Sociedad

Cuando la paz decide caminar: monjes budistas cruzan Estados Unidos en una marcha silenciosa que conmueve

La caminata Walking Peace recorre más de 3.700 kilómetros a pie por Estados Unidos. Liderada por el Venerable Bhikkhu Pannakara e integrada por monjes de Nepal, Tailandia, Francia y Estados Unidos, la iniciativa —seguida por miles de personas en redes sociales— propone una experiencia ancestral de silencio, presencia y reflexión en tiempos de violencia y fragmentación social

Por Susana Pozzi/ especial para El Ciudadano 

 

No dicen consignas.

No levantan pancartas.

No discuten con el mundo.

Caminan.

La primera señal llegó desde la pantalla de un teléfono celular. Un video breve. Una foto. Luego otra. Monjes budistas caminando en silencio por rutas interminables de Estados Unidos. Sin pancartas, sin consignas, sin apuro.

Así aparece Walking Peace en las redes sociales: una fila lenta de monjes budistas avanzando por rutas interminables, atravesando pueblos, ciudades y paisajes donde el ruido suele ganarlo todo. Los comentarios se repiten, aun entre desconocidos y desde países lejanos: “Esto emociona”, “Me hizo detenerme”, “Necesitábamos ver algo así”.

La escena conmueve porque no busca hacerlo. Porque no pide nada. Porque recuerda algo olvidado: que la paz también puede expresarse con el cuerpo.

Fui siguiendo esas imágenes —y, sobre todo, leyendo lo que despiertan en quienes las observan— que surgió la necesidad de comprender qué hay detrás de esta marcha silenciosa. Así nació el diálogo con Neeraj Bajracharya, coordinador de Relaciones con la Comunidad y Prensa de Walking Peace: doctor en Matemáticas, especialista en análisis de datos, nacido y criado en Nepal, radicado en Estados Unidos desde hace 26 años, y hoy una de las voces que acompañan esta caminata ancestral.

La marcha es liderada por el Venerable monje Bhikkhu Pannakara y está integrada por monjes provenientes de distintos países —Nepal, Tailandia, Francia y Estados Unidos— que avanzan juntos, paso a paso, como parte de una travesía de más de 2.300 millas a pie. La escena se completa con un perro que los acompaña. Una caminata que no irrumpe: permanece.

 

La Caminata por la Paz es un viaje sagrado de más de 2.300 millas (3701km), pensado para durar unos 120 días” – destino final será Washington DC-, explica Bajracharya. “Surge de una tradición budista centenaria: monjes que caminan no para protestar, sino para practicar disciplina espiritual, reflexión y servicio a la humanidad”.

Durante siglos, estas caminatas reaparecieron después de guerras, genocidios y estallidos de violencia. En Camboya, tras el horror del genocidio. En Tailandia y otros países del sudeste asiático, luego de conflictos políticos sangrientos. Siempre con la misma lógica: no acusar, no confrontar, sino acompañar procesos de sanación.

No eran protestas —dice—. Eran oraciones en movimiento”.

La caminata actual retoma la tradición del Dhammayatra, una peregrinación a pie dedicada a difundir las enseñanzas del Buda sobre atención plena, compasión, bondad amorosa y sanación. El silencio no es ausencia de mensaje: es el mensaje.

Caminar en el corazón de un país dividido

El recorrido comenzó en Fort Worth, Texas, donde se encuentra el monasterio que impulsa la iniciativa, y culminará en Washington, DC. El destino no es casual.

Washington representa el corazón de la nación”, explica Bajracharya. “Creemos que llegar allí es una forma simbólica de tocar los corazones de personas de todo el país”.

En una sociedad atravesada por tensiones políticas, culturales y sociales, Walking Peace no busca tomar partido. Busca presencia. “La paz florece en la unidad dentro de la diversidad y se sostiene con compasión y bondad amorosa. La paz es una necesidad humana universal, sin importar raza, religión o ideología”, afirma.

Y deja una definición que atraviesa toda la experiencia:
La paz no es un destino. Es una práctica”.

