Rosario, domingo 10 de mayo de 2026
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Rosario, domingo 10 de mayo de 2026

Criptobros, timba financiera y mercado sexual: el negocio de explotar la frustración masculina

Influencers financieros prometen plata fácil frente a la precariedad laboral e incitan al enojo contra el Estado, en una tierra fértil para canalizar la crisis de identidad contra las mujeres. El especialista Lucho Fabbri analiza cómo los gurúes de la nueva derecha captan a los varones jóvenes desencantados: la "epidemia de la soledad masculina"
Criptobros, timba financiera y mercado sexual: el negocio de explotar la frustración masculina

Viajes a Miami, autos de lujo y la promesa de volverse millonario en días con un curso en redes sociales. Se trata de los Criptobros, referentes financieros que asocian el éxito con tener plata, y una billetera abultada, con conquistar chicas. En un contexto de precariedad laboral y emocional, muestran una versión moderna de la masculinidad con gurúes que difunden recetas de rápida aplicación y eficacia. Frente a la incertidumbre de los varones jóvenes, los discursos de derecha encuentran un terreno fértil para transformar la frustración en enojo contra las mujeres y el Estado. El coordinador del Área de Género y Sexualidades de la UNR, Lucho Fabbri, explica cómo operan las nuevas masculinidades y plantea una salida: generar espacios comunitarios para acompañarlos y puedan expresarse frente a un sistema que explota el malestar. 

“Pegarla” es de macho

El éxito financiero se traduce en una señal moderna de masculinidad. En un contexto de cierre de fábricas y pérdida de empleo asalariado, la especulación financiera ofrece la idea de que un hombre puede alcanzar el éxito, y con él, validar su masculinidad. En la actualidad, más que ser productivo se trata de “pegarla” por ser viral e influencer, por hacer una buena apuesta online, o por un fondo de inversión que resultó muy efectivo. 

“En este contexto de capitalismo financiero, la validación de la masculinidad pasa por la obtención rápida de dinero, la cual está muy asociada a asumir riesgos. El riesgo es una característica tradicionalmente masculina, aunque quizás en otros momentos se ponía en juego a través de otras prácticas. Hoy, para muchos varones, el riesgo está en la especulación financiera”, explicó Fabbri a El Ciudadano.

El sociólogo y politólogo señaló que, si bien el fenómeno podría pensarse como una respuesta a los feminismos —en cuanto al cuestionamiento de la identidad tradicional masculina–, esa identidad en crisis que tiene diferentes vías de fuga no se considera una reacción antifeminista. “No es que la identidad de los varones en el mundo de la especulación financiera sea en respuesta o en reacción al avance del movimiento feminista, pero es contemporánea en términos de procesos de cambio social. El dinero y la propiedad están masculinizados, y además son un rubro muy asociado a la especulación y al riesgo como características tradicionalmente masculinizadas”, explicó. 

Otro de los aspectos de esta identidad es la narrativa que utilizan los criptobros como “estrategia de engagement” para atrapar a los jóvenes en este mundo de especulación financiera. “Hay una retórica vinculada a la idea del hombre de alto valor, que se mediría por el éxito económico. Eso les permitiría a estos hombres tener mejores posiciones en el mercado, ya no financiero, sino en el sexual, porque serían más atractivos y tendrían más posibilidades de conquistar a la mujer que sea objeto de su deseo”, señaló Fabbri. 

Para Fabbri, estos gurúes intentan canalizar la sensación de incertidumbre, desorientación, inestabilidad y precariedad que tienen hombres en general y jóvenes en particular en un contexto donde la identidad masculina es cuestionada desde los feminismos –en cuanto está construida a partir de la reproducción de mandatos patriarcales que generan desigualdad y violencia–, pero que se profundiza por una precariedad material real, representada en que la gran mayoría de los hombres jóvenes hoy no tiene acceso a un trabajo o a una vivienda. 

“Se criaron escuchando que ser un hombre de verdad era ser proveedor, sostén de familia, independiente, autosuficiente y laboralmente exitoso. Construyeron su subjetividad masculina con base en un discurso que los presentaba como potencialmente dominantes, sujetos jerárquicos, y viven en la precariedad. Ese desfasaje entre cómo fueron subjetivados y sus condiciones reales de existencia genera una incertidumbre que es un padecimiento y un malestar subjetivo”, señaló, y citó un informe de la Organización Internacional de la Juventud (OIJ) que refiere que la juventud se extiende hasta los 40 años, tomando como variable la autonomía. 

Fabbri explicó que esta crisis de la identidad masculina genera una sensación de intemperie que se refleja en la llamada “epidemia de la soledad masculina” y en un mayor aislamiento en la vida analógica, que a diferencia de las mujeres jóvenes –que también padecen precariedad subjetiva– son parte de un movimiento histórico donde tienen interlocutoras, espacios de encuentro y de elaboración de sus malestares, junto con políticas públicas para tratar algunas de las problemáticas.

