Los antiguos buzones cilíndricos de fundición, que fueron colocados en la ciudad por el entonces Correo Central entre fines del siglo XIX y principios del XX, están a un paso de ser declarados patrimonio histórico de Rosario. Para ello sólo falta que el Ejecutivo realice un relevamiento de las unidades que aún siguen en pie y que luego la intendenta Mónica Fein reglamente la ordenanza aprobada por el Concejo Municipal, que se basó en una iniciativa del grupo de Facebook “Basta de demoliciones”.
Algunos receptáculos, que hasta hace aproximadamente una década se seguían usando para depositar cartas, son usados actualmente como depósito de basura. Muchos otros fueron blanco de actos de vandalismo y hasta un vecino aseguró que le “vendieron un buzón” en un anticuario y decidió ponerlo en el jardín de su casa, ubicada en 1º de mayo al 1200.
Los impulsores del proyecto contaron a El Ciudadano que recorrieron “toda la ciudad” y estimaron que quedan alrededor de 30 unidades en distintas esquinas.
La idea de “Basta de demoliciones” para que los concejales tomaran en consideración su pedido, en pos de la preservación de los buzones, carga con una historia de numerosas recorridas por las calles de Rosario y también de estudios por parte de expertos en la materia como es el caso del ingeniero mecánico y arqueólogo en metal Adrián Pifferetti, con quien trabajaron a la par, entre otros, la terapeuta ocupacional Cristina Dagatti y Ana María Ferrini, profesora de Letras jubilada, portadora de un gran ímpetu y una de las principales impulsoras de las actividades del grupo sobre el cual, contó la mujer, “logró pasar de internet a la acción”.
La fuerza el espíritu
“Basta de demoliciones” surgió en 2010, cuando Ferrini comenzó a tomar fotos de fuentes, edificios, plazas, iglesias, relojes y otros objetos a los cuales consideraba de un importante valor histórico, artístico y patrimonial, publicándolas después en el grupo que creó en Facebook.
“Eran imágenes con cierta intencionalidad, porque la palabra «basta» ya tiene cierta fuerza; pero lo cierto es que me movilicé, conmovida y angustiada por todo lo que vienen tirando abajo en las últimas décadas”, confesó.
Así, el primer álbum que subió a Facebook fue sobre unas 200 rejas fabricadas por un arquitecto rosarino fallecido. “Eran realmente hermosas: las hubo en la galería Krass, que ya no está más, y en una de las sucursales del bar La Vendetta, donde también las retiraron”, recordó.
El segundo compilado de imágenes fue sobre las casas de Art Nouveau, al que le siguió otro sobre Art Decó. “Después, ya hice una suerte de compulsión”, confesó.
Durante el período en que Ferrini iba tomando imágenes de casas, frentes y edificios, se sumó cada vez más gente al grupo que formó en Facebook. Si bien el uso de la redes sociales suele disparar la polémica acerca de que la actividad virtual puede contribuir al status quo, dándole un simple “Me gusta” en Facebook o hacer click en “Asistiré” a un evento al que tal vez nadie vaya, el caso de “Basta de demoliciones” generó una situación atípica y, en ese aspecto, su creadora aseguró: “Hoy somos más de 3.500 miembros y se pasó de lo virtual a lo real”.
Los buzones no se venden
Entre algunas de las acciones del grupo para afianzar su proyecto se debe mencionar la presentación de una emotiva carta en el Concejo Municipal para declarar patrimonio histórico a los antiguos buzones cilíndricos. Además, a mediados del mes pasado se organizó un evento a través de Facebook al que llamaron “Buchoneá un buzón” y que consistió en que la gente aportara datos sobre la ubicación y el estado de los objetos.
Según contó Piffaretti, el relevamiento de los buzones que actualmente siguen en pie en la ciudad se hizo en base a datos extraídos de uno de los libros del fallecido historiador rosarino Héctor Zinni, en el cual publicó que, a finales de 1940, había alrededor de 170 unidades distribuidas en las distintas seccionales.
Actualmente, de acuerdo al relevamiento realizado por Basta de demoliciones, son cerca de 30 los buzones que aún sobreviven, aunque en pésimas condiciones.
Con el paso del tiempo y el arribo del Correo Argentino en la década del 90, a lo que luego se le agregó la llegada de internet y la comunicación virtual, los envíos de cartas escritas de puño y letra, como también postales o tarjetas navideñas, se fueron perdiendo.
“Hoy –aseguró un cartero– nada más entrego en los domicilios facturas del cable, cartas documento de abogados y, en menor medida, revistas. Las cartas manuscritas ya casi ni se ven, capaz que pueda encontrar una entre mil en toda la correspondencia. Y siendo muy generoso”.
Experiencias para olvidar
A principios de marzo del año pasado una pareja se llevó un buzón cilíndrico de la esquina de Santiago y Córdoba. El hecho fue registrado por varios testigos que les tomaron fotos al hombre y a la mujer cuando lo cargaban en el baúl de un Ford Focus. Las imágenes se difundieron rápidamente a través de las redes sociales, lo que posiblemente hizo que el autor de la fechoría se entregara esa misma tarde a la Justicia y devolviera el objeto robado.
En la ocasión intervino la fiscal Raquel Almada, quien oportunamente señaló que se trataba de un buzón perteneciente al Correo Argentino, por lo cual “el arrancamiento del elemento es un hecho de robo que implica un mes a seis años de prisión”.
Ana María Ferrini, en diálogo con El Ciudadano, recordó aquel hecho con indignación y dijo que “la frutilla del postre” fue el encontrarse, durante una de las recorridas del grupo “Basta de demoliciones”, con un buzón cilíndrico en el jardín de un coqueto chalet céntrico. “Así fue que llegamos a la conclusión de que no se podía hacer nada para preservarlos porque no eran patrimonio histórico, y decidimos llevar adelante la iniciativa”, concluyó Ferrini.
