Rosario, lunes 07 de septiembre de 2026
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Rosario, lunes 07 de septiembre de 2026

Messi y el adiós a la Selección: el rey lloró y contó su dolor

Messi le dijo adiós a la Selección con una carta de puño y letra. Un gesto de resistencia, cuando se habla del fin del papel
Messi y el adiós a la Selección: el rey lloró y contó su dolor

Gustavo Grazioli / Especial para El Ciudadano

En el minuto 10 todo se detiene para homenajear(lo) a Messi. Las tribunas se convierten en el aplausómetro de esta fecha 8 del Clausura y el nombre del rosarino se mete en todas las bocas del fútbol argentino (y mundial, sin dudas). La consigna fue lanzada por AFA a modo de agradecimiento por todo lo hizo y dejó en la Selección en estos 20 años, en los que sin dudas no faltó nada y mucho menos épica. Fue el camino de un rey que no se hizo a base de poder, sino de acciones. Un líder silencioso, lacónico, que, en el uso de la jerga del picado con amigos, se puede decir: “La dejó chiquita”.

El 10, otro más y no uno cualquiera. Otro hombre pegado a la pelota de cuero, la extensión de una zurda eterna, en continuidad de Maradona, pero con su estilo único, dejándole la estampita al de Villa Fiorito. Sacándose todo el peso de tener que ser como él, aunque en algún momento se lo hayan reclamado. Su función en la cancha se volvió irreproducible, propiedad exclusiva del portador. Un ilusionista con un truco increíble: que la pelota parezca atrapada en su botín. Más lento ahora, más rápido antes, la pregunta es cómo hace.

Es tan sorprendente que muchos creen que es familiar de Spiderman y puede poseer la pelota con el poder de lanzar telarañanas. Al menos, parece haber sembrado esa duda; incluso creció después del vídeo que publicó Jonás Gutiérrez, en el marco de una concentración en el Mundial de Sudáfrica 2010, en el que Martín Demichelis y Maxi Rodríguez no entienden como ese joven con look de película para adolescentes, sentado en una silla, no puede desprenderse de ese cuero inflado que da saltitos en sus pies y luego pasa a su cabeza sin escalas, para volver al lugar de origen sin tocar el piso.

“Tiene almacenadas las jugadas en su hard disc y le importa tres pitos ser original, las puede repetir a la perfección como lo hizo con el gol que le hizo al Getafe, calco del que le hizo Diego a los ingleses. Qué importa que no valiera lo mismo, y fuera con un equipo inferior. Messi sabe que el «aura» puede estar ahora en la reproducción técnica y no en el original. También incorporó —lo sepa o no— una tradición futbolística que, para mí, un neófito del fútbol, fue la última revolución que dio el fútbol mundial: la que inició Rinus Michels en Holanda y tuvo como abanderado a Johan Cruyff”, escribe Fabián Casas en Lionel Messi y el estilo tardío, texto que está incluido en su libro “El libro del karate imaginario y otros relatos”.

Messi le dijo adiós a la Selección con una carta de puño y letra. Un gesto de resistencia, cuando se habla del fin del papel. “Mientras tanto alzo mi voz al viento/ con la esperanza de llegar hasta vos/ para decirte hoy todo lo que siento/ de puño y letra y con el corazón”, canta Eli de Los Gardelitos y es lo que se representa en esta carta de despedida.

Sinceridad en tiempos de locuacidad sin sentido. Se lleva la mano al corazón, se ven las lágrimas caer sobre el papel, pero no hay vuelta atrás. El calendario pasa para todos, aunque parezca que todo fue ayer nomás. Las canchas ya no serán el escenario de lo impensado. En un juego tan calculado, era esa cuota de insolencia y de esperanza por lo que ya no se ve. Su ausencia de la Selección dejará de ser la posibilidad de soñar despiertos.

Más allá de que la tipografía busque ser imitada para su utilización con otros fines por los fanáticos o tan solo como un mero acto de no quedarse afuera de algo (cool), como se hizo con la de la famosa bandera de “Las Malvinas son Argentinas”, en las palabras de Messi hay corazón. No importa cómo quieran comerciarlas. Es la tinta de un diario penoso y sentido por tener que decir hasta acá, sin poder revalidar la Copa del Mundo. “Me vacié, ya no tengo más para dar…”, escribe en una parte de la misiva. “El rey lloró y contó su dolor”, diría un joven Litto Nebbia.

A los 10 minutos todo se detiene. Los partidos del fútbol argentino hacen una pausa y no para refrescarse, solamente para decir(le) “gracias”. Así como lo hace Argentinos Juniors con Maradona cada vez que juega de local, cuando se cumplen los 10 del partido y los aplausos se suman a corear el Diego, Diego, le llegó el turno a Messi. El jugador que estiró la cuerda de lo posible y se despachó con dos Copa América y un Mundial. El líder que terminó sus hazañas caminando, sin las explosiones de cambio de velocidad, pero con un poder de visión para los pases que cualquier superhéroe de Marvel envidiaría. En los momentos que tuvo que estar en el último mundial, cuando la pelota era una papa hirviendo, las pedía todas y las aguas se abrían. El Messias, así le decían.