A los 33 años, la representante argentina se coronó campeona en EA Sports FC tras haber vuelto a competir hace apenas un mes y medio luego de ser madre. Entre la perseverancia, el entrenamiento riguroso y el deseo de abrirle paso a nuevas generaciones de mujeres en los esports, firmó una jornada histórica
El peso de la medalla de oro colgada en su cuello contrasta con la liviandad de la sonrisa con la que Daniela Arias atiende a los medios tras hacer historia en los Juegos Suramericanos. Con 33 años y una trayectoria que la ubica con orgullo como referente de la «vieja escuela» de los videojuegos —aquella que creció entre consolas de Nintendo y las clásicas PlayStation 1 y 2—, Daniela alcanzó la cumbre del podio en el torneo femenino de EA Sports FC. Sin embargo, la mayor victoria de su carrera trasciende el marcador: es el triunfo de la constancia tras una pausa trascendental en su vida.
Un tiempo atrás, Daniela debió alejarse de los controles y de las competencias de alto rendimiento para volcarse de lleno a la maternidad. Pero la vocación y la pasión competitiva nunca se apagaron. Con paciencia y una exigente reorganización de sus días, decidió regresar a las pistas digitales. Lo hizo hace tan solo un mes y medio, encarando una preparación contrarreloj donde el esfuerzo diario y el sacrificio familiar fueron la clave para alcanzar su nivel más alto justo a tiempo para la cita continental.
«Tengo 33 años, vengo de la vieja escuela. Empecé a ver que era buena, dejé porque fui madre y volví hace un mes y medio. Estoy feliz porque se hizo mucho esfuerzo y sacrificio para estar acá», contó Daniela sobre su camino hacia el título suramericano.
Para la campeona dorada, el valor de esta consagración no es meramente individual. Daniela entiende su medalla como un puente para legitimar a los deportes electrónicos ante la sociedad, en especial frente a las generaciones mayores que aún miran con recelo la disciplina.
«Es un ambiente que a veces queda medio en el aire para la gente más grande. Está bueno que se trate de entender y tener paciencia, porque las cosas van cambiando. El ajedrez es un deporte, la Fórmula 1 es un deporte. Nosotros nos preparamos muchísimo para esto: entrenamos horas, nos privamos de salir y buscamos tener un entrenamiento verdaderamente profesional. Por eso está bueno que se valore el esfuerzo que hacemos estando frente a la computadora», reflexionó con convicción.
En esa misma línea, remarcó que una de sus principales motivaciones es ser un espejo en el cual puedan mirarse más jugadoras: «Mi idea siempre fue dejar un granito de arena en los esports, abrir la puerta para los chicos y también para las chicas. Cada vez hay más mujeres jugando y compitiendo».
Lejos de aislarse tras festejar su consagración, Daniela permaneció en el recinto deportivo alentando eufóricamente a sus compañeros del equipo argentino de Valorant. Para ella, el grupo humano que se conformó dentro de la delegación nacional representa el verdadero motor de los deportes electrónicos en el país.
«Lo que nos unió mucho a todos los que vinimos acá fue el objetivo en común: pisar fuerte. Nos apoyamos muchísimo y creamos un vínculo enorme que recién arranca y va a seguir. Si nos unimos todos en los esports, vamos para adelante», concluyó la flamante campeona suramericana, demostrando que la medalla dorada es solo el comienzo de un camino aún más grande.
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