Cuando el cuerpo habla antes que las palabras

Los monjes caminan descalzos. Comen una sola vez al día. Duermen bajo los árboles. Observan hasta 250 reglas monásticas y, durante la caminata, asumen prácticas ascéticas adicionales. No representan la austeridad: la viven.

Cuando la gente los ve por primera vez, se conmueve por el sacrificio”, relata Bajracharya. “Muchos lloran. Luego, al escucharlos, entienden que el mensaje de paz y compasión trasciende toda frontera política o religiosa”.

No buscan convencer. “La paz no empieza con el acuerdo —dice—. Empieza con la presencia”.

Aloka: la luz que sigue caminando

Entre túnicas azafrán y pasos silenciosos, hay una figura que desarma cualquier solemnidad y, al mismo tiempo, la potencia: Aloka, un perro callejero que se unió a los monjes durante una caminata previa entre India y Pakistán.

Aloka —“Luz”, en sánscrito— comenzó siguiendo al Venerable Bhikkhu Pannakara y nunca se fue. Viajó con él hasta Estados Unidos y desde entonces camina junto al grupo. Su imagen recorrió las redes sociales y lo convirtió en un símbolo inesperado de esta marcha.

Es sereno, afectuoso, siempre dispuesto a acompañar”, cuenta Bajracharya. “Se ganó el corazón de personas de todas las comunidades”.

Al momento de escribir este reportaje, Aloka se encuentra recuperándose de una pequeña intervención en una de sus patas, resentida por los kilómetros recorridos. En cuanto esté plenamente recuperado, volverá a unirse a la caminata. Su breve ausencia no apaga lo que representa: una paz que no excluye, que no juzga, que camina.

Este reportaje transcurre el 14 de enero de 2026, en el día 81 de la caminata, los monjes atravesaban Carolina del Norte y se encuentran a 720 km del destino final. Cada jornada comienza antes del amanecer, entre oraciones y meditación. Luego, horas de pasos constantes. Al mediodía y al anochecer, encuentros con comunidades locales, bendiciones, silencios compartidos.

La paz interior es una necesidad permanente de todos los seres vivos”, reflexiona Bajracharya. “En cualquier tiempo, en cualquier lugar”.

Cuando el mundo necesita menos palabras

Walking Peace no promete soluciones rápidas ni finales felices. Ofrece algo más incómodo y, quizás, más verdadero: la posibilidad de detenerse. De mirar. De recordar que, cuando todo parece dicho, todavía queda el gesto más antiguo.

Caminar.

No es la primera vez que lo hacen.
Pero tal vez sí sea el momento en que más falta hace.

 

WalkingPeace en Redes Sociales:

IG: @walkforpeace.usa

Facebook: Walk for Peace

 

Entradas recientes

Histórico: inesperado logro del argentino Luciano Benavides al quedarse con el Rally Dakar en la categoría motos

Es el primer título del integrante del equipo Red Bull KTM Factory Racing. También la…

enero 17, 2026

Una joven en estado crítico al recibir un disparo en la cabeza durante una fiesta

El brutal ataque ocurrió en barrio Itatí. Según testigos, desconocidos abrieron fuego desde una camioneta…

enero 17, 2026

Rosario: Una joven fue baleada por ex pareja en una fiesta

El violento episodio ocurrió en la zona oeste de la ciudad. La víctima, de 20…

enero 17, 2026

Este sábado se firma en Asunción el acuerdo de asociación entre el Mercosur y la Unión Europea, tras un cuarto de siglo de negociaciones

Uno de los mayores impulsores del acuerdo interbloques, el brasileño Lula da Silva, no estará.…

enero 17, 2026

La foto de la inflación que celebra Milei y el dilema de sostener el ajuste o reactivar

La desaceleración inflacionaria aparece como uno de los principales logros del Gobierno, pero la dinámica…

enero 17, 2026

Cantando por un sueño de reelección en Jesús María: Javier Milei interpretó “Amor salvaje” junto con el Chaqueño Palavecino

El líder libertario protagonizó este viernes la primera velada de la edición 60° del histórico…

enero 17, 2026