Género

A 40 años del primer Encuentro Nacional de Mujeres: “Se sostuvo porque desencadenó un movimiento que no para”

El primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en la ciudad de Buenos Aires en 1986. En la previa del Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binaries que se realizará en Córdoba, activistas feministas recuerdan los hitos de una cita que crece año a año en convocatoria y en propuestas políticas

Cuarenta años de viajes, de mates compartidos en colectivos donde viajan también cantos, consignas, preguntas sobre qué es esto del “Encuentro”. Cuarenta años de llegar desde diversas provincias a geografías nuevas. Cuarenta años de ciudades feministas, pobladas de pañuelos y de consignas, cuarenta años de Encuentros. Lo que comenzó en Buenos Aires en mayo de 1986, en la aurora democrática, se sostuvo durante cuatro décadas —gobierno tras gobierno— y no hizo más que crecer en convocatoria y en ejes abordados. Incluso, en el cambio de su nombre.

Los Encuentros Nacionales de Mujeres, hoy Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans y No Binaries, fueron el semillero de articulaciones federales, cuna de organizaciones que impulsaron avances legales en materia de género en Argentina. El caso de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, con su histórica marcha de pañuelos verdes en el Encuentro de Rosario en 2003, es uno de los ejemplos más visibles.

La primera cita fue en el Centro Cultural San Martín de Capital Federal. “No éramos muchas, no sé si llegábamos a mil”, dice Norma Sanchís, presidenta de la asociación Lola Mora. En esa ocasión se llevaron a cabo los primeros talleres. Fue el germen que motivó un nuevo encuentro al año siguiente, en Córdoba. Luego siguieron Mendoza, Rosario… “Y así durante 40 años de esta organización que cada vez fue más numerosa, más popular y más diversa, y que fue recorriendo todos los rincones del país”, agrega la militante.

Para Sanchís, “esto no solo modificó a las mujeres que participaron”. Explica: “En cada lugar, el Encuentro generó una especie de terremoto que abrió debates entre los vecinos, los medios locales, las iglesias, las fuerzas políticas, que trascendió a los barrios. Cada mujer que volvió a su barrio, a su casa, a su familia, volvió cambiada”.

Y agrega que Argentina tiene la posibilidad de mostrar, en cada Encuentro, “la capacidad de movilización frente a las violencias”.

Dora Barrancos es historiadora y también militante del movimiento feminista argentino. Sobre el surgimiento del Encuentro, señala: “Tuvo mucho efecto en Argentina un renacimiento planetario del feminismo que se dio en los años 60. En Argentina eso quedó ‘en demora’ debido al terrorismo de Estado”. Pero a nivel internacional, ciertos hitos internacionales como el Encuentro de Nairobi, tuvieron un impacto grande en un grupo que ya se identificaba con el feminismo. El retorno de la democracia abrió la ventana de las deudas pendientes del Estado. Entre ellas, la equidad entre varones y mujeres.

Esos años 80, con mujeres que retornaban del exilio y con las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que ya ocupaban las calles en búsqueda de sus hijos e hijas, fueron el clima de época de una instancia anual que se replica todos los años (solamente no se realizó en 2020 y en 2021 por la pandemia de Covid-19). Hoy es única a nivel regional, por su forma organizativa y capacidad de convocatoria.

El próximo encuentro se realizará este fin de semana en la ciudad de Córdoba.

Encuentros e identidades

Consultada sobre por qué el Encuentro sostuvo el nombre “de mujeres” en lugar de llamarse “feminista” (aunque feministas fueron sus orígenes), Barrancos marca: “Primero las mujeres se movilizan como mujeres y luego se imprime una identidad que es una ruptura, que no se da de la noche a la mañana. Lo que puede haber hecho cada encuentro es convertir al feminismo a muchas mujeres, pero para mí no es inexorable. Deseamos que muchas se transformen en feministas, pero lo que necesitamos son mujeres insumisas. La nomenclatura puede venir después”.

