nivel nacional», indica. Es decir que, en la diferencia del 37%, el 20% estaría explicado solo por el género. Y del 30% a nivel nacional,10 estaría explicados por el género.

Las razones de la brecha

La Ley de Contrato de Trabajo prohíbe prohíbe cualquier tipo de discriminación entre las y los trabajadores «por motivo de sexo, raza, nacionalidad, religiosos, políticos, gremiales o de edad». Sin embargo, Barman apunta: «La brecha salarial es la punta del iceberg de algo mucho más estructural que explica esa desigualdad».

Añade: «La brecha salarial es el indicador que más se ve, pero simplemente visibiliza una estructura social de cómo organizamos el trabajo, las tareas de cuidado, los trabajos domésticos. Eso después tiene su correlato en el mercado de trabajo y en la brecha salarial».

Los datos presentados en el informe de la UNR evidencian la persistencia de desigualdades estructurales de la ciudad de Rosario y la región que atraviesan múltiples dimensiones de la vida social, económica y laboral de las mujeres. En primer lugar, marca una distribución desigual de las tareas de trabajo no remunerado —domésticas y de cuidado—. En el Gran Rosario, de las personas que realizan las tareas del hogar, 7 de cada 10 son realizadas por mujeres.

«Eso ya nos pone en un en un plano de desigualdad porque son menos horas en el día que podemos destinar al trabajo remunerado. Por eso las mujeres tienen un menor nivel de actividad: las que participan en el mercado de trabajo son cinco de cada diez, mientras que los varones son siete de cada diez», indica Barman.

Agrega también que esa situación hace que la inserción de las mujeres en el mercado de trabajo sea «bastante más precaria» o que se desempeñen en áreas que permiten mayor compatibilización entre el trabajo remunerado y el no remunerado. Por ejemplo, el sector de la educación, de la salud o de las tareas de trabajo doméstico en hogares particulares.

Un informe de la red Acuerdo Nacional por los Cuidados indica que, respecto del trabajo diario no remunerado, las mujeres destinan 6.31 horas y los varones, 3.40. Pero frente al trabajo en una ocupación productiva y remunerada, las mujeres dedican 7.34 horas y los varones, 9.06 horas.

«Aquellas que pueden insertarse en trabajos de carga horaria completa o en sectores más productivos o con mayores ingresos, enfrentan más dificultades para llegar a puestos jerárquicos. Son los famosos ‘techos de cristal’ o ‘pisos pegajosos’, que hacen que las mujeres se queden en posiciones no jerárquicas», añade Barman.

Esto se debe, explica, a que, al momento de tener hijos, las mujeres tienen una penalización mucho más alta que los varones, por las licencias que ambos tienen. En el caso de los varones, es de dos días. En el de las mujeres, es mucho más amplia. También marca «cuestiones ligadas a la subestimación que se hace de las mujeres en determinados espacios de trabajo».

La organización social del cuidado, en emergencia

Lucía Cirmi es economista e integrante de la organización Futuros Mejores. En diálogo con El Ciudadano, destaca que «durante el gobierno de Milei la brecha salarial creció del 25 al 29%».  E indica múltiples motivos: los despidos en el Estado y el congelamiento de esos salarios: «Todo lo que es trabajo estatal es un trabajo que, en términos relativos, está feminizado». Agrega que las trabajadoras de casas particulares también perdieron empleo y poder adquisitivo (aproximadamente el 20%). También afectó a las mujeres el recorte de políticas públicas.

«Toda interrupción de políticas de igualdad explica también por qué se amplió esa brecha. Para cerrarla, necesitás políticas de cuidado igualitarias como condición necesaria, pero también políticas igualitarias hacia dentro del mundo productivo», expresa.

La carga de trabajo no remunerado hace que las mujeres tengan una jornada más extendida. Esto, más las condiciones y tipos de trabajos (remunerados) en los que se ocupan las mujeres explica la brecha de ingresos entre unos y otras a lo largo de la vida, y las barreras para acceder a una jubilación.

El informe denuncia que «hoy la organización social del cuidado está en emergencia». Señala: «Mientras aumenta exponencialmente el costo de vida y el endeudamiento de las familias, mientras crece el hambre, el abandono en salud, las políticas públicas de cuidado fueron debilitadas, desfinanciadas o directamente desaparecieron. Se destruyeron 48 de 50 políticas de cuidado».

Y advierte que, con un Estado ausente, los cuidados recaen de manera desproporcionada sobre las mujeres. «Esta organización profundiza las desigualdades sociales y de género, hace crecer la pobreza y la indigencia feminizada e infantilizada, limita la autonomía de quienes cuidan y deteriora las condiciones para sostener la vida», concluye.