A medio siglo de su debut teatral local de la mano de Héctor Barreiros, el prestigioso actor rosarino regresa a su ciudad natal para estrenar este viernes “El escritor de todas las cosas”, unipersonal escrito y dirigido por Javier Daulte
Miguel Passarini
Un actor ante el desafío de un unipersonal en el que se mezclan recorridos, ideas, pensamientos, citas, derivas que surgen de la pluma de un director, dramaturgo y maestro, que además es su amigo. “Siento que de ahora en más quiero que sólo me dirija él”, dice Darío Grandinetti (Rosario, 1959), actor de reconocimiento nacional e internacional, acerca de Javier Daulte, quien escribió especialmente para él y lo dirige en El escritor de todas las cosas, la obra que este viernes se estrena en Rosario, en La Comedia, a 50 años de su debut actoral, cuando tenía apenas 17, con un clásico de Moliere.
El material propone un viaje poético, íntimo y conmovedor por la vida de un hombre que hizo de la escritura su manera de estar en el mundo. Pero al mismo tiempo, desde lo personal, es un acontecimiento teatral teñido por instancias que evocan la patria de la infancia, los que están y los que no, y la mirada en perspectiva del vasto camino recorrido en todos estos años.
“A lo largo de un monólogo vertiginoso, cargado de humor, lucidez y emoción, la obra explora el poder ambiguo de las palabras: escribir puede herir, separar, matar simbólicamente; pero también puede consolar, acompañar y, a veces, salvar. La escritura aparece aquí despojada de solemnidad y atravesada por la vida cotidiana: frases anónimas, textos funcionales, palabras destinadas a no dejar huella… que sin embargo la dejan”, sostiene Daulte.
En todos estos años, Darío Grandinetti trabajó en teatro, cine y televisión con directores fundamentales tanto argentinos como de Iberoamérica, alternando proyectos entre España y Argentina. Sin embargo, la trayectoria vital suele trazar círculos perfectos, y ahora regresa a Rosario en un momento no buscado donde el azar hizo lo suyo.
Al abordar la dinámica del trabajo con Daulte, Grandinetti resaltó la generosidad y capacidad de escucha del director, quien realiza ensayos abiertos con colegas y amigos para acercar algunas devoluciones. “Javier no pone su ego por delante. Viene a las funciones, se sienta a mirar, no te abandona después del estreno como pasa algunas veces”, contó el actor en el ciclo de entrevistas del stream del diario El Ciudadano, Condenados al éxito.
Y al mismo tiempo resalto que esa química que comenzó en 2008 con la versión argentina de Baraka (después vinieron Personitas y Novecento, entre más) se mantiene tan intacta que de ahora en más le gustaría que sea Daulte quien lo dirija cada vez que se suba a un escenario.
Como viejos conocidos que se juntan cada tanto a tirar ideas en un bar, la obra terminó siendo un material que luego de varios años de fantasear con la posibilidad, Daulte, autor de una vasta producción dramática y también psicoanalista, terminó escribiendo exclusivamente para Grandinetti: “Así es, me puedo jactar de eso. Ya le dije a Javier: «Mirá que voy a chapear con esto». Es un viejo anhelo mío que él me escribiera un monólogo para salir de gira. Se lo empecé a pedir hace mucho tiempo, incluso antes de hacer Baraka, en 2008. Él tiene muchísimo trabajo y yo también, afortunadamente lo tenía, por lo que las fechas no coincidían. El año pasado nos juntamos a cenar, tomamos un vino y dijimos: «Arrancamos ahora». Así surgió esa idea inicial de que el personaje fuera un escritor y luego él se encerró a desarrollar de qué iba a hablar esta historia”.
Y sumó, más allá de las especulaciones respecto de posibles disparadores biográficos: “Para nada, no es un biodrama ni nada que se le parezca. No contamos ni mi vida ni la de él, pero sí está relatado con enorme autenticidad lo que le sucede a un tipo que escribe para ganarse la vida sin ser una lumbrera ni un autor consagrado. Es el tipo que escribe las cosas que leemos cotidianamente y damos por sentado que se redactaron solas: leyes de tránsito, carteles de aeropuerto, sobrecitos de azúcar o etiquetas de vino. Paralelamente, cuenta un acontecimiento central de su vida mientras espera algo en los pasillos de un teatro donde representan una obra que escribió años atrás”.