Señala: “Los encuentros nacionales, con el nuevo perfil tan amplio, tan integrado que tiene, tienen fuertes reverberancias en este momento. Es una expresión muy de abajo, que no ha tenido hegemonías, donde ha habido disputas, pero eso es otra cosa. De esa horizontalidad, de esa cuestión de base, han salido lo organizativo y propósitos mucho más plurales”.

A lo largo de los años, dice Barrancos, “ha podido observarse la diversidad extraordinaria en una conjunción que reúne a todos los feminismos y que es la conjunción emancipatoria”.

El nuevo nombre

En el encuentro de 2019, en La Plata, se resolvió el cambio de nombre. Ya no era “nacional”, sino “plurinacional”. Y ya no era “de mujeres”, sino de “mujeres, lesbianas, travestis, trans y no binaries”. Esa modificación fue (es) parte de un proceso de reconocimiento del movimiento en su diversidad. Implicó reconocer que no existe una única nación en Argentina; como tampoco una sola identidad sexo-genérica que pueda sintetizarse en la palabra “mujeres”.

Recién en 2013, en el Encuentro de San Juan, travestis y trans tuvieron su taller reconocido formalmente por la Comisión Organizadora. La Comisión Organizadora es un grupo autoconvocado de activistas del lugar donde se realizará el Encuentro; su rol es garantizar las condiciones logísticas para que el mismo se lleve a cabo. La inclusión del taller en el Encuentro de San Juan también fue fruto de la militancia trava en el marco de los Encuentros. Actualmente, el movimiento travesti-trans convoca a una marcha en la primera tarde de los tres días, para visibilizar el reclamo al Estado y a la sociedad ante los transfemicidios y los discursos de odio.

María Pía Ceballos, activista travesti-trans afroindígena salteña, integrante de Mujeres Trans Argentina, contaba en 2020 que vivió situaciones de violencia discriminadora durante los Encuentros. “Me bajaron del ómnibus que debía partir hacia el Encuentro de San Juan (2013) porque no había hecho el cambio de nombre en el documento de identidad. En el Encuentro siguiente (Salta 2014) fueron terribles las discusiones. En aquella oportunidad, yo formaba parte de la comisión organizadora. Las transexcluyentes querían impedir que inscribiésemos participantes del Encuentro en las sedes de nuestras organizaciones travestis-trans. Pero finalmente lo hicimos”. En esa lucha resulta inevitable recordar a Lohana Berkins y su legado.

Miriam Lempe pertenece al Pueblo Mapuche. Es secretaria de Relaciones con los Pueblos Originarios de la CTA Autónoma. En mayo de este año, la Colectiva Feminista realizó una jornada conmemorativa de los 40 años del primer Encuentro en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.

Allí Lempe sostuvo: “El camino de los pueblos originarios dentro del feminismo, dentro de los Encuentros de Mujeres, no ha sido tan fácil. Se han generado grandes debates porque es como encontrarse en la génesis misma de la conformación de este Estado. Hablamos del genocidio de los 30.000 desaparecidos, hablamos del genocidio de Palestina, pero no hablamos del genocidio de los pueblos originarios de la Argentina”.

Luego brindó una serie de hitos de ese proceso. “En los primeros años se hablaba de la mujer india y de la mujer aborigen. En 1991 en Mar del Plata y en 1992 en Neuquén los talleres se centraron en el quinto centenario de la conquista. Fue muy fuerte para nosotras las hermanas, porque por primera vez se podía hablar de nuestro genocidio”.

En 2002 en Salta el taller sobre mujeres de los pueblos originarios pasó a llamarse “Mujeres Originarias”. Y en 2003, en Rosario, tomó el nombre que mantiene hasta hoy: “Mujeres de los Pueblos Originarios”. Primero eran pocas, comentó Lempe, pero después empezaron a participar más mujeres de los diferentes Pueblos, que traían las denuncias de la violencia institucional, los desalojos, la contaminación de los territorios y la criminalización de la protesta.

