El descubrimiento fue entre el Parque Nacional Nahuel Huapi y Vicente Pérez Rosales en Chile
Fuente, Río Negro
Las Ranitas de Darwin son una especie en peligro de extinción. Hace años no se tenía registro de su presencia en la Patagonia argentina y chilena, donde habitan, menos en un contexto en el que la región se encuentra sacudida por un gran incendio que consumió miles de hectáreas. A pesar de esto y por sorpresa, un descubrimiento reavivó la esperanza de este anfibio.
Casi 1 millón de hectáreas de ambientes naturales ininterrumpidos por selvas abarcan en conjunto los Parques Nacionales Nahuel Huapi y Vicente Pérez Rosales. Estos se encuentran divididos solamente por la frontera que separa Chile de Argentina en la Patagonia Norte.
Allí, en la zona de Ensenada en la Región de Los Lagos de Chile, a solo metros del Lago Llanquihue, una nueva población de Ranita de Darwin fue descubierta. Se trató de 68 ejemplares que se encontraron durante una jornada de capacitación binacional entre guardaparques de ambos paises en la que participaron especialistas de la ONG Ranita de Darwin.
Fue posible gracias a la colaboración binacional enmarcada en el convenio Parques Conjuntos, que promueve el intercambio de experiencias entre las áreas protegidas de Argentina y Chile.
“Nuestro compromiso es centrar todos nuestros esfuerzos en realizar un monitoreo a largo plazo de las poblaciones de ranita de Darwin identificadas al interior del área protegida; desarrollando estrategias efectivas para su conservación y la mitigación de sus amenazas”, destacó Alexis Gajardo Rivas, guardaparque del Parque Nacional Vicente Pérez Rosales.
La Ranita de Darwin, fue descubierta por Charles Darwin en 1834. Es un pequeño anfibio de apenas 3 centímetros.
Se encuentra únicamente en Argentina y Chile, y no sólo es llamativa por su aspecto particular con la presencia de un apéndice carnoso que parece una pequeña “nariz” y por su coloración que la camufla a la perfección con su entorno. Especialistas explicaron que tiene un modo de reproducción único llamado ‘neomelia’, donde los machos incuban los huevos en su saco bucal.
Este diminuto y carismático anfibio habita la zona, pero lamentablemente no había sido observado desde hace varios años en esta extensa área. Su población ha disminuido drásticamente debido a la destrucción del bosque nativo y la amenaza de la quitridiomicosis, una enfermedad que afecta a los anfibios a nivel global.
Así, lo importante de este descubrimiento es que los datos que surgen del chequeo detallado de las ranitas para evaluar su estado de salud y diversidad genética serán clave para diseñar estrategias de conservación a largo plazo.
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