Rosario, lunes 24 de agosto de 2026
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Rosario, lunes 24 de agosto de 2026

Terapias de conversión: sobrevivientes denuncian abusos y lanzan una plataforma web de contención

Gastón Onetto sufrió torturas psicológicas por parte de un profesional matriculado que intentó curar su homosexualidad. Hoy, junto a otras víctimas, impulsa la agrupación Nada Que Curar para brindar apoyo y exigir normativas que erradiquen estas prácticas en el país
Nada Que Curar-plataforma web de contención

Gastón tenía 18 años cuando buscó orientación vocacional y terminó sin saberlo en una «terapia de conversión». Un psicólogo lo convenció de que su homosexualidad era una patología que debía eliminar con represión. Más de una década después, entendió el trauma que le había generado y lo transformó en acción colectiva: creó una obra de teatro, denunció al profesional y, recientemente, junto a otras víctimas idearon Nada Que Curar, una red de acompañamiento que cuenta con una plataforma web integral. El sitio denuncia que las llamadas «terapias de conversión» siguen operando en la clandestinidad, y ofrece a las víctimas testimonios, material para repensar la fe sin culpa y un directorio de profesionales de la salud. El objetivo es contener y acompañar entre pares, al tiempo que exigen la sanción de leyes que prohíban este tipo de prácticas en Argentina. Este sábado, los sobrevivientes de estas terapias se reunirán por primera vez en Rosario. Fueron invitados por Cristian Alarcón a participar de la obra de teatro Testosterona, escrita y protagonizada por el periodista y escritor y dirigida por Lorena Vega, que se present a las 20 en el Centro Cultural Parque España, en el cierre de El Otro Festival.

De la consulta vocacional a la violencia psicológica 

Gastón Onetto vive en Santa Fe, es psicólogo y artista. Tenía 18 años cuando una consulta de orientación vocacional, derivó en una terapia de conversión. “El psicólogo era cristiano y, cuando le comenté que estaba viéndome con un chico, empezó a construirme un problema. Me traía libros, textos e informaciones que patologizaban la homosexualidad. Lo nombró como «quebrantamiento de género» y me logró convencer de que yo estaba atravesado por ese problema, cuando nunca antes lo había percibido como una patología”, recordó.

Gastón confió al tratarse de un profesional de salud mental. «Quebrantamiento de género» fue el diagnóstico que le dio junto con una serie de mecanismos para “eliminar o limitar” el “estilo de vida gay”: no escuchar determinada música, no tener amigos homosexuales, evitar “cosas femeninas” como peinarse, mirarse al espejo o prestarle atención a la estética, deshacerse de ropa de colores, de los shorts muy cortos, hasta de la ropa interior, o de accesorios. “Es casi un atentado a la inteligencia, pero en ese momento lo creí y pensé que me iba a ayudar. El psicólogo decía que había tres causas: un abuso sexual que yo no recordaba, una figura debilitada del padre, o una figura entrometida de la madre”, señaló. 

El profesional lo contactó con la organización Ministerio de Restauración —que tenía vínculo con otras dos internacionales: Desert Stream y Exodus— para participar de un «campamento de reconversión» en las afueras de la ciudad de La Falda junto con otras 200 personas, entre las que había hijos de pastores, sacerdotes, mujeres y varones de diferentes lugares de Latinoamérica. “Fue muy fuerte para mí. Empecé a notar que la gente no cambiaba, que podía reprimir su conducta, pero la sensación interna y el sentimiento no se modificaba. Entonces comencé a cuestionarme todo”, recordó. El psicólogo le había prohibido hablar del tema con su familia y solo podía mencionarlo frente a tres amistades del círculo eclesiástico. Una de ellas le dijo que lo veía triste y que había dejado de reír. Gastón coincidió: se sentía angustiado. El psicólogo, mientras tanto, optó por ofrecerle medicación. “Yo no accedí y entendí que no era el camino. Entonces decidí abandonar la terapia”, señaló. 