“La palabra ‘plurinacional’ es reconocer la preexistencia de los pueblos originarios. Este es un punto de inflexión de las voces originarias que ocupan un lugar central en la escena pública”, subrayó la militante. E indicó: “En Argentina hay 40 pueblos originarios y las mujeres originarias somos diversas dentro de nuestra concepción filosófica”.

Los Encuentros en Rosario

La militante feminista Mabel Gabarra, integrante de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y de la Asamblea Lesbotransfeminista de la ciudad, también fue una de las primeras participantes de los encuentros. “En aquella época el movimiento estaba en crecimiento, con una esperanza muy grande de lograr lo que se estaba pidiendo. Había una movilización muy entusiasta”, señala. Y marca que es un espacio de encuentro que fue creciendo y convocando, cada vez, a nuevas generaciones.

Los encuentros duran tres días; en los dos primeros se realizan los talleres. Son el corazón del Encuentro. Podría decirse: su momento más íntimo. Allí cada persona puede contar sus historias personales, sus duelos, sus alegrías, las conquistas colectivas. Es un espacio cuidado, donde la palabra ajena se respeta e incluso para tomar una fotografía se pide permiso a quienes participan. Cada año, las temáticas de los talleres crecen y cada quien elige libremente en cuál participar. Puede ir a uno un día y a otro al otro día. Si un aula de una escuela (donde por lo general funcionan) se llena de gente, entonces se abre el mismo taller en otra aula. Porque en el encuentro hay espacio para todxs. Y si no lo hay, se genera.

Pero como lo personal es político, esas vivencias compartidas no quedan solo entre las paredes de las aulas. Allí lo íntimo se politiza, se vuelve debate público cuando, en la tarde del segundo día, la marcha del encuentro sale a las calles y por los canales de televisión. Allí aparecen las pancartas y las consignas: que vivas nos queremos, que deseamos tener el derecho a abortar, que nuestra propuesta política es la libertad con igualdad y dignidad. De norte a sur, en el campo y en la ciudad.

Gabarra recuerda el encuentro que se realizó en Rosario en 2003. “Fue cuando empezamos a usar los pañuelos verdes. Todavía no había empezado la campaña. Pero Católicas por el Derecho a Decidir trajo los pañuelos, hicimos una marcha que fue hermosa, donde teníamos todas los pañuelos verdes”. Y agrega: “Las mujeres se lo ponían y nació la necesidad de que la Campaña por el Aborto tuviera ese signo”.

Rosario también fue sede del Encuentro en 1989. En esa oportunidad, “hubo una guardería, fue algo novedoso. La guardería estaba atendida por mujeres, pero después estaban ‘hasta acá’ y llamaron a sus maridos, a sus novios. Hubo 56 niños y niñas en la guardería, que se llamaba ‘Así crecemos’. Los varones cumplían la misma función que las mujeres que estaban ahí”, relata.

En 2016 Rosario volvió a ser sede: fue el momento de mayor masividad hasta entonces (en pleno auge del movimiento Ni Una Menos). La marcha tuvo una gran convocatoria, que fue reprimida por la policía provincial mientras llegaba hacia el Monumento a la Bandera. En Santa Fe no fue el único lugar donde se vivió la represión. Por ejemplo, en 2015 en Mar del Plata, también hubo gases lacrimógenos al terminar la marcha.

La tensión con la Policía, la posibilidad de la represión, fue una constante en los últimos años, en la medida en que el Encuentro creció en convocatoria. En la historia del Encuentro también lo fue la tensión con el Vaticano y los sectores más conservadores del catolicismo, que rodeaban las catedrales rezando mientras las mujeres, lesbianas, travestis y trans marchaban. O que asistían a los talleres sobre aborto para agredir a las militantes en favor de ese derecho.

“El movimiento de las mujeres y las diversidades tiene plena vigencia”

La secretaria general de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, comenzó a participar de los Encuentros en 1994. Por ese entonces era referenta sindical de Ademys (sindicato docente de la ciudad de Buenos Aires). “En esos años los gremios no estaban tan involucrados en el feminismo y en la lucha por los derechos específicos de las mujeres”, recuerda.

