El gobierno de Rousseff convocó al embajador de EE.UU. en protesta por nuevas revelaciones que surgen del espía arrepentido Snowden y que muestran que el NSA tenía acceso a comunicaciones de la presidenta y sus colaboradores.
Brasil, indignado, convocó ayer al embajador de Estados Unidos para protestar por la revelación de que Washington espió las comunicaciones de la presidenta Dilma Rousseff a pocos días de que ésta se encuentre esta semana con el presidente Barack Hussein Obama en la cumbre del G20 en San Petersburgo.
El canciller Luiz Alberto Figueiredo explicó ayer, en rueda de prensa, que exigió explicaciones al embajador de Estados Unidos en Brasil, Thomas Shannon, y que le trasmitió “la indignación del gobierno brasileño con estos hechos”.
“Manifesté que la violación de las comunicaciones de la presidenta es inadmisible, inaceptable y constituye una violación de la soberanía brasileña”, enfatizó el canciller.
Las denuncias divulgadas por TV Globo la noche del domingo hacen referencia a un documento de 2012 atribuido a la Agencia Nacional de Inteligencia (NSA por su sigla en inglés) que indicaría que habrían sido infiltradas comunicaciones de la presidenta Rousseff –y de asesores suyos– y también del mandatario mexicano Enrique Peña Nieto, entonces candidato presidencial.
El canciller dijo que espera que “esta semana” Estados Unidos dé por escrito una respuesta a las denuncias sobre el espionaje que habría sufrido Rousseff en sus teléfonos, computadoras y correo electrónico.
La presidenta Rousseff convocó a varios ministros para abordar el asunto, calificado como “inaceptable” por el titular de Justicia, José Eduardo Cardozo. Fueron convocados, entre otros, los ministros de Defensa, Celso Amorim; Exteriores, Figueiredo, y de Justicia, José Eduardo Cardozo.
“Estamos en una situación de emergencia a causa de esas denuncias de espionaje”, dijo el ministro de la Secretaría de la presidencia, Gilberto Carvalho, antes de la reunión y citado por el diario O Estado de Sao Paulo.
El Senado de Brasil prevé instalar hoy una comisión parlamentaria de investigación sobre las denuncias de espionaje estadounidense y la participación de empresas, informó la senadora Vanessa Grazziotin a la agencia oficial de la Cámara alta.
El presidente de la Comisión de Exteriores del Senado, Ricardo Ferraço, clasificó de “violencia inadmisible” el espionaje a la presidenta atribuido a EE.UU. y criticó “la falta de límites” de los norteamericanos.
También la comisión de Exteriores de Diputados indicó que llamará al ministro de Justicia a explicar las nuevas denuncias.
El reportaje de Globo divulgado contó con la coautoría del periodista del diario británico The Guardian Glenn Greenwald, quien reveló las denuncias de espionaje estadounidense en base a documentos filtrados por el exconsultor de inteligencia estadounidense Edward Snowden, asilado en Rusia. Greenwald vive en Brasil, y se reunió con Snowden.
Los documentos colocan a Brasil entre los países con dudas sobre su supuesta lealtad hacia Washington, y ponen en evidencia que los programas informáticos de espionaje revelados por Snowden llegaron hasta lo más alto del poder.
Según Greenwald, “ellos consideran a Brasil una amenaza porque ha ganado independencia y le disputa comercio mundial a Estados Unidos”.
Herida que vuelve a sangrar
El gobierno brasileño ya pidió explicaciones a Estados Unidos y había indicado que podría llevar el asunto a organismos internacionales, después de que el diario O Globo divulgara en julio pasado que Brasil formó parte de una red de 16 bases de espionaje operadas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos, que intervinieron millones de llamadas telefónicas y correos electrónicos.
El asunto fue tratado en la visita del secretario de estado estadounidense John Kerry, en agosto pasado, tras la cual Brasil dijo que las explicaciones no eran satisfactorias.
El ministro brasileño de Justicia viajó la semana pasada a Estados Unidos para tratar ese asunto de nuevo y allí se reunió entre otros con el vicepresidente Joe Biden. Cardozo informó que el gobierno de Estados Unidos rechazó una propuesta brasileña de negociar un acuerdo bilateral relativo a las actividades de espionaje, en una decisión que dejó sin efecto una tentativa de superar la “disconformidad” de Brasil.
La presidenta Dilma Rousseff está no sólo “indignada”, sino también “muy irritada”, según asesores del área diplomática, porque se siente “engañada” por el gobierno norteamericano.
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