Entre la crisis económica, la violencia y la soledad, los festejos del Día del Niño contrastan con la realidad de la pibada. El deporte y el Estado como únicas redes para recuperar el cuidado
niños jugando
Por Luciano Vigoni/ Especial para El Ciudadano
Este domingo se celebra el Día de las Infancias. Es el día de la pibada, festival de festejos y regalos municipios, clubes, vecinales, y todo tipo de organizaciones arman un día festivo donde abundan magos, payasos, recitales y todo tipo de celebraciones. Un día de ritual. Y como todo ritual, deberían servir para reafirmar y celebrar lo sagrado para una comunidad. En agosto ese ritual les pertenece a esos “locos bajitos” que tan hermosamente eternizó el canta autor español Serrat hace ya algunas décadas.
Sin embargo, entre sonrisas, pelotas, chocolatadas, sueños y deseos también habrá mucha tristeza, impotencia, angustia y sensación de soledad. Estamos atravesando una época muy difícil para los niños, las niñas y los adolescentes. La ternura virtual y la indiferencia real parecieran ser la marca de la época
A buena parte de la sociedad pero por sobre todo a mucha dirigencia política, empresarial, sindical y comunicacional pareciera no afectar demasiado como están transitando la niñez mucha de la pibada de este país. Cuanto más vamos a tolerar ver cada vez más niños en situación de calle, pidiendo vendiendo en las esquinas, revolviendo la basura, ranchando con los deditos quemados en estas frías noches de invierno. Las cifras de pobreza e indigencia refuerzan está realidad que se leen casi con naturalidad, tan fríamente, sin incomodidad como si fueran solo números y no vidas.
Cada modelo económico, cada economía va armando su modelo societal. Este es hacer plata con plata siendo su representación más palpable es el de una comunidad endeudada de frágiles vínculos. Hay familias endeudadas para comer, para pagar una factura, para sostener el mínimo consumo, para empatar a la subsistencia o para sostener el status por un rato. Este clima de crisis y endeudamiento entra en las casas y se mete en los sentimientos. La pibada escucha discusiones por plata, ven el cansancio de los adultos, aunque nadie se las explique demasiado perciben muy claramente que pasa cuando no hay plata y hay mucha deuda. Madres agotadas de limpiar, cuidar o vender algo en una feria, pibes acompañados por vecinos, por algún familiar o por un afecto mientras la mamá está afuera trabajando. Ver a la madre criar, juntar la plata y hacer frente sola a todo los problemas pero también respondiendo ante el mundo por las deudas y las faltas. La pibada está ahí, experimentando esos malestares, masticando esas broncas e impotencias, esas violencias que genera una sociedad que esta sin tiempos de ver a los niños .A veces mas explícitamente, a veces la intuición y otras eso que imperceptiblemente va entrando en los sentimientos y en los sentires y que va haciendo que la angustia se acumule. Hay pibes criándose cada vez más solos. Hay menos abuelas disponibles para cuidar. Hay madres y padres con dos o tres trabajos tratando de sostener la diaria. Hay una pibada demasiado sola muy poco cuidada.
Los momentos de crisis, de falta de trabajo, de endeudamiento generalizado en un país con problemas estructurales como el nuestro potencia las peleas por dinero, las tensiones permanentes y la incertidumbre generan violencias y malestares que se extienden en la escuela, en el club, en los consumos y en la vida cotidiana. Hace meses que en las reuniones de organizaciones sociales, clubes, espacios culturales y quienes sostienen comedores y merenderos aparece la misma preocupación. Lo qué está pasando con los pibes en nuestra ciudad, en nuestra provincia y en gran parte de la Argentina.
Pibes muy chicos “trabajando”, muleando llevando y trayendo paquetitos. Consumo de sustancias cada vez de peor calidad y a edades cada vez más tempranas. Chicos atravesados por múltiples violencias. Pibes que comen poco, a veces una sola vez al día, con una dieta a base de ultra procesados, harinas y lo que se encuentre. El consumo muchas veces es un buen aliado para evadir el hambre. No hablamos de casos aislados la dimensión del riesgo es que son muchos los niños niñas y adolescentes que están expuestos a estas condiciones de vida y que la sociedad ha naturalizado sin demasiado conflicto. Una sociedad que trata así a su niñez difícilmente pueda pensar un proyecto de país donde el desarrollo sea para todos y no solo para unos pocos.
Ante este panorama, los pibes siguen soñando. Sueñan con la pelota, con el futbol con Messi, con la música pero también con la escuela, con el laburo, la casa, también con la yantas, la bici los sueños se reactualizan con cada época pero en el fondo el sentido siempre perdura.
Hay pendiente en Argentina una discusión sobre el presente y el futuro de la pibada. Y es cómo este país va a acompañar la vida. Si será una responsabilidad individual que regulará el mercado y las “capacidades individuales» o si será una prioridad indelegable del estado acompañar la vida de todos los niños, niñas y adolescentes del país.
Hay un elemento donde la mayoría de la dirigencia política, eclesiástica y empresarial acuerda, que es el deporte. Los clubes son esas instituciones distintivas de este país que logran desde hace décadas un espacio que no está mediado por la ganancia económica ni por la tecnología sino por los vínculos. Son pibes corriendo atrás de una pelota para hacer un gol, un doble o un try, sea fútbol, jockey, básquet o rugby.
El deporte ordena, da solidaridad, da cuerpo colectivo y disciplina. Permite el desgaste físico, pero por sobre todo, por un rato, varios días a la semana, la cabeza, el cuerpo y el alma se aíslan de los problemas, padeceres y angustias, y se conectan con una actividad que solo es posible por otros.
¿Quién estaría en contra de que todo pibe de esta ciudad y de la provincia pueda tener la posibilidad de practicar un deporte tres días a la semana? Nadie.
Sin embargo, es una política que los gobiernos hace años no podemos instrumentar. Los clubes dependen mucho de sus comisiones, del esfuerzo de padres y madres y de los socios, y eso debe seguir siendo así. Pero hay lugares en los que no hay posibilidades de armar comisión, de sostener una infraestructura, de pagar docentes. Para los presupuestos provinciales esto no es dinero. Sin embargo, cuidar el deporte y la cultura es un gasto que el Estado parece no permitirse.
El mejor regalo para el Día del Niño no es una chocolatada y una caja de alfajores. El mejor regalo es una política pública que permita que cada pibe y piba de esta provincia pueda ir a practicar una actividad deportiva o cultural varias veces a la semana. Ese encuentro es el que puede cuidar, acompañar y construir una Argentina que no sea la del endeudamiento, el prestamismo y las plataformas. Los pibes sueñan ser Messi. El camino de ser Messi tiene que ser el camino de restablecer y privilegiar los vínculos.
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