En 1993 fue electa concejala de la ciudad de Buenos Aires por el Frepaso. “Ese lugar, el tercero de la lista, fue gracias a la ley de cupo que había sido acuñada por el movimiento de mujeres. Ahí empecé a entender un poco más y a conocer a las compañeras que habían luchado: a la red de mujeres políticas, donde habían luchado peronistas, radicales, intransigentes, socialistas, comunistas. Y ahí me invitaron a participar en este distintos ámbitos de debate político feminista”, relata. Así llegó al Encuentro que se hizo en 1994, en Corrientes.

En esa época se realizaron las reuniones preparatorias de la Cuarta Conferencia Internacional de Mujeres en Beijing. “Una compañera feminista muy querida, Cecilia Lipszyc, me vino a ver y me dijo: ‘tenés que viajar a Beijing porque sos representante del Frente, sos una de nuestras mujeres políticas’. Yo tenía mis nenes chiquitos, para mí era un esfuerzo enorme. Pero bueno, acordamos en casa con mi marido y viajé a Beijing. Allí vi un mundo de mujeres movilizadas por distintas temáticas. Volví transformada en una militante feminista”.

A lo largo de los años vio el crecimiento de la masividad en los encuentros. Considera: “Eso tiene que ver con que enraizó mucho el feminismo y el tema de los derechos de las mujeres en los sectores populares”.

Y agrega: “Creo que la crisis de los 90, el movimiento piquetero, las mujeres piqueteras, las mujeres de los barrios, las mujeres de los sindicatos participaron con mucha fuerza. El Encuentro se hizo masivo y se incorporaron más temas, como la reforma del Poder Judicial, la educación sexual integral, el aborto legal, la trata y la explotación sexual, la diversidad sexual y las mujeres de los pueblos originarios”.

Consultada sobre qué implica políticamente el Encuentro en la actualidad del país, reflexiona: “Implica la reafirmación de que el movimiento de mujeres y las diversidades tiene plena vigencia, de que es un movimiento que cada vez es más fuerte, más poderoso y que las leyes logradas no se van a poder derribar. Este movimiento de mujeres es muy potente, se ha unido además muchísimo con el movimiento de derechos humanos, con el movimiento de lucha por el ambiente y por los pueblos originarios”.

“Hoy el desafío es cultural”

Sanchis coincide en que el Encuentro Nacional de Mujeres de 1986 surgió en medio de la euforia, la apertura, el activismo, el optimismo y la esperanza de la apertura democrática. “Las mujeres que habíamos estado calladas recobramos la voz y empezamos a juntarnos, a organizarnos. Algunas volvimos de los exilios, otras que estaban presas salieron libres, otras que estaban en el exilio interno empezaron a subir a la superficie”, rememora.

Y destaca que muchas mujeres de países limítrofes vienen y participan de los encuentros “porque les resulta muy inspirador compartir con una multitud de mujeres tan diversas, tan plural y con tantos debates. Con tensiones, pero también con objetivos muy claros: producir un movimiento emancipador frente al patriarcado y frente al neoliberalismo, frente al capitalismo que las oprime”.

Sobre por qué se sostuvo el Encuentro por 40 años, indica: “Indudablemente, porque desencadenó un movimiento que no para, que sigue inspirando y se sigue reproduciendo aún en las peores condiciones: con gobiernos receptivos, que promueven derechos y con gobiernos represores y antiderechos como el que vivimos ahora”.

De cara al futuro, analiza: “Las nuevas generaciones se encontraron realidades muy diferentes de esas iniciales que comentábamos, pero siguen avanzando en sus propias organizaciones, en sus propios territorios y se siguen alimentando de todo lo adquirido y lo que falta por adquirir”.

Y concluye: “Hoy el principal desafío es cultural, es romper estos moldes culturales que nos están queriendo imponer: el individualismo, la meritocracia y el éxito; para poder volver a la solidaridad, a la construcción de tejido social, a la construcción de comunidad que nos permita avanzar hacia sociedades más justas”.

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