Brecha de Genero

Chivo expiatorio 

Ante esta crisis de masculinidad, los discursos de derecha permean en los hombres jóvenes y encuentran un blanco: el lobby feminista y LGTBIQ+, las políticas para migrantes y la ideología woke. 

“Hay una narrativa por parte de las nuevas derechas que les habla al malestar de los hombres, pero que les ofrece un chivo expiatorio –que no es el verdadero responsable de sus malestares– y una salida que es una estafa: hacerles creer que, apoyando ese tipo de proyectos, van a restaurar algo de esa potencia viril perdida. Los que se benefician de esos proyectos políticos y económicos siguen siendo una minoría que instrumentaliza el malestar y el padecimiento de los varones jóvenes, pero no les da ninguna respuesta real a sus problemas, sólo los compensa simbólicamente haciéndolos sentir parte de un proyecto del que efectivamente no forman parte”, explicó Fabbri.

El logro de estos discursos es transformar la vulnerabilidad, la impotencia y el malestar de los hombres en enojo contra el feminismo y el Estado como garante de políticas públicas de género. “La estrategia narrativa es hacer que los hombres no se sientan mal por lo que les falta, sino que se enojen y se organicen a partir del enojo manifestado contra los feminismos y el Estado. Construyeron una retórica por la cual desmantelar el Ministerio de Mujeres, el Inadi, la Defensoría del Público y aquellas estructuras institucionales creadas para movilizar la agenda de igualdad de género fue un acto de justicia, ya que eran aparatos de censura que obstaculizaban la libertad de expresión de los hombres. Dirigieron el enojo y el malestar masculino hacia espacios de políticas públicas, y lograron articular una narrativa antifeminista y antiestatal”, expresó.

Muestra de ese malestar masculino son los datos según los cuales los hombres viven en promedio 7 años menos que las mujeres, se suicidan tres veces más y no logran satisfacer sus necesidades de independencia económica. La batalla, asegura Fabbri, está en la interpretación. “Algunos los van a usar para decir que el patriarcado no existe y que los hombres son las verdaderas víctimas, y otros vamos a decir que el patriarcado no sólo afecta a las mujeres, sino que también tiene mandatos hacia los hombres. Los datos son los mismos. La disputa es por la interpretación de esos datos para entender cuáles son las verdaderas causas y cuáles son los verdaderos responsables”, señaló. 

Para Fabbri, la solución no está en la negación del patriarcado, sino en comprender que el patriarcado también tiene mandatos para los hombres y que son también nocivos. 

“Hay una gran avenida del medio donde no están ni los varones sensibilizados con los feminismos ni los antifeministas, sino un montón de hombres que tratan de subsistir ante un contexto de creciente precariedad material y subjetiva, a los que ni el Estado ni los feminismos les están hablando. El gran desafío es construir narrativas que nos permitan conectar con esos hombres para acompañarlos a comprender que eso que padecen es producto de este patriarcado capitalista y neoliberal, y que los feminismos proponen una salida para el 99% de la sociedad. Necesitamos construir espacios colectivos y comunitarios para que esos hombres se encuentren, hablen, se expresen y se identifiquen en pos de un proyecto de mayor justicia de género y bienestar”, concluyó.

Recortes estatales

En relación con los recortes estatales para las políticas de género y masculinidades Fabbri mencionó que a nivel nacional se había avanzado poco, con algunas políticas pedagógicas, culturales, de sensibilización y orientadas a la atención de varones que ejercieron violencia. En cuanto a los gobiernos provinciales, señaló que el que más avanzó y aún sostiene una política pública es el de la provincia de Buenos Aires, que cuenta con una Dirección de Promoción de Masculinidades para la Igualdad desde 2019. También destacó algunas experiencias valiosas en Córdoba, Mendoza, Neuquén, Río Negro y Jujuy. 

En la provincia de Santa Fe, el programa de Masculinidades que funcionaba en la Secretaría de Formación y Capacitación para la Igualdad del ex ministerio sufrió un ajuste brutal: 15 de los 16 varones que trabajaban fueron despedidos y la Secretaría fue disuelta. “No desapareció al 100%, pero prácticamente sin equipo y sin recursos propios, son ínfimas las posibilidades respecto a lo que habíamos logrado construir en su momento”, señaló.

“Estas políticas permiten dar cuenta de que los hombres tenemos género. Apuntan a trabajar con los varones cisgénero sexuales y desmontar una narrativa de que la política de género los excluye y atenta contra ellos. Desde allí se puede transversalizar esas políticas a otras áreas, como por ejemplo salud, educación y seguridad, ya que el 80% de las víctimas de violencia intencional en nuestra provincia son hombres, y los victimarios, casi en un 100%, también. Las masculinidades nos permiten complejizar problemas estructurales, que son parte de la agenda prioritaria de la política pública”, destacó.