El médico gastroenterólogo y hepatólogo, Hugo Tanno, pasó por Al Gran Pueblo Argentino y repasó la evolución de las hepatitis virales, los avances científicos que transformaron el tratamiento y la importancia de incorporar, al menos una vez en la vida, el test para hepatitis C.
La hepatitis C es una de las enfermedades que mejor refleja cómo la investigación científica puede cambiar el rumbo de la medicina. Así lo explicó el reconocido gastroenterólogo y hepatólogo Hugo Tanno, quien visitó Al Gran Pueblo Argentino, el programa de ciencia, salud, deportes y ambiente que se emite todos los miércoles de 11 a 12 por el canal de YouTube de El Ciudadano.
Durante la entrevista, el especialista recordó que recién en la década de 1990 se logró identificar el virus de la hepatitis C. «Lo más interesante es que es una enfermedad asintomática. Frecuentemente, muchos de los pacientes que se infectan no saben que están infectados», señaló. Si el organismo no elimina el virus durante los primeros meses de la infección, la enfermedad puede cronificarse y, con el paso del tiempo, evolucionar hacia una cirrosis.
Tanno remarcó que hoy existen pruebas diagnósticas sencillas y accesibles que permiten detectar la infección antes de que aparezcan complicaciones. En ese sentido, sostuvo que quienes nunca se realizaron el estudio deberían incorporarlo «al menos una vez» como parte de sus controles de salud. Aunque pueden aparecer signos como ictericia, decaimiento u orina oscura, aclaró que no son exclusivos de la hepatitis C y muchas veces pasan inadvertidos.
Uno de los mayores avances llegó de la mano del tratamiento. El médico recordó que las primeras terapias se extendían durante un año, tenían efectos adversos muy importantes y apenas alcanzaban una tasa de curación cercana al 40%. En cambio, los medicamentos actuales permiten eliminar el virus en apenas ocho a doce semanas, con porcentajes de éxito muy elevados. Como ejemplo mencionó el caso de Edith Michelotti, actual presidenta de la Asociación Hepatitis Rosario, quien atravesó los antiguos tratamientos y luego pudo acceder a las nuevas terapias.
El especialista también alertó sobre las poblaciones con mayor vulnerabilidad frente a esta infección. Explicó que hoy los contagios se concentran principalmente entre personas en situación de calle con consumos problemáticos y en contextos de encierro, donde el uso compartido de agujas representa uno de los principales mecanismos de transmisión. En cambio, destacó que el riesgo ocupacional en el personal de salud disminuyó notablemente gracias al uso sistemático de material descartable, un logro conseguido a partir de la prevención de transmisión de VIH.
El rol de las vacunas
Durante la charla, Tanno repasó además el enorme impacto que tuvieron las vacunas sobre otras hepatitis virales. Recordó que la hepatitis B cuenta desde hace décadas con inmunización, incorporada al calendario nacional, mientras que la vacunación temprana contra la hepatitis A logró un cambio histórico en Argentina. «En el Hospital Centenario el año pasado vi un solo caso de hepatitis A y era una persona que venía del exterior, no vacunada», ejemplificó, al destacar que la estrategia de vacunar a todos los niños al año de vida prácticamente eliminó la circulación del virus en el país. Hepatitis no virales y el peligro de la automedicación
Por otra parte, el médico advirtió que no todas las hepatitis son de origen viral. El consumo excesivo de medicamentos y la automedicación también pueden provocar lesiones hepáticas importantes. En ese sentido, señaló que dosis muy elevadas de paracetamol pueden ocasionar insuficiencia hepática grave y que fármacos como el diclofenac figuran entre los que con mayor frecuencia producen hepatitis, especialmente cuando se combinan con otras enfermedades o múltiples tratamientos.
Finalmente, Tanno subrayó que los avances alcanzados en las últimas décadas fueron posibles gracias a la investigación científica.