Categorías: PolíticaSociedad

Fingir demencia: el meme que describe cómo llegamos a fin de año en la era Milei

Despidos, cierre de fábricas, ajustes, reforma laboral. Mientras tanto, pan dulce y casi 40 grados de térmica. Fingimos demencia y seguimos para adelante. La frase ya no es solo meme. Describe un estilo de vida colectivo cada vez más frecuente. La psicológa Marisa Germain analiza las causas y las posibles respuestas ante un fenónemo que crece en occidente

Fin de año en la era Milei. Despidos, cierre de fábricas, ajustes, reforma laboral. Mientras tanto, pan dulce y casi 40 grados de térmica. Fingimos demencia y seguimos para adelante. La frase ya no es solo meme. Describe un estilo de vida colectivo cada vez más frecuente. 

Para la psicóloga Marisa Germain el fin de año se vivió en una especie de “disimulo”. “Hacer como si nada pasara, un fingimiento de que no está pasando lo que está pasando. Fingir que lo que está allí no está y hay otra cosa. Similar a la psicosis, es aceptar la propia alucinación y vivirla. Lo que ocurre afuera no ocurre, eso que veo no es fuego, sino que es un espectáculo de luz y sonido que el algoritmo confirma”, explicó. 

Este mecanismo produce una fractura psíquica hacia dentro que alcanza a los individuos pero que no se plasma en lo colectivo: “Cada vez se ve más gente rota, sobre todo de la pandemia para acá. Aumentan las tasas de suicidio y los problemas de salud mental aunque no se toma nota colectivamente de la gravedad”.

“¿Por qué no hay una respuesta colectiva, una capacidad de reacción crítica o de organizarse frente a situaciones como los despidos masivos o baja de salarios?”, preguntó Germain. Según advirtió, la falta de reacción colectiva frente a situaciones de desamparo, despidos, ajustes y medidas que atenten contra el bienestar social se explica, en parte, porque las personas dejaron de percibir una realidad común ante el aumento del uso de la tecnología y la virtualidad en la vida cotidiana. “Deberíamos tener capacidad de percibir peligros y reaccionar ante eso -y aunque en algunos lugares de Europa comienzan a aparecer huelgas generales- la falta de organización tiene que ver con una imposibilidad de acordar con otros cómo es el mundo, aún en grupos pequeños, lo que desactiva el sistema de alarma”, explicó.

“El último gran riesgo fue en los 60. Había una alarma general, donde se construían bunkers y había un registro del peligro colectivo. Hoy todos amenazan con el uso de armas nucleares y no hay registro colectivo del peligro. Tampoco hay primeras planas en los medios alertando sobre el riesgo”, advirtió.

Germain explica que vivimos en universos paralelos, entre el mundo real y el que percibimos a través de las redes sociales, donde cada individuo experimenta una realidad propia en detrimento de una colectiva. “El peso de los algoritmos -que muestran solo una faceta del universo- generan un efecto disociativo que desmontó con efectos de largo plazo la percepción de una realidad compartida. Se conforman grupos, cada uno con una visión parcial del mundo, que es constantemente refrendada por estímulos externos que validan esa parcialidad. Desde una perspectiva psicoanalítica, esos estímulos que llegan a través de la vida virtual no encuentran desmentida en las interacciones reales”, explicó y ejemplificó: “El mundo virtual te dice que Argentina crece pero salgo a la calle y veo que en algunas esquinas de mi barrio hay gente durmiendo. Ese elemento de la realidad no cuestiona la creencia impuesta por los estímulos digitales. Esto tiene que ver con transformaciones globales del siglo. Vivimos en universos paralelos, aunque coexistimos en el mismo espacio”. 

Para la psicóloga estos efectos se refuerzan de manera constante y ya no alcanza con el concepto de “fake news”. Se trata de “la fabricación de realidades ad hoc”, un efecto global del desarrollo tecnológico en Occidente. 

Regreso a la lógica medieval

La existencia de universos paralelos genera una especie de psicosis colectiva y un regreso a la lógica medieval. El otro virtual no se percibe como un par, sino como un enemigo a atacar y cualquier discurso contrario a la propia percepción del mundo es desmentido como si fuera portador del mal. 

“Aquello que muestra una realidad distinta representa el mal o el demonio. El portador de un dato de que la realidad que no es como se me presenta aparece como un portador del demonio. Se instala un antagonismo radical entre bien y mal que no tiene el formato moderno del debate de argumento”, explicó Germain y agregó: “La interacción cara a cara vuelve al otro un igual, la mediación de la virtualidad en las relaciones permite volver al otro no un congénere sino un blanco. La mayor parte de nuestras interacciones están mediadas por la virtualidad. El otro es un objeto”.

Esto fomenta los discursos de odio hacia quienes piensan distinto porque se perdió una visión compartida del mundo donde las personas sean capaces de discernir lo verosímil de lo real. 