Respecto de la noción o búsqueda de una verdad escénica que encierra este nuevo material, el actor planteó: “Más que verdad pura, lo que buscamos arriba del escenario es verosimilitud. Uno tiene que generar ese efecto incluso contando una historia distópica o surrealista. El hecho teatral es una ceremonia que sólo existe si hay al menos una persona sentada escuchando y viendo. El espectador cumple una función de la que no siempre es consciente; percibimos su energía, el silencio tenso o la impaciencia en la platea. Y todos los días la función es nueva porque ni los de arriba ni los de abajo somos los mismos, y ahí está la clave de este juego maravilloso”.
De todos modos, más allá de las distancias de algo propio, entre la pluma de Daulte y su presencia en escena, se percibe algo cercano a la construcción de un alter ego compartido: “Mucha gente que nos conoce dice que hay un alineamiento profundo entre los dos. No es algo buscado conscientemente, sino que surgió de trabajar juntos desde hace veinte años en distintas obras y nos alimentamos mutuamente. Aunque no siempre partimos de la misma idea artística, encontramos un punto medio donde coincidimos. Sobre todo, destaco la confianza mutua que nos tenemos; algo complejo de conseguir y que me dificulta el futuro porque ya no quiero trabajar con otro director que no sea Javier.
El regreso a Rosario de Darío Grandinetti, quien con El escritor de todas las cosas tiene previsto recorrer gran parte del país de aquí en más y seguramente regresar a Rosario, coincide de manera casi poética con el referido aniversario de su debut actoral a los 17 años y el 15° aniversario del fallecimiento de su formador y primer maestro, Héctor Barreiros, quien murió el 20 de agosto de 2011. “Héctor era un hombre de teatro integral: escribía, dirigía, actuaba, cortaba las entradas y te enseñaba a armar las luces. De él aprendí el amor incondicional por el oficio, algo que no se enseña con palabras sino haciendo. Cuando dudaba entre el fútbol y el teatro, me dijo con sabiduría: «Andá a jugar al fútbol, porque actor podés ser a cualquier edad, en cambio futbolista no»”, evocó entre risas acerca de sus comienzos donde, entre más, llegó a jugar en las inferiores de Newell’s.
Esa iniciación local derivó en su salto a Buenos Aires tras ser visto por Pepito Cibrián y Ana María Campoy en el Teatro El Círculo, dando inicio a una carrera prolífica que nunca se detuvo y que lo llevó, entre más, a actuar dos veces bajo las órdenes del manchego Pedro Almodóvar.
En el mismo sentido, el actor ofreció su mirada respecto de cómo ve la creciente escena teatral actual en la Argentina ante la crisis de la producción audiovisual: “El teatro es la trinchera del actor, el lugar de la resistencia. El cine y la televisión conllevan dificultades técnicas complejas, como rodar la primera escena del film el último día de rodaje, mientras que el teatro es lo natural. En una época donde las carteleras se llenan de franquicias comerciales internacionales (entre más por los grandes musicales), presentar una obra nacional con múltiples capas dramáticas y estrenarla en el Teatro La Comedia de Rosario es un orgullo enorme para mí. Rosario posee un nivel cultural e independiente que se reconoce y admira en todos lados”.
Para cerrar, habiendo trabajado con maestros del cine de arte como el referido Pedro Almodóvar en Hable con ella y en Julieta, el actor analizó el éxito desde una frase que su personaje dice en la obra: “Aquel trabajo con Almodóvar me cambió la vida profesional y me dio una seguridad enorme, me abrió infinidad de puertas y de convocatorias porque es como el «Abracadabra». Y respecto del tiempo y del oficio, este personaje de la obra se pregunta por la utilidad de lo que hacemos y si es o no necesario explicar por qué hacemos lo que deseamos, que es una forma de entender el éxito. Tanto es así que respecto al éxito, me gusta citar una frase que sintetiza la obra: «El éxito consiste en ir de fracaso en fracaso sin perder el entusiasmo»”.
El escritor de todas las cosas se estrena en La Comedia (Mitre y Ricardone), este viernes 7 de agosto, a partir de las 21. Las anticipadas se encuentran disponibles en la boletería de la sala en horarios habituales, o bien de forma online ACÁ.
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