Tras el inicio de la demolición de los antiguos silos abandonados desde finales de los 90, avanza el megaproyecto residencial y corporativo desarrollado por Obring y Sancor Seguros. Será el segundo rascacielos más alto del país
La demolición de los silos denominados ex Unidad 1, sobre la costa rosarina, llaman la atención de transeúntes de la zona de Puerto Norte. Un robot se encarga de a poco de tirar abajo la parte superior de la infraestructura de cemento que es imposible mantener para un rediseño de uso, por el riesgo de colapso. Las empresas Obring y Sancor Seguros desembarcaron en la superficie donde se erigen, hasta ahora, esas moles: son casi 1.8 hectáreas en las que se levantará una torre de 200 metros de altura y 65 pisos. Será la más alta de la ciudad y la segunda a nivel nacional.
El emprendimiento está a cargo de Pablo Gagliardo, integrante de Obring y de Gagliardo Arquitectura. El rasgo saliente de la propuesta no es solo la escala edilicia. El 90% de la parcela quedará para uso público, convertida en un gran parque de acceso directo sobre la barranca del Paraná.
Las tareas comenzaron hace unpoco más de un mes y avanzan sobre construcciones secundarias y anexos levantados con el correr de las décadas. La mayor complejidad técnica radica en el retiro de las estructuras profundas y los propios silos.
«Es un trabajo bastante delicado, porque son estructuras obsoletas que no se usan desde el ’98. Los túneles que tiene son enormes: hay más abajo de lo que se elevado sobre el nivel del piso. Tenemos planos viejos que no están al día, por lo que es una demolición delicada y atenta a las vibraciones», repasó Pablo la complejidad de la tarea.
Para la extracción de las partes más comprometidas se implementa tecnología robotizada que proveen empresas especializadas. Y eso se completa con la remoción manual de estructuras de hormigón. El cálculo es que la limpieza de la superficie demandará dos meses. Pero las intervenciones en el subsuelo llevarán entre cuatro y seis meses. «Tenemos que sacar todos los agregados, como casillas de distintas épocas o estructuras de hormigón», contó.
A diferencia de los desarrollos tradicionales, en las que se prioriza la mayor ocupación de suelo, Gagliardo explicó que el proyecto busca concentrar la superficie vendible en una planta cuadrada de 30 x 30 metros. Esta decisión libera más de 17.000 metros cuadrados, que serán espacios verdes.
«Buscamos la máxima altura con la mínima ocupación», resume Gagliardo. «Dejar el 10% para la torre y que el resto del terreno sea de uso público fue una propuesta nuestra. Un terreno que siempre fue privado ahora estará abierto a la ciudad: bajás de la torre y estás en la plaza, en plena barranca», insistió.
El diseño de la torre contempla un esquema de usos mixtos: viviendas residenciales en la mayor parte de los 65 niveles. Oficinas corporativas y, en la base de la torre, locales comerciales.
Los subsuelos de la torre serán de cocheras y si bien aún no está completamente finalizados los renders, también contempla una guardería náutica, amarras y áreas de amenities.
Por la altura y su esbeltez —con una proporción morfológica de 1 en 7— el proyecto exigió parámetros de ingeniería inéditos para la región, por la geometría de la estructura.
«Cuando entrás en escala de rascacielos tenés otros requerimientos. El proyecto pasa por estudios de túnel de viento muy minuciosos que no se hacen acá, sino en países como Canadá, Estados Unidos o Australia», explicó sobre uno de los parámetros de cálculo que se vuelven relevantes en construcciones de tamaña altura.
Respecto a los plazos, se prevé una ejecución de obra de cinco años una vez iniciada la fase de edificación. Con la mirada puesta en la evolución del mercado inmobiliario y los costos de construcción, los desarrolladores prevén un horizonte hacia 2027 para dar comienzo a la etapa formal de comercialización y edificación del gigante de 200 metros.
“Es un desafío enorme, un parque abierto a la ciudad y por escala de la torre, es arquitectura, ingeniería, emprendimiento”, enfatizó Glagliardo.
La ex Unidad 1 de Puerto Norte en Rosario fue una histórica terminal portuaria y de almacenamiento de granos perteneciente a la ex Federación de Cooperativas Argentinas (FACA). Fue un nodo clave para el comercio y la exportación de cereales.
Funcionó como planta de acopio y despacho de granos, representando los primeros años de la agroexportación y el movimiento cooperativo (FACA y AFA) en la costa del Paraná.
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