onald Trump y Andy Burnham volvieron a hablar por teléfono este lunes. En la agenda oficial aparecieron Ucrania, Medio Oriente y la situación económica, pero la conversación se produjo en un momento particularmente incómodo para Londres: pocos días después de que el presidente estadounidense pusiera bajo revisión la posición histórica de Washington sobre las Malvinas.
La guerra en Ucrania ocupó buena parte del intercambio. Trump y el primer ministro británico coincidieron en la necesidad de insistir con las gestiones para alcanzar un alto el fuego y evitar nuevas muertes.
La conversación se dio mientras los enviados estadounidenses Steve Witkoff y Jared Kushner mantenían contactos por separado con Vladímir Putin y Volodímir Zelenski, en el marco de los esfuerzos impulsados por Washington.
Medio Oriente fue el otro escenario de la conversación. El premier británico planteó la necesidad de avanzar hacia una salida que garantice la paz y la seguridad regional. Entre los puntos mencionados estuvieron la solución de dos Estados, la reapertura del estrecho de Ormuz y la necesidad de impedir que Irán acceda a armas nucleares.
La economía completó la agenda. Burnham destacó los indicadores recientes de crecimiento del Reino Unido y sostuvo que su gobierno busca instalar una imagen más favorable del país, aunque admitió que todavía hay problemas por resolver.
El tema que no apareció
Las Malvinas no fueron mencionadas en el comunicado de Downing Street sobre la conversación. La semana pasada, Trump había dicho que estaba “revisando” la posición histórica de Estados Unidos sobre la soberanía de las islas. Cuando le preguntaron si podía cambiarla, respondió que “siempre” revisa todas las posiciones, aunque no anunció ninguna decisión.
Milei aprovechó rápidamente esas declaraciones. En un momento en que la economía no muestra los resultados que el Gobierno esperaba y crecen las críticas a su gestión, las Malvinas volvieron a ocupar un lugar importante en el discurso oficial.
El Gobierno puso el foco en la soberanía argentina y en la explotación petrolera de las islas. Así, una disputa histórica con el Reino Unido pasó también a funcionar como una forma de cambiar el eje de la discusión, dejando en segundo plano los problemas económicos que complican a la Casa Rosada.
Las declaraciones de Trump le dieron a Milei una oportunidad para llevar la discusión al terreno internacional y mostrar un supuesto respaldo a la posición argentina. Mientras la economía sigue siendo un problema para el Gobierno, las Malvinas vuelven a aparecer como una bandera política.
Israel también mete la cuchara
Como si el escenario no tuviera suficientes actores, la cuestión Malvinas sumó además una intervención desde Israel. El ministro Itamar Ben Gvir reclamó que su país reconozca públicamente la soberanía argentina sobre las islas y sancione al Reino Unido mientras continúe la ocupación.
El planteo tiene un condimento particular. Una empresa israelí participa del proyecto petrolero que la Argentina cuestiona. Ben Gvir, además, acusó a Londres de explotar los recursos naturales del archipiélago.