Política

Con Milei esperando en Olivos, cómo vivieron los anteriores gobiernos las finales mundiales de Argentina

El presidente confirmó que se quedará en la residencia presidencial este domingo para ver la final contra España y puso a disposición la Casa Rosada en caso de una victoria. De 1930 a 2026, siete finales marcadas por la turbulencia política argentina

La Selección Argentina se prepara para disputar una nueva final del Mundial de Fútbol ante España, en lo que será su segunda participación consecutiva tras el triunfo en Qatar 2022. En medio de especulaciones, el presidente Javier Milei confirmó que no viajará a Estados Unidos y verá el partido desde la residencia de Olivos. El libertario tiene la posibilidad de ser el cuarto mandatario con un título del mundo durante su gestión.

“Vamos a seguir mirándolos desde Olivos, miré todos los partidos ahí”, señaló Milei esta semana en diálogo con Radio Mitre. Además, dijo que repetirá una particular cábala de vestimenta, vinculada a una campera de YPF que utilizó durante los encuentros de la Selección. “Transpiro como un condenado, pero la única vez que me la saqué nos hicieron un gol, así que no me la saqué nunca más”, agregó.

En sus diversas apariciones mediáticas, Milei también volvió a poner a disposición la Casa Rosada, en caso de una victoria el domingo, para que el plantel argentino pueda celebrar con la gente. «Eso está disponible, está garantizado que no habrá ninguna figura política ni persona vinculada a la política que empañe o intente apropiarse de un logro que es de este grupo extraordinario de jugadores», remarcó.

Este domingo, el seleccionado disputará su séptima final en la historia. La primera fue en el primer Mundial en Uruguay 1930, donde Argentina cayó por 4 a 2 ante el combinado local. El evento se llevó a cabo durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, a solo dos meses del golpe de Estado encabezado por José Félix Uriburu, que inauguraría una serie de gobiernos de facto que se instaurarían sucesivamente en el poder por más de cinco décadas.

La segunda participación de Argentina en la final del Mundial lo tuvo como organizadora en 1978, durante la dictadura que encabezaba Jorge Rafael Videla. El presidente de facto le entregó la copa en las manos al capitán del seleccionado, Daniel Passarella, en lo que fue el primer campeonato obtenido por el país ante Holanda por 3 a 1, con Mario Alberto Kempes como gran figura.

El denominado «Proceso de Reorganización Nacional» utilizó el Mundial como una gran pantalla para tapar los crímenes de Estado que se estaban cometiendo. Videla se apoyó en el fútbol para realizar un lavado de imagen, intentando mostrar de cara al exterior que los genocidios que se denunciaban no eran ciertos.

Por los palcos de los estadios desfilaron Videla, Emilio Massera, Ramón Agosti, mandos de la iglesia, funcionarios militares y autoridades internacionales del fútbol, mientras en las calles se secuestraban, torturaban y desaparecían personas.

La final de México 1986 se dio en un proceso de transición democrática en Argentina. A tres años del fin de la dictadura, Raúl Alfonsín se había involucrado en la discusión política del seleccionado argentino y hasta intervino para que la AFA echara a Carlos Salvador Bilardo, quien terminó siendo el segundo entrenador campeón del Mundo con Argentina.

El presidente radical, hincha de Independiente, terminó celebrando el triunfo de la Selección y abrió su despacho en la Casa Rosada para recibir al plantel. El capitán y figura del equipo argentino, Diego Armando Maradona, le entregó la copa simbólicamente y luego lideró al plantel en el balcón frente a la Plaza de Mayo, donde miles de personas se juntaron a celebrar la victoria ante Alemania Federal por 3 a 2.

Cuatro años después, el equipo de Bilardo volvió a llegar a la final en Italia 1990, donde cayó ante Alemania por 1 a 0. El presidente Carlos Saúl Menem se había metido de lleno en el mundo del deporte. Excéntrico, el riojano llegó a participar de un encuentro amistoso con el seleccionado argentino y hasta se metió en la disputa para que convoquen a Ramón Díaz.

Sin embargo, su paso por Italia no es bien recordado. Menem y una comitiva viajaron para el debut ante Camerún, ingresó al campo de juego y saludó uno por uno a los jugadores argentinos que, horas más tarde, caerían 1 a 0 frente a los africanos, con gol de François Omam-Biyik. Dos días antes, le entregó a Maradona el pasaporte de embajador deportivo itinerante.

Luego del subcampeonato, el presidente recibió al plantel en la Casa Rosada y junto salieron al balcón para saludar a la gente en Plaza de Mayo.

Pasaron 24 años para que Argentina llegase nuevamente a una final del mundo. Fue en Brasil 2014, donde nuevamente cayó ante Alemania por 1 a 0, con el agónico gol de Mario Götze. El seleccionado dirigido por Alejandro Sabella fue recibido por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien reconoció que no vio ningún partido.

«Ustedes saben que yo no soy hincha de fútbol pero toda la vida viví rodeada de hinchas de fútbol: padre, madre, hermana que por ahí anda, hijo; pero sí tengo siempre puesta la camiseta de la Argentina los 365 días del año, y ayer sentí un inmenso orgullo como presidenta de los 40 millones de argentinos de cómo se defendieron los colores de la República Argentina, con dignidad, con orgullo, con capacidad, y sobre todo, ganándole a la adversidad», afirmó la exmandataria.

Ocho años después de Brasil, Argentina volvió a la final y se pudo consagrar campeón por tercera vez en Qatar 2022, de la mano del capitán Lionel Messi y el entrenador Lionel Scaloni. En una histórica final contra Francia, el seleccionado nacional igualó 3 a 3 en el tiempo regular, y venció a los franceses por penales por 4 a 2, con el arquero Emiliano «Dibu» Martínez como gran figura.

El torneo llegó en la etapa final del gobierno de Alberto Fernández, que quedó marcado, como todo el mundo, por las consecuencias de la pandemia de Covid-19. Lejos de involucrarse en las discusiones políticas, el plantel argentino decidió no concurrir a la Casa Rosada para celebrar el triunfo y Fernández se convirtió en el único presidente que no pudo recibir al plantel campeón del mundo.

La imagen que quedó marcada es la histórica caravana que encabezó el plantel argentino. La idea original era salir con el micro desde Ezeiza con destino al Obelisco y la Plaza de Mayo, pero la marea humana obligó a suspender el trayecto y el plantel fue evacuado. Se calcula que unos cinco millones de personas participaron en los festejos en Buenos Aires.

Fuente: Data Clave

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