El fin del silencio 

Una década después Gastón entendió las consecuencias de aquello que vivió. Estaba de viaje con un grupo de amigas y amigos en la ciudad de La Falda cuando sin querer se topó con el hotel que visitó en la adolescencia. La imagen lo impactó y rompió en llanto. “Cuando lo vi, me quedé atónito. Le conté a mis amigas y empecé a llorar de una manera muy rara. No sé si se lo había contado a alguna persona antes. Era como si nunca hubiese podido ligar el afecto con el recuerdo. El hecho de ir, ver el lugar en 2014 y hablarlo con amigas me angustió mucho”, recordó.

En 2019, en un encuentro de circo en Córdoba, Gastón conoció a un chico quien le mostró un flyer sobre un campamento del Ministerio de Restauración, el mismo que él había visitado años atrás. “Cuando lo vi, con los mismos logos, me transformé. El chico se mataba de risa, no sabía lo que yo había vivido. Ahí tomé conciencia de todo lo que había atravesado y de que no quería que esto siguiera pasando porque había sido muy traumático”, aseguró Gastón, quien comenzó a buscar información sobre este grupo y descubrió que seguía funcionando en el país. “Se había sancionado la ley de matrimonio igualitario, de salud mental —que dice que no se pueden establecer diagnósticos según la orientación sexual—, y la ley de identidad de género. Todas estas leyes nos colocan a las personas de la comunidad LGBTI en una ciudadanía más plena, pero aún esta gente siguió actuando por debajo, como si nada”, agregó.

En la búsqueda de información, Gastón advirtió que la organización Exodus había cerrado y los dirigentes habían pedido perdón a la comunidad, mientras que Desert Stream seguía operando, aunque había tenido muchas demandas, por lo que se habían mudado de Estados Unidos a Inglaterra para tener mayor amparo judicial. 

“Retomé contacto con materiales que había guardado y empecé a crear algo artístico para poner en palabras lo que me había pasado y denunciar esta situación”, dijo sobre «La Cura, Memorias Invertidas», una obra de danza-teatro unipersonal autobiográfica que habla de las terapias de conversión. 

“La cura, memorias invertidas”: una denuncia a las terapias de conversión para la comunidad LGTBIQ+

La denuncia no quedó sólo en lo artístico. Gastón inició una demanda en el Colegio de Profesionales de la Psicología y en el INADI, con el patrocinio de la abogada María Laura Spina, pero no lograron una condena ya que la causa había prescripto. Sin embargo, el Colegio de Psicólogos se pronunció sobre este tipo de terapias y las consideró “nocivas, iatrogénicas, y prácticas de tortura, como las denomina la ONU”.

“Tenemos conocimiento de que esto sigue pasando ahora. Por eso es importante seguir visibilizándolo”, destacó. A partir de la mediatización del caso, muchas otras personas de diferentes ciudades del país se contactaron por redes sociales y comenzaron a reunirse para intercambiar experiencias. 

“Nuestros encuentros no son terapéuticos, sino de sostén mutuo. También para incidir en políticas públicas, disputar sentido, instalar el tema y visibilizar que esto sigue existiendo porque entendemos que es una práctica de crueldad y una lesión a los derechos humanos”, contó sobre el grupo Nada Que Curar, que integra junto con otras víctimas de terapias de conversión.

Nada Que Curar: contención como refugio 

Empezó como una cuenta de Instagram para hablar de deconstrucción y se transformó en una web con asesoría, acompañamiento e información. “El sitio tiene como objetivo acompañar a personas que están en contextos religiosos donde su orientación sexual es vista como un problema para que puedan encontrar paz en su identidad, saber que no están rotas, y empezar a construir una vida sin conflictos. Hacerlo solo es muy difícil, así que queremos acompañar. Vivimos la misma situación y tuvimos que reaprender un montón de cosas. Queremos ofrecer ese conocimiento para que sea más fácil el proceso”, contó Emi, uno de los desarrolladores del sitio.

