En las últimas horas, familiares, camaradas y amigos comenzaron a difundir una cadena de oración que rápidamente se extendió por distintas provincias del país. La imagen del joven policía, acompañada por un pedido de fe y esperanza, circula con intensidad entre integrantes de las fuerzas federales, donde la preocupación por su estado de salud es tan grande como el malestar por las circunstancias del hecho.
Según pudo saberse, Emilio Miguel Gómez Villafañe, oriundo de Santiago del Estero, presenta heridas de extrema gravedad y permanece bajo estricta atención médica. Su evolución es seguida minuto a minuto por sus seres queridos y por compañeros de distintas dependencias, muchos de los cuales desembarcaron en Rosario en el marco del Plan Bandera.
El germen de la sospecha
Pero a la par de la angustia, comenzó a crecer otra sensación en los pasillos institucionales: la desconfianza. Las versiones oficiales difundidas hasta el momento no lograron despejar las dudas sobre cómo se planificó y ejecutó la misión que terminó con Manfredi muerto y Villafañe luchando por su vida.
El primer parte del Departamento de Investigaciones Federales Rosario sostuvo que ambos efectivos intentaron identificar a varios hombres en la vía pública y que uno de ellos abrió fuego sin mediar palabra.
Sin embargo, el relato sumó grises cuando desde la Fiscalía se informó que los policías estaban uniformados, aunque llevaban camperones encima. El detalle, lejos de echar luz, alimenta los interrogantes de los propios uniformados en el terreno: ¿estaban lo suficientemente identificados o se los expuso a una emboscada sin el apoyo logístico necesario?