Verónica Franciscutti explica por qué la mente confunde peligros reales con escenarios catastróficos y propone ejercicios con los cinco sentidos para reducir el cortisol diario
El ritmo diario convirtió una respuesta biológica de supervivencia en un desgaste físico y mental continuo. Frente a la falta de plata, la sobrecarga laboral y el bombardeo de notificaciones en el celular, el organismo sostiene los mismos niveles de alerta que ponía en marcha cuando debía escapar de un animal salvaje. Con una gran diferencia: las amenazas actuales no terminan con una corrida veloz, sino que quedan atascadas en la cabeza como pensamientos fijos, insomnio y contracturas.
Sobre esta dinámica expuso la psicoterapeuta y especialista en neurociencias Verónica Franciscutti en el ciclo Zona Calma. Formada en programación neurolingüística (PNL) y neurosemántica, la profesional detalló que el cerebro es incapaz de distinguir entre un peligro concreto en la calle y una película dramática creada por la propia mente, un cortocircuito perceptivo que mantiene activada la alarma hormonal las veinticuatro horas.
Franciscutti explicó que el organismo libera cortisol, adrenalina y noradrenalina para resolver episodios puntuales de ataque o escape. Si esa descarga química no se corta, aparecen desajustes fisiológicos y procesos inflamatorios persistentes. Para la especialista, el combustible de ese cuadro ya no está en la naturaleza ni en un asalto callejero inminente, sino en la costumbre de masticar preocupaciones atadas a la economía y a una autoexigencia desmedida.
«El estrés tiene mala prensa, pero estamos hechos para funcionar bajo esa respuesta si dura lo que tiene que durar. El problema arranca cuando el pico no baja nunca porque nos inventamos alertas todo el tiempo. El cerebro no sabe si algo ocurre de verdad o si lo estamos fantaseando; anticipar desgracias todo el día es como llevar un motor a 140 kilómetros por hora sin tocar el freno jamás», describió Franciscutti.
Frente a la saturación, la terapeuta remarcó que las pausas pasivas —como acostarse en el sillón o pedir un turno de masajes— no alcanzan si la cabeza sigue haciendo números o repasando mensajes pendientes. Recuperar el equilibrio demanda cortar los circuitos mentales con acciones físicas concretas.
Para sacar al sistema nervioso del estado de alarma, Franciscutti recomendó apelar a los cinco sentidos. Concentrarse de golpe en estímulos físicos directos ayuda a fijar la mente en el presente y apaga las redes neuronales que disparan la angustia por lo que vendrá o la culpa por lo que ya pasó. Tocar la madera de un escritorio, sentir el aroma del café recién hecho o pisar el pasto sin zapatillas obligan al cerebro a registrar hechos reales y verificables.
En paralelo, la profesional cuestionó un hábito muy arraigado que arruina el estado de ánimo apenas arranca la jornada: agarrar el teléfono antes de salir de la cama. Meterse de golpe en casillas de correo o redes sociales agota la dopamina e instala una sensación de apuro y frustración previa a apoyar los pies en el piso.
«Uno de los primeros ejercicios que les doy a mis pacientes es pasar los primeros treinta minutos del día sin tocar el celular. Cuando te despertás y te ponés a scrollear de entrada, arrancás acelerada y en piloto automático, metiéndote problemas ajenos y obligaciones a las que sentís que no llegás. Te levantás alterada y ni te das cuenta de cómo fuiste hasta el baño», advirtió.
Las declaraciones formaron parte de la transmisión de Zona Calma, ciclo producido por Diario El Ciudadano y disponible en su canal de YouTube
Sportsmen Unidos recibirá este miércoles desde las 21.30 a Gimnasia en el partido pendiente de…
Regatas de San Nicolás derrotó este lunes a Ben Hur como visitante por 64 a…
"Santa Fe tiene industria, trabajadores capacitados, puertos, conocimiento y capacidad productiva. Vaca Muerta tiene la…
Empleados de la firma, contratista de una telefónica, venían señalando incumplimientos salariales, igual que desmanejos…
El aprehendido, de 31 años, está investigado como presunto autor de un ataque a balazos…
Según Mumalá, en los primeros ocho meses del año hubo un crimen por razones de…