Emi vive en Buenos Aires, tiene 43 años y es padre de dos niños. Creció en una familia cristiana evangélica y hace 4 años pudo “salir del clóset”. Desde que era chico escuchó que la homosexualidad era un pecado y Dios no la aceptaba. Le hablaron de sanidad, liberación y hasta de oraciones para que “la homosexualidad se vaya”. De adulto, integró un grupo de terapias de conversión que hablaban de sanidad del alma y de quebranto de género. “El objetivo era mostrar que tu orientación sexual está mal y la tenés que cambiar. Cuando hablamos de «terapias de conversión» hablamos de cualquier religión o contexto, inclusive no religioso, que vea a tu orientación sexual como un problema y que tome acciones para querer cambiarlo”, explicó. 

El sitio web incluye pasajes de la Biblia, historias personales, normativas vigentes y algunas estadísticas, junto con una guía de profesionales de salud que pueden asesorar a quienes lo necesiten. Además, cuenta con un botón de salida rápida para mantener la privacidad.

“No estamos ofreciendo un acompañamiento terapéutico profesional. El objetivo de Nada Que Curar es un acompañamiento entre pares. Entendemos que necesitás un amigo, un compañero, alguien con quien putear, hacer catarsis, hacer preguntas, reaprender. El psicólogo definitivamente te va a ayudar, pero hay otras cosas que se dan en un ambiente de amistad y compañerismo, de cotidianidad, de compartir, de no solo hablar del dolor que tenés, sino también de celebrar lo que te va pasando: «Conocí a un chico, a una chica, me puse de novio». Esas cosas que no tuvimos en nuestra adolescencia, que tuvimos que tapar y que ahora podemos disfrutar sin culpa”, agregó Emi. 

“Lo nocivo de estas terapias es que te hacen elegir entre tu orientación sexual, tu identidad de género o tu fe, sin entender que hay muchísimas posibilidades de conciliación. Las terapias de conversión se ofrecen muy vilmente como la única manera de conciliar, pero en realidad buscan subsumir la sexualidad a la vida de fe. En la página hay muchos materiales que permiten pensar otros tipos de fe, entender qué son las terapias de conversión, leer testimonios y diversos materiales que pueden ayudar en esta búsqueda”, explicó Gastón.

Si bien en el sitio las historias narradas tienen protagonistas varones, reconocen que también se contactaron mujeres que atravesaron este tipo de experiencias. El objetivo con el tiempo es relevar información de situaciones y casos similares para visualizar la magnitud de este tipo de terapias. 

“Da mucho miedo contar esta experiencia. Logré entender que la homosexualidad no era pecado, pero no salí del clóset durante años. Es una deconstrucción de valores que va en contra de una estructura de creencias. Tenía miedo de que asumir mi sexualidad me quitara la espiritualidad. No es así. Acá hay gente con la que podés hablar de tus dudas, ser inconsistente, incoherente, porque la confusión es parte del proceso. Reaprender toma esfuerzo cognitivo y emocional, y hacerlo solo, a veces, es incluso imposible. Va a ser doloroso y confuso, pero ¡hay tanta paz del otro lado! Y tanta autenticidad, que vale la pena”, destacó Emi y aclaró que el objetivo no es que las personas cambien sus valores: “Para quienes tienen una orientación sexual que está siendo atacada ofrecemos un lugar donde refugiarse, sentirse seguros, y ser plenos. No hay nada que curar. No hay nada roto. Pero sí hay mucho que reaprender, y para eso estamos”. 

En la actualidad, el grupo impulsa leyes en relación con las terapias de conversión. Gastón mencionó una iniciativa en Capital Federal y otra a nivel nacional, del diputado Esteban Paulón, para limitar, erradicar y sancionar las terapias de conversión, pero esta última aún no fue tratada.