“Un psicótico ve un jardín donde hay una ventana y salta. Si estamos en una psicosis colectiva hay consecuencias en el piso elemental a partir del cual es posible una convivencia en comunidad. No es casual que las sociedades están al borde de confrontaciones agudas y extremas. Se radicalizan las posiciones y la gente se enfrenta de modo brutal”, agregó.

El crecimiento de los discursos de odio, de las grietas y los enfrentamientos tiene que ver con la ruptura de lazos sociales ante la falta de un sistema en común. “El lazo social requiere un lenguaje común, un repertorio de representaciones compartidas sobre el mundo y un principio de validación de qué es verdadero y falso. Ese piso hoy se está desfondando. El resultado es un colectivo que no se puede poner de acuerdo sobre qué es real”, explicó.

Ni verdadero ni falso

Germain habla de “un regreso a una lógica religiosa”, donde “no hay un principio sobre la posibilidad de validar la verdad”. “Se perdieron los procedimientos comunes para decir qué es verdadero y falso. No es casual que las instituciones científicas hayan sido cuestionadas por discursos que circulan de otra manera. Cualquier impugnación es posible y aceptable”, señaló.

Germain explicó que los principios de fiabilidad basados en el tradicional “ver para creer” o en el testimonio del testigo ya no existen porque lo que se ve puede ser fabricado. “La lógica del meme invadió el funcionamiento social, todo bordea el ridículo, el chiste y vuelve imposible saber qué de lo verosímil es verdad”, agregó.

Este estado de situación se debe a la transformación de nuestro sistema de conocimientos y nuestros esquemas de pensamiento ante la materialidad de nuestras prácticas y tecnologías. “En la medida en que las prácticas cambian, nuestro cerebro también lo hace. Nuestros esquemas de pensamiento se adaptan a las mutaciones técnicas. La pandemia fue un catalizador porque la virtualidad penetró con fuerza superior”, agregó.

Repensar las instituciones

Para la psicóloga es preocupante la potencia que la ultraderecha tuvo para señalar lo obvio: que las instituciones ya no van más. “Lo dicen respecto del Estado y de la ciencia. Proponen prenderle fuego a todo y francamente no me gusta como salida. Pero si la representación ya no funciona, porque un diputado se da vuelta o cambia de partido, tenemos que pensar una alternativa. Lo venimos diciendo hace tiempo pero no se ha producido ni el más mínimo vestigio de cambio, no tenemos ninguna propuesta para eso”, analizó.

La lógica de enfrentamiento que propone el presidente Milei está anclada en la reivindicación del pasado y prospera porque no hay una propuesta enfrente. “No hay construcción de una alternativa. Ni siquiera aparece un “que se vayan todos” como en 2001 porque Milei tomó ese discurso”, explicó. 

Como salida a la situación Germain propone redefinir las instituciones con las que vivíamos colectivamente y proponer otras formas de organización. “Los sectores que venimos de la tradición moderna progresista tenemos que ser capaces de decir que las instituciones murieron y que hay que pensar instituciones nuevas y armados colectivos nuevos. El parlamento, los diputados, la división de poderes fue pensada como una innovación frente al cambio que implicaba la sociedad industrial que vino tras la era medieval. La actual ya no es la sociedad moderna, hay que pensar otras instituciones”, señaló, y destacó la necesidad de “recuperar cierta capacidad creativa y utópica para pensar cómo nos organizamos por fuera del andamiaje”.

Entradas recientes

La doble vara de Bullrich: defendió su participación en la marcha contra Maduro y justificó el protocolo antipiquete contra los jubilados

La ex ministra de Seguridad acuñó su propio protocolo para reprimir marchas populares, pero parece…

enero 6, 2026

La despectiva frase de Trump sobre los manifestantes que apoyan a Maduro: «Son los más feos que vi en la vida»

Tras la captura del líder chavista, el presidente de Estados Unidos apuntó contra quienes protestaron…

enero 6, 2026

El Antonio Di Giácomo, estadio de Unión de Arroyo Seco, será la casa del Leones de Messi para hacer de local por la Primera C

La cancha del Panza fue la elegida por la dirigencia del elenco debutante en los…

enero 6, 2026

Desesperada búsqueda de un joven que desapareció en el río Paraná a la altura de Puerto General San Martín

El adolescente de 16 años estaba con un grupo de amigos cuando desapareció en las…

enero 6, 2026

Alerta nacional: piden colaboración para dar con el autor del violento ataque a la empleada de una mueblería en Echesortu

El fiscal Ramiro González Raggio confirmó en conferencia de prensa que el sospechoso es Josué…

enero 6, 2026

Panorama auriazul: miércoles clave para la llegada de Pizarro

Durante la jornada habrá reunión del directorio de la empresa que gerencia Colo-Colo para analizar…

enero 6, 2026