Catenaccio en estado puro. Italia se coronó en la cita celebrada en Alemania 2006 con un equipo que fue de menor a mayor y que superó por penales a Francia en la recordada final del “cabezazo” de Zinedine Zidane sobre Marco Materazzi.
Fue la representación más cabal del fútbol que tanto le gusta a los italianos: todo el partido metido atrás y esperando para anotar de contra o en alguna pelota parada. Así se sacaron de encima al anfitrión en semifinales o también al maravilloso elenco galo en el duelo decisivo, que sin su gran figura y capitán fue perdiendo intensidad y terminó cayendo desde los doce pasos.
Ojo: tenía un equipazo Italia. Gianluigi Buffon era una verdadera garantía bajo los tres palos, al igual que Fabio Cannavaro en la última línea, en la cual se destacó Gianluca Zambrotta en el carril izquierdo. Gennaro Gattuso y Andrea Pirlo conformaron un doble cinco impresionante: el primero con un despliegue y sacrificio tremendo y el segundo conduciendo los hilos de un equipo que, a pesar de contar con cracks de la talla de Francesco Totti y Alessandro Del Piero en ofensiva, siempre se apoyó en sus referentes defensivos.
En la gran final enfrentó a un Zidane superlativo, que venía de bailar a Brasil en cuartos y tenía grandes compañeros como Thierry Henry, Lilian Thuram y Patrick Vieira.
¿Y Argentina? El combinado al mando de José Pekerma y capitaneado por Juan Román Riquelme cayó por penales ante una amerrete selección alemana que hizo poco para ganarle y se quedó con el triunfo por ese bendito “machete” del arquero Jens Lehmann en la definición desde los doce pasos. Pensar que fue el primer Mundial de un tal Lionel Mess.
Luego de ganar todo con la Juve, fue designado para conducir los hilos de la selección en 2004. Si bien le costó encontrar el equipo, lo cierto es que conformó una escuadra durísima, apoyada en sus principales referentes: Buffon, Cannavaro, Gattuso y Pirlo.
El jugador de la Juve le puso un cerrojo al arco de la Azzurra durante todo el Mundial y tuvo una destacada actuación en la gran final ante Francia, aguantando el empate ante un rival que a pesar de jugar con 10 por la roja a Zidane nunca dejó de inquietar.
El artillero de origen polaco se despachó con cinco tantos se erigió como el máximo goleador del certamen. En la cita de Sudáfrica 2010 anotó cuatro y en Brasil 2014 terminó con 5, convirtiéndose en el máximo anotador de la historia de los Mundiales.
El genial Zizu había jugado un torneo espectacular, conduciendo los hilos de un equipo que funcionaba a la perfección bajo su mando. En cuartos le pegó un baile tremendo a Brasil, pero en la final arruinó todo por calentón.
Fue la Copa con menos goles de la historia y rompió el récord de con mayor número de tarjetas amarillas (345) y rojas (28).
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