Rosario, domingo 30 de agosto de 2026
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Rosario, domingo 30 de agosto de 2026

Chubut como espejo: el silencio, la mentira y el vaciamiento moral de la política

La manipulación del discurso, el atraso salarial frente a las provincias vecinas y la declaración de servicios esenciales como herramienta para cercenar el derecho a la huelga exponen una crisis estructural que excede lo económico
Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Por Carlos G. Gómez (*)

El silencio y la mentira son las dos herramientas predilectas de la política contemporánea desde que los totalitarismos del siglo XX perfeccionaron la manipulación de masas y el control de la propaganda. En América Latina fue donde mejor se aprendió esa metodología, adaptada bajo distintos disfraces partidarios: fotos con niños en brazos, promesas de campaña jamás cumplidas, saqueo crónico, venta del territorio camuflada de «progreso e inversión», desprecio por la educación con sueldos paupérrimos para los docentes y un sistema de salud de primer nivel reservado para los sectores de mayores ingresos.

Para no quedarnos en abstracciones, miremos un caso concreto: Chubut. En una provincia con apenas 600.000 habitantes, no hay suficientes escuelas técnicas y la infraestructura escolar arrastra un abandono histórico, sin mantenimiento y sin equipamiento tecnológico básico. La brecha salarial es un escándalo: un docente en Chubut cobra la mitad que uno en Río Negro y hasta tres veces menos que un colega en Neuquén por la misma carga horaria. Y vale aclarar que en esas provincias vecinas también se lucha y se reclama, lo que da la pauta de la miseria salarial que se vive acá.

Se cierran paritarias sin consultar a las bases y la dirigencia sindical festeja aumentos insignificantes en cuotas como si fueran victorias históricas; son cómplices de la farsa. Los legisladores se refugian en el silencio: apenas balbucean que el ministro de turno no responde los pedidos de informe y luego callan. En el interior provincial, los hospitales carecen de especialistas y de insumos de mediana complejidad, mientras el personal de salud cobra sueldos tan castigados como los de la educación. Las rutas provinciales y nacionales son una trampa mortal. Todo parece naturalizado bajo promesas eternas de obras que nunca llegan.

Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org
Fotos de Aníbal Aguaisol /lavaca.org

Gran parte de los medios de comunicación, condicionados por la pauta oficial, bajan la cabeza: publican declaraciones oficiales sin repreguntar ni contrastar con el costo de vida real que golpea en el supermercado y que pulveriza cualquier índice oficial. Silencio y mentira aceptada. El timo perfecto. El trabajador —no el funcionario ni el empresario acomodado— vuelve a ser estafado. El político sigue cobrando dietas millonarias, sostenido por los mismos ciudadanos a los que ajusta. Esa es la verdadera traición a la democracia.

Para colmo, en Chubut se aprobó declarar a la educación y a la salud como «servicios esenciales», no para garantizar escuelas en condiciones o guardias equipadas, sino para cercenar de facto el derecho constitucional a la huelga. Se inocula el odio social contra los trabajadores que reclaman, aplicando al pie de la letra la máxima maquiavélica de «divide y reinarás».

Mientras tanto, la soga aprieta siempre a las mayorías y favorece a esa minoría privilegiada que nunca pierde. Llevamos décadas siendo timados. Quizás algún día la sociedad reaccione, o quizás no; cada pueblo termina definiendo su destino. Por ahora, prima la resignación ante gobernantes que llegaron con discursos de cambio y hoy gestionan con la misma impunidad. Cuando el engaño se naturaliza y la indignación se desgasta, la democracia no solo se empobrece en lo material: termina vaciándose moralmente.

(*) Residente de Lago Puelo, Chubut. Profesor en Ciencias Sociales.