El conjunto de Núñez fue efectivo en la primera llegada clara que tuvo y con tanto del 10 en la etapa inicial se llevó tres puntos claves de cara al futuro. El Xeneize no le encontró la vuelta nunca al partido y el ciclo de Diego Martínez quedó en la cuerda floja
Volvió Marcelo Gallardo a la Bombonera y tal como sucedió en el ciclo de Martín Demichelis, River salió airoso y feliz de la Boca. Con gol de Manuel Lanzini, a los 20 minutos del primer tiempo, el equipo de Núñez sacó un triunfazo de la galera y dejó a Diego Martínez, DT del Xeneize, en la cuerda floja. El local tuvo el empate en la última jugada, pero una mano evidente de Milton Giménez provocó la anulación del tanto del delantero.
El Millo presentó un equipo con pocos titulares ya que el martes define la serie de cuartos de la Libertadores con Colo Colo de Chile. La apuesta del Muñeco le dio rédito. Sin ser superior, River se fue al descanso con lo justo. Gallardo plantó una línea de cinco en el fondo con la intención de salir rápido de contra. Boca nunca le encontró la vuelta el esquema del Millo. Flojito Pol Fernández en el medio y poca abastecida la dupla uruguaya que forman Cavani y Merentiel.
Apenas una atajada de Armani ante un disparo de Merentiel ingresando por derecha. Poco, muy poco para un equipo que juega de local y que precisa sumar para no perder el tren del lote de arriba. Y en un momento la gente le hizo sentir al elenco de Diego Martínez la necesidad de un triunfo.
River aprovechó su momento y fue efectivo. Pelotazo al voleo de Armani, Lanzini le ganó la posición a Miramón y abrió para Colidio, que con una amague simple dejó sin cadera a Lema. El remate del ex Tigre encontró un rebote frágil de Chiquito Romero y Lanzini, un especialista en la Bombonera, marcó el tanto del Millo con un toque sútil.
De ahí en más el partido se jugó al ritmo de River. Boca entró en la desesperacoión total. Sin ideas, sin dinámica y dependiendo de que algún centro de Blanco encuentre una cabeza de un compañero.
El segundo tiempo arrancó a pura fricción. Fonseca de River y Rojo de Boca vieron la amarilla por una falta calcada antes de los diez minutos.
Boca entendió que tenía que atacar y fue levemente superior a River en el complemento. Pero no lo suficiente para empatar el partido. Sí tuvo chances. Un disparo de Advíncula que pegó en el travesaño y un cruce clave de Armani ante la atropellada de Zeballos.
River hizo su partido. Incluso, cuando Boca estaba desesperado por la igualdad, encontró especios para la contra. Pero siempre el último paso fue errático.
Los minutos pasaron, se jugaron siete de adicional y Boca nunca pudo ante el cerrojo de River en defensa. Nicolás Ramírez, de flojito arbitraje, pitó el final y fue alegría millonaria y tristeza xeneize en una tarde de sábado superclásica.
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