Rosario, viernes 04 de septiembre de 2026
Search
Rosario, viernes 04 de septiembre de 2026

Desde la tribuna: la obligación de darle algo a la gente en un ciclo que está agotado

Central no es una tribuna, Central no es un plantel, Central no es un entrenador, Central es su gente, su pueblo, sus colores, ese espíritu arraigado de muchos que se vuelven una voz. Y el pueblo ya habló. Puede equivocarse, claro, pero ya habló
Desde la tribuna: la obligación de darle algo a la gente en un ciclo que está agotado

Por David Ferrara, foto de Juan José García

La historia de Jorge Almirón en Central es cosa juzgada. Así como sucederá con la mayoría de sus jugadores fetiche (Pizarro, Copetti, Pol) el tiempo decantará su pasaje por Rosario una vez que Gonzalo Belloso decida terminar con su capricho y entender su propia frase, esa de que nadie está por encima de Central.

Central no es una tribuna, Central no es un plantel, Central no es un entrenador, Central es su gente, su pueblo, sus colores, ese espíritu arraigado de muchos que se vuelven una voz. Y el pueblo ya habló. Puede equivocarse, claro, pero ya habló.

Lo único que queda por ver es el cuándo y el cómo. Si es después del clásico, después de la final con Estudiantes o después del cierre del Clausura y la general. Que quede claro: a pesar de Almirón, Central tiene equipo para ganar todos y cada uno de estos objetivos. Y detrás de eso habrá que estar firmes, apoyando, pero también exigiendo. Central descendió por años de aplausos símil foca a jugadores horripilantes, entrenadores a los que no les importó el club y dirigencias pésimas. El no criticar desde ya es perjudicial.

Pero el cómo de la despedida puede ser con algo en el bolso, con un clásico de mínima, con un título de máxima. Algo para devolverle a la gente que se enamoró de la expectativa de la «vara alta» que también marcó el presidente cuando eligió que no siga Holan con esa mano dura y postura inflexible que sacó del club a jugadores que sí le dieron cosas a la gente como Quintana, Broun o Malcorra. Y que claramente no muestra con, por ejemplo, un Copetti que a esta altura tras la última falta de respeto debería estar cortando el césped en la Ciudad Deportiva. Ni siquiera un gol en el clásico cambiará ya el veredicto que dio la gente.

El clásico puede ser un bálsamo. Puede ser un respiro. La final contra Estudiantes puede ser devolver algo, pagar la deuda a tanta ilusión desperdiciada en años formidables del club que, es justo decirlo, Belloso fue determinante en generar. La despedida también puede ser dulce.