La verbalización del dolor y de la felicidad, se evidenció que se trata de una masa con cantera. En las arengas obituarias ricoteras, se proclamaban mitos: Perón, Néstor, Maradona y Cristina. Probablemente aquellos que propiciaron un cachito más de esa felicidad tan breve.
Opinión sobre el Indio Solari
Por Luciano Tamous
Hace muchos años comencé a leer Crimen y Castigo. A las pocas páginas sentí la afrenta. Leí sobre la existencia de los sombreros de Zimmerman, dando por sobreentendido que los sombreros de Zimmerman eran los sombreros de Zimmerman y nadie tenía la obligación de decirle a un rosarino piojoso que pretendía leer Crimen y Castigo. Es por eso, que dejé de leerlo. Con el tiempo, retomé la lectura, sintiendo una suerte de reconciliación con Dostoievski. Me admitía como lector de su novela. Los sombreros de Zimmerman, tenían una significación de clase. Un atavío que referenciaba a un poder social, entre medio de tanta pobreza y decadencia.
Con el Indio Solari, me pasó lo mismo: su poesía me impedía acercarme. Algunos versos, algunas aseveraciones que me parecieron acertadas. Siempre me pareció una música que tenía el objetivo de llevar a alguien a bailar, a salir de un pozo, a ser feliz, pero no a ser feliz solo, sino con los otros. Los otros son distintos, pero nos iguala la felicidad, la necesidad de agradecer, de festejar.
Una multitud se reunió porque el Indio murió. Como si el lugar natural del pueblo fuese la calle, la plaza, el abrazo con el otro, con el desconocido. Me pregunté cuáles eran los sombreros de Zimmerman del Indio, pero seguramente él permitió a este rosarino piojoso meterse en su misa, rescatar con desesperación algunos versos, algunas sentencias certeras. Probablemente su poesía, se trate de un fluir de la conciencia o de la inconciencia, pero que es también el mismo fluir de los otros, de los que forman la patria. Es que hay gente que necesitó canciones para sus dolores y ahí estuvo el Indio, con su poesía que yo no entiendo. El arte conmueve cuando le hace bien a los otros, y da ganas que haga bien a uno mismo. Que necesitamos pertenecer a ese grupo de personas locas que se unen para festejar, para agradecer, para ser feliz juntas y para llorar y en todo eso descubrir que hay belleza en el hecho de ser humano.
La tristeza, el dolor, y paralelamente despedir al tipo que dio felicidad. ¿Cómo no recordarlo al artista que dio felicidad sin acordarse de esa felicidad? Por eso, se podía ver en la gente tristeza y felicidad al mismo tiempo, como si fueren hijos del arte. El arte combina la tristeza y la felicidad al mimo tiempo. La felicidad tiene más valor que la tristeza, porque la tristeza no tiene fin para los pueblos, la felicidad si, la felicidad es siempre breve.
La verbalización del dolor y de la felicidad, se evidenció que se trata de una masa con cantera. En las arengas obituarias ricoteras, se proclamaban mitos: Perón, Néstor, Maradona y Cristina. Probablemente aquellos que propiciaron un cachito más de esa felicidad tan breve.
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