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EPE: el consumo se duplicó pero hay 1.000 operarios menos

“Trabajamos bajo mucha presión”, advirtió Luz y Fuerza. Desde noviembre, en tres meses murieron tres operarios.

Las tres muertes de operarios del servicio eléctrico (uno empleado directo de la Empresa Provincial de la Energía y los otros dos trabajadores de distintas contratistas) que se dieron en los últimos tres meses causan “preocupación” en el Sindicato de Luz y Fuerza. Desde el gremio que los nuclea destacaron que en las últimas semanas los trabajadores se vienen desempeñando “bajo mucha presión” ante la gran demanda de los usuarios tras los cortes causados por los intensos temporales que se vienen sucediendo desde antes de Navidad. Y mencionaron que (pese a que en el último tiempo el plantel se amplió) la EPE cuenta hoy con 1.000 obreros menos que en la década del 80, cuando la demanda de energía en la provincia era la mitad que la actual.

La última muerte de la saga se dio este lunes, cuando un operario de una contratista trabajaba en la localidad de Zavalla, detrás de un lavadero de camiones ubicado sobre la ruta A012.

El trabajador, de 33 años, fue identificado como Francisco Ramón López. Según las primeras versiones, la víctima habría estado realizando trabajos en el tendido eléctrico luego de los inconvenientes generados por la última tormenta, y recibió una descarga que resultó fatal.

En tanto, el pasado viernes se produjo otro deceso, que tuvo como víctima a un hombre de 45 años identificado como Adrián Reynoso, quien se desempeñaba como jefe de trabajos en 33 kilovoltios de la sucursal San Lorenzo.

Allí la situación fue diferente. El operario se descompuso mientras realizaba maniobras finales en una estación transformadora de media tensión para reponer el servicio que estaba cortado desde la madrugada. Sus compañeros le efectuaron tareas de reanimación, pero no lo consiguieron.

Reynoso también estaba realizando tareas en el marco del plan de contingencia que puso en marcha la EPE en los departamentos que resultaron afectados por las tormentas.

Con todo, el primer caso se dio el 23 de noviembre pasado e involucró a Carlos Ramírez, operario de una contratista de la EPE, quien recibió una descarga de electricidad que lo mató en segundos. Tenía 60 años y se desempeñaba en Juan XXIII al 5900, a metros de avenida Rouillón, en la zona sudoeste de Rosario.

Los casos causaron conmoción y preocupación en el Sindicato de Luz Fuerza local. Alberto Botto, el secretario General del gremio, pidió ayer “no hacer declaraciones apresuradas” sobre los hechos (en especial en torno a los últimos dos) y “aguardar las pericias”.

“Estas situaciones caen muy mal a los compañeros. Hay familias destrozadas, por eso hay que ser muy respetuosos. Habrá que esperar y ver qué sucede con las investigaciones judiciales que están en curso”, señaló.

El dirigente gremial agregó que en esta época del año, donde el consumo de energía crece y suelen darse más cortes, “hay una presión extra sobre los trabajadores”.

“Acá ha habido una serie de hechos que nos preocupan sobremanera y queremos evitar que sigan sucediendo. La capacitación de los operarios está, y los elementos de trabajo también. Evidentemente el factor climatológico exige un esfuerzo extra. Y en una actividad riesgosa como la nuestra se generan este tipo de accidentes producto de la vocación de servicio. Se trata de reponer la energía lo más pronto posible para que la gente sufra lo menos que se pueda. Por eso le pedimos siempre a la población que tenga paciencia. Y, por supuesto, a los empleados que cuiden su integridad física”, manifestó Botto.

Tras eso, el gremialista entregó cifras que sorprenden. Durante los años 80 la EPE tenía una planta de 4.700 trabajadores, mientras que hoy (con una demanda de energía que se duplicó) cuenta con 3.700. La baja se da –agregó el titular de Luz y Fuerza Rosario– a pesar de que la planta permanente del personal se recompuso en el último tiempo. El dirigente adjudicó la caída a los tres grandes procesos de retiros voluntarios que se dieron en la década del 90 –coincidentes con el proyecto del gobierno de Carlos Reutemann de privatizar la empresa–, y a los 15 años que (también desde entonces) permaneció congelado el ingreso de nuevos operarios.

“Cuesta recomponer el plantel técnico. Esta baja hace también a la necesidad de contratar mano de obra que muchas veces no es calificada para determinado trabajo. Se necesita mucha capacitación para este oficio, algo que de hecho existe, pero que siempre ante este tipo de situaciones es insuficiente”, explicó Botto.

“En una profesión comprometida es imposible eliminar el riesgo. Pero se puede minimizar”, concluyó el sindicalista.

Reglas de seguridad bajo la lupa

Las autoridades de la Empresa Provincial de la Energía comprometieron que se “tomarán todas las medidas correctivas internas para profundizar los controles sobre la aplicación de las reglas de seguridad”, para evitar siniestros laborales en el sector. Hugo Ceré, responsable de Relaciones Institucionales de la compañía estatal, señaló que la muerte sucedida el lunes en Zavalla aún se está investigando.

“En los últimos meses crecieron mucho las operaciones en el tendido eléctrico. La empresa tiene unos 50 mil kilómetros de tendidos en redes de baja, media y alta tensión, y gran parte se encuentra en territorio que está bajo la emergencia hídrica”, explicó el directivo de la empresa.

Ceré destacó que en los protocolos de seguridad de la EPE se siguen las especificaciones mencionadas en “ley nacional 19.587, de operaciones y de higiene y seguridad”, y en ese sentido sostuvo que hay “cinco reglas de oro” que las cuadrillas deben seguir a rajatabla.

“Se van a realizar todos los peritajes para determinar dónde estuvo el error en una operación en la que no se cumplió alguna de las cinco reglas”, manifestó en torno al fallecimiento de Francisco Ramón López.

Las medidas a las que se refirió el ejecutivo conforman un procedimiento seguido por todas las compañías de electricidad del mundo para la protección de los trabajadores, y se resumen en el corte de tensión en el área de trabajo, la prevención de que se pueda reconectar, la verificación de que la corriente está interrumpida, la puesta a tierra para anticipar un accidente eléctrico y la señalización de seguridad en toda el área donde se realizan